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“Marx ha vuelto”, nueva miniserie argentina que causa sensación

By: Belén Marty - @belenmarty - Jun 24, 2014, 9:03 am

Argentina no para de sorprenderme. Es increíble. El colectivo audiovisual Contraimagen, junto a la producción de Tvpts (el canal del Partido de los Trabajadores Socialistas) crearon una mini serie llamada “Marx ha vuelto” que está haciendo furor en las redes sociales. Ya ha acumulado, en sus diferentes plataformas, más de 280 mil visitas. Su guión está basado nada más y nada menos que en el Manifiesto Comunista de Carlos Marx.

“Nosotros decimos que esta ficción, en un sentido, también documenta la realidad actual de la Argentina, porque hay muchos trabajadores a los que les está sucediendo lo que acontece en la miniserie y que se acercan a ideas de izquierda leyendo el `Manifiesto` y empezando a construir una visión más de conjunto de la situación”, expresó Javier Gabino, responsable de la edición de la serie.

Basándonos en el pensamiento y herencia de Ludwig von Mises, la imposibilidad del cálculo económico del comunismo no hace otra cosa que eliminar los precios, y sin eso el sistema económico no existe. ¿Cómo podríamos tomar decisiones sin un mercado? ¿Se imaginan un mundo sin precios?

El precio es el resultado de miles de decisiones, del conocimiento disperso y limitado de las personas que interactúan día a día y que tienen cada una de ellas valoraciones subjetivas para cada bien o servicio.

Pienso y me imagino a un funcionario del gobierno bajo el sistema comunista —previo a la destrucción del Estado para llegar a la utopía comunista. Cierro los ojos y me imagino ahora a un grupo de funcionarios sentados en una mesa rodonda decidiendo cuantos zapatos producir en la fábricas. O pensando y planificando cuál es la cantidad óptima de casas a construir. O cuántas patatas o tomates sembrar. Y la cantidad óptima de chocolate para cada ciudadano (cualquier semejanza con la ración de chocolate de la novela 1984 es pura casualidad).

Por suerte no me tocó vivir la hambruna de la Unión Soviética, ni el experimento de Angola, ni la homofóbica Cuba, ni siquiera sufrí la mandatoria inscripción al servicio militar norcoreano.

Según El libro negro del comunismo, el experimento comunista dejó 100 millones de muertos. Más de la mitad murió en China a consecuencia del paso de la Revolución Cultural maoísta.

Más allá de todo esto y de que el comunismo ha probado el gusto de su fracaso en diferentes momentos históricos y en distintas ubicaciones geográficas, el vídeo deja entrever una relación injusta —casi un cliché— entre el patrón (explotador) y el empleado (explotado).

No es mi intención armar una defensa del más salvaje capitalismo —aunque lo haría con inmensa felicidad— porque requiere más que un simple post en un blog, pero sí generar conciencia del simbolismo que existe detrás de esta miniserie.

La batalla cultural comunista sigue firme. No entiende que el éxito de las sociedades se basa en el derecho irrestricto de la propiedad privada, en crear condiciones acordes para que se cree la riqueza. Y que las relaciones economómicas entre los individuos no son un juego suma de cero: Yo gano porque vos también ganás.

Mientras esto siga sucediendo, temo que se seguirán produciendo más y más capítulos de esta miniserie que hace apología de una ideología que apabulla al individuo hasta hacerlo parte de una masa colectiva.

Belén Marty Belén Marty

Periodista nacida en Buenos Aires. Vivió en Guatemala, Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos y Jordania. Actualmente está cursando una maestría en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Ferviente defensora de la libertad. Síguela en Twitter: @BelenMarty.

