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Ana Olema, la cubana que caminó ocho países en busca de Libertad

By: Belén Marty - @belenmarty - Mar 4, 2015, 1:42 pm

EnglishAna Olema es artista visual, activista social en defensa de los derechos humanos, y una migrante. Es un cóctel de experiencias y la confirmación de que ella es, sin lugar a dudas, una sobreviviente. Sus gestos, ropa, peinado, su acento al hablar, y su semántica, son una perfecta muestra del Caribe.

En cinco meses de travesía, Olema se enfrentó a la arbitrariedad y la corrupción de los cuerpos de seguridad latinoamericanos (Facebook Ana Olema)
En cinco meses de travesía, Olema se enfrentó a la arbitrariedad y la corrupción de los cuerpos de seguridad latinoamericanos. (Facebook Ana Olema)

Pero ella, sin embargo, se define como “una ciudadana del mundo y una cubana”. Esa dualidad la explica de manera muy simple: “los cubanos nos aferramos a la ciudadanía por una razón de resistencia”. Recuerda que “el que se iba del país fue considerado un traidor por mucho tiempo, y esa proyección psicológica persiste hasta la actualidad”.

PanAm Post conversó con la multifacética Olema sobre sus casi seis meses de viaje —aunque la palabra quede corta— desde Quito, Ecuador, hasta la frontera de Matamoros, México, con Brownsville, Estados Unidos. Un recorrido que hizo sin papeles de viaje, ya que en todos los países pasó encubierta por no poder cumplir los requerimientos de visa para los cubanos.

Nos habló de coyotes, de guerrilla, del Ejército, de robos, abusos, y hasta de dormir con un arma en la mano. Como ella, entre 2010 y 2014, 53.423 cubanos cruzaron la frontera sur de Estados Unidos para residenciarse en el país. Y la cifra parece ir en aumento: solo en el último trimestre de 2014 entró por esa vía el 37% de los cubanos que ingresó al país en todo el año fiscal anterior.

El comienzo de un viaje interminable

“Yo entraba y salía de Cuba por el arte. Había tenido la experiencia de salir de Cuba. Cada vez menos, a medida que crecía mi activismo”, señala Olema; pero aclara que lo hacía por sus propios medios, “no porque recibía algo del régimen”.

Su novio en aquel entonces intentó escapar por quinta vez de Cuba en balsa pero lo atraparon y lo multaron. “Además lo acusaron de algo incorrecto, porque todos sabemos que en Cuba no funciona el sistema legal”. Luego se complicó la situación de su pareja, y con una alta probabilidad de que fuera preso, les surge a ambos la posibilidad de volar a Ecuador a grabar un disco de rap.

En abril de 2012, luego de varios meses en Ecuador, ella y su novio decidieron emprender el largo camino hacia Estados Unidos. “Es una experiencia que me cambió la vida y que me conectó con Latinoamérica”, relata.

La travesía Ecuador-México

“El viaje entre Ecuador y Colombia lo hicimos en un taxi”. Cada uno pagó US$50 al conductor y cruzaron agachados y escondidos en un auto a territorio colombiano. De la estación de bus cerca de la frontera viajaron a la ciudad de Cali.

Allí dio charlas y una conferencia en una universidad local, pero su preocupación se centraba en cómo atravesarían el territorio colombiano que era “bien peligroso” sin papeles.

Cubanos y otros migrantes le fueron pasando la información de por qué frontera debían ir pasando, qué bus tomar o a qué coyote contratar. Es una información que se pasa de boca en boca. “Hay una red armada actualmente que transfiere el conocimiento de unos a otros”.

Existen tres formas de cruzar a Panamá desde Colombia. Por mar, por tierra, o por avión. Sin embargo, para aquellos migrantes sin documentos, solo quedan dos vías, por velero, vía las islas San Blas, o vía terrestre cruzando la selva del Darién.

La pareja decide ir por mar. Para ello se encuentran con la persona que los cruzaría por barco a Panamá. “Esperábamos, pero el velero no llegaba y viene esa persona y nos dice que deberíamos irnos por tierra porque quien estaba a cargo se iba a demorar mucho”.

Con solo una mochila a cuestas (con un par de libros y una computadora) se metieron a campo travieso con rumbo al norte para cruzar la “Montaña del Tigre”. Se vieron de pronto en un grupo de 40 personas. “Éramos siete cubanos, otros de Nepal y el resto somalíes”.

Ella la define como “la ruta de la guerrilla”. Describió a ese trayecto como el lugar donde ves “lo peor y lo mejor del ser humano”. Era todo supervivencia: “cambiamos toda la ropa por un dulce o un poco de leche”. Con un imparable ritmo, la joven cubana cuenta que le pasó “hasta una pantera por al lado”.