El oportunismo descarado arruina la belleza del fútbol en Brasil

By: Escritor Invitado - Jun 24, 2014, 8:38 am
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EnglishPor Eduardo Britto El mundo conoce muy bien la pasión de los brasileños por el fútbol. El deporte no solo es el pasatiempo nacional de mi país, es nuestro orgullo internacional. La selección brasileña de fútbol ha ganado más Copas del Mundo que cualquier otro país en la historia de la FIFA, lo que llevaría a esperar que los brasileños estuviesen extasiados de que nuestra nación sea la sede de los juegos por primera vez desde 1950. Pero la realidad es que con el torneo entrando en su segunda vuelta, en mi país reina un ambiente de decepción, tristeza, ira y rebelión. En un país donde más de 50.000 personas son asesinadas cada año, donde la gente muere esperando por un turno para ser atendido en un hospital público, y donde la calidad de la educación pública es una de las peores en el planeta, no es razonable esperar que la gente se olvide de todos estos temas para celebrar un evento deportivo. El gobierno brasileño gastó US$11,3 mil millones para albergar la Copa Mundial —la suma más grande en la historia del torneo— a pesar del hecho de que los brasileños viven en un caos indescriptible. Como resultado, cientos de miles de brasileños han salido a la calle en los últimos meses para protestar contra el evento. Es cierto que la mayor parte de las manifestaciones no han tenido una agenda clara, que es bastante comprensible, teniendo en cuenta el tamaño del despilfarro en el que se ha incurrido con el torneo. Es difícil para los manifestantes determinar lo que deberían favorecer o rechazar dado lo poco receptivo que ha sido el gobierno, que ha empujado la idea de celebrar la Copa Mundial durante los últimos años en contra de la voluntad del pueblo. Muchos están pidiendo mejoras en la infraestructura, los servicios sanitarios, la educación, la seguridad, el transporte y la transparencia del gobierno. Sin embargo, los problemas de Brasil son tan numerosos que la mayoría de los ciudadanos están desesperados por conseguir cualquier tipo de cambio. Los brasileños están indignados de que nuestro deporte nacional esté siendo manipulado con una jugada política. El Partido de los Trabajadores, que está actualmente en el gobierno, está utilizando la Copa del Mundo como una oportunidad para transmitir una buena imagen de Brasil a nivel internacional y conseguir apoyo doméstico para las próximas elecciones de octubre. Afortunadamente, las protestas masivas comprueban contundentemente que los brasileños entiende muy bien las verdaderas intenciones del gobierno. A pesar de la imagen romántica que el Partido de los Trabajadores está proyectando para la comunidad internacional sobre el crecimiento de Brasil, el crecimiento del PIB de mi país se ha desplomado en los últimos años, de 7,5% en 2010 a 0,9% en 2012. La producción industrial también se ha contraído fuertemente. En diciembre pasado, Brasil experimentó la mayor contracción desde la crisis financiera mundial de 2008. A pesar de que durante los 12 años que ha estado en el poder el Partido de los Trabajadores ha liderado al país durante algunos de los más fuertes brotes de crecimiento de su historia moderna, la costosísima Copa Mundial puede no ser suficiente para aplacar a la gente de cara a las elecciones de octubre. Y lo que es aun más escandaloso, el gobierno ha cedido a las demandas indignantes que la FIFA impone como condición para ser sede de los juegos. Incluso llegó al extremo de desalojar a más de 250.000 personas de sus hogares para dar paso a nuevos estadios y obras públicas relacionadas con la Copa del Mundo. A muchas de estas familias no se les dio ningún aviso previo ni ninguna compensación por la destrucción de sus hogares, aplastando el espíritu de personas que luchan por sobrevivir en un entorno plagado de miseria que ya de por sí representa un grave obstáculo. Con esta realidad en mente, es tristemente comprensible que los brasileños, que son conocidos por su afición al fútbol, ​​sean tan pesimistas sobre la Copa del Mundo. El deporte que tantos brasileños adoran como una religión de repente se ha visto opacado a causa de la incompetencia del gobierno y su falta de empatía hacia las necesidades del pueblo. Es una tragedia colosal, no sólo en cuanto a política exterior, sino también en cuanto al patrimonio nacional del pueblo brasileño. Eduardo Britto es estudiante de Derecho en la Universidad Federal de Río de Janeiro. Traducido por Alan Furth.

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