“Horas antes de que nosotros llegáramos a la frontera panameña la guerrilla había violado a todas las mujeres, inclusive a las embarazadas y a algunos hombres según pudimos constatar”.

Continúa su relato. Deciden encarar desde allí el viaje a Ciudad de Panamá. “Mi novio llegó con un short sin camisa y yo con un short pequeño y una blusa y tenía una bufanda que me tapaba un poco más porque el short era demasiado corto. Lo habíamos dado todo en el camino”.

En cuanto a su financiación, su padre la iba ayudando con dinero que le enviaba desde Estados Unidos, donde actualmente vive, pero se lo iba entregando de a poco, para evitar que se lo robaran.

Inmersa en la violencia centroamericana

Centroamérica es todo otro capitulo. Si bien aseguró que el trayecto en Costa Rica fue “muy fácil” se les complicó en Nicaragua y en Honduras. “En Nicaragua nos cogió el Ejército. Nos tiraron al piso con armas largas. Y empezaron a tocar a las mujeres, porque nosotras escondemos el dinero donde queramos”. Pero la situación se puso aun más tensa: “un oficial me dice que yo estaba bien bonita y me hace ser revisada por otros dos agentes. Me quisieron poner de rodillas pero yo no me arrodillo ante nadie”.

Les robaron la computadora y el dinero. Y les volvieron a robar en Honduras. “Ya no teníamos nada más de dinero pero me asusté porque me apuntaron directamente a la cabeza”.

La tragedia no terminó allí. Cuando llegaron a San Pedro Sula, una de las ciudades mas inseguras del planeta, el coyote que los llevaría hasta Guatemala le entregó una pistola a cada viajero para que durmieran seguros.

“Dormimos con un arma en la mano. El coyote tenía un contacto que fue quien nos proporcionó las armas”.

Lograron cruzar Guatemala y una vez en México el coyote los abandona en el DF, en vez de llevarlos a la frontera, como había prometido. “Tuvimos que llegar a la frontera solos. Nos sacamos pasajes en el mejor bus, en el más caro. Pero ahí sí andábamos con miedo, por que si nos cogían allí nos enviaban de vuelta a Cuba”.

(Facebook Ana Olema)
Ana dice que no apreciaría tanto la democracia de Estados Unidos si no hubiese tenido que pasar por esta travesía. (Facebook Ana Olema)

El bus que se dirigía a la frontera frenó; les pidieron documentos a todos. “Pero no iba a dejar que nos llevaran de vuelta. Les dimos todo el dinero que teníamos encima”. Cuando llegaron a la frontera, ya al final de todo el camino, los volvieron a parar. Olema explica, ahora ya con calma, que los cubanos no tienen necesidad de cruzar el desierto.

“El muchacho cubano que venia con nosotros cometió un error. Hizo una llamada que no tenia que hacer y esa llamada nos delató”. “Nos meten en una oficinita ya en la frontera en México y nos piden dinero”. “Nos pedían US$600 por cada uno. Pero todo era un juego de poder. El hombre aceptó los $600 del cubano compañero y nada de nosotros porque nosotros sabíamos que a él le iba a costar más trabajo llevarnos de vuelta a la ciudad que dejarnos seguir”.

El agente migratorio esperó a un hombre mayor que venía con un coyote para mandarlos a cruzar la frontera. “El viejito decía que se iba a Estados Unidos a darse la última afeitada. El había pagado US$10 mil por todo el paquete”.

Llegaron a la frontera y a los molinetes donde hay que poner unas monedas en la ranura y pasar al lado estadounidense.

“Cuando llegó mi turno, le dije al oficial: ‘yo me acojo a la ley de ajuste cubano’, pero era un error. El oficial mi miró y me dijo ‘¿tú decir ajuste o refugio?’. En realidad, en Cuba hay tanta desinformación que los cubanos no saben qué decir cuando llegan. (…) Es importante que los cubanos cuando lleguen deben decir que piden refugio o asilo político”.

Si bien asegura que no volvería a hacer el viaje otra vez, sentencia: “Yo nunca hubiera apreciado tanto vivir en Estados Unidos, un país que es un monstruo democrático, aun con sus imperfecciones, sino hubiese hecho ese viaje. Me cambió la vida”.

Editado por Elisa Vásquez.

Belén Marty Belén Marty

Periodista nacida en Buenos Aires. Vivió en Guatemala, Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos y Jordania. Actualmente está cursando una maestría en Economía y Ciencias Políticas en ESEADE. Ferviente defensora de la libertad. Síguela en Twitter: @BelenMarty.

CIDH solicita proteger a jóvenes detenidos en “La Tumba” de Caracas

By: Belén Marty - @belenmarty - Mar 4, 2015, 1:07 pm
(Globovisión)

EnglishLos jóvenes venezolanos Lorent Saleh (26 años) y Gerardo Carrero (26 años), detenidos en la prisión conocida como "La Tumba”, en Caracas, serán protegidos por medidas cautelares que dictó este lunes la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). En un comunicado, el organismo interamericano destacó la necesidad de preservar "sus derechos a la vida, salud e integridad personal". La abogada Tamara Suju, de la ONG Foro Penal Venezolano —que defiende los derechos humanos en el país suramericano—, había pedido a la CIDH el 8 de julio de 2013 que tomara las medidas pertinentes para proteger la integridad física y psíquica de Saleh, primero, y luego la de su compañero Carrero. La CIDH expresó a través de la resolución 6/2015 que Saleh y Carrero "se encuentran en una situación de gravedad y urgencia", y establece que el Gobierno venezolano debe pronunciarse al respecto dentro de los 15 días de comunicadas las medidas cautelares. “La Comisión solicita a Venezuela que: a) Adopte las medidas necesarias para preservar la vida y la integridad personal de Lorent Saleh y Gerardo Carrero. En particular, proporcionar la atención médica adecuada, de acuerdo a las condiciones de sus patologías; b) asegure que las condiciones de detención de Lorent Saleh y Gerardo Carrero se adecuen a estándares internacionales, tomando en consideración su estado de salud actual; y c) concierte las medidas a adoptarse con los beneficiarios y sus representantes”, cita el comunicado. Saleh, imputado en 2010, es un opositor al régimen de Nicolás Maduro y fue acusado por el Gobierno de mantener una conexión con el expresidente de Colombia, Alvaro Uribe. Está imputado por la presunta comisión de los delitos de intimidación e instigación al desorden público, y divulgación de información falsa. El 19 de febrero de 2014, en el marco de las protestas ocurridas entre febrero y julio de 2014, y que dejaron al menos 40 muertos y cientos de heridos, Saleh se fue a Colombia con una visa de actividades académicas no formales. Tras el vencimiento del permiso de estancia, y su supuesta incursión en actividades proselitistas, el 4 de septiembre Colombia lo deporta a Venezuela, junto con su compañero, Gabriel Valles, y lo entrega al Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin). Ese mismo mes se le acusó en su país de conspiración, por instigar a las protestas de ese año. En Colombia, detractores del Gobierno actual señalaron como negativa la decisión. Álvaro Uribe incluso responsabilizó al gobierno de lo que le sucediera a Saleh en manos del gobierno chavista. Pero Néstor Humberto Martínez, ministro de Presidencia de Colombia, aseguró en septiembre que Saleh y Valles, no eran “unos angelitos”. “Hay quienes los visten con túnicas blancas y no con uniformes camuflados, tienen alitas pero aparecen con fusiles”, precisó Martínez, en declaraciones en la ciudad de Baranquilla. Además, expresó: “es evidente que estos venezolanos no estaban en actividades pacifistas sino contrarias a las leyes de inmigración”. El otro estudiante para quien la CIDH pide protección, Gerardo Carrero, permanece desde agosto en la prisión subterránea de "La Tumba" por protestar a favor de la liberación de los entonces estudiantes detenidos. Lo detuvieron, junto a otros 242 venezolanos el 8 de mayo de 2014, mientras se encontraba en un campamento de protesta frente a la sede de la Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Caracas. Por haber comenzado una huelga de hambre lo esposaron a una reja por 12 horas y, con las muñecas protegidas por papel periódico para evitar las marcas, le pegaron con una tabla. Después de eso, fue llevado a "La Tumba", en donde, según ha trascendido, la tortura es la regla. Tras otra huelga de hambre de 15 días, en la cual perdió entre 10 y 12 kilos de peso, el pasado 22 de febrero Carrero fue trasladado a otros calabozos del Sebin, donde se le prometió un mejor trato a cambio de que suspendiera el método de protesta. Las medicas cautelares son de "obligación constitucional" Inti Amaru Rodríguez, coodinador de Investigación de la ONG Programa Venezolano de Educación-Acción en Derechos Humanos (Provea) comentó a PanAm Post que le parece relevante el pronunciamiento de la CIDH. “Refleja el nivel de preocupación de los organismos internacionales en la protección de derechos humanos sobre el deterioro de estos derechos en el país”. Además indicó que el comunicado muestra “algo que nosotros venimos denunciando: que el Gobierno esta actuando de espaldas a los estándares de protección de las personas privadas de libertad. Estas dos personas han estado detenidas en recintos policiales no adecuados y han sido incomunicadas de sus abogados y familiares”. Comentó asimismo que “lamentablemente” hasta ahora la práctica gubernamental ha sido desoír y desconocer las recomendaciones de organismos internacionales. “Pero el Gobierno está obligado constitucionalmente por los tratados a los cuales ha suscrito a cumplir con esas recomendaciones”. Rodriguez indicó que “la lista general de detenidos por los cinco meses de protesta en 2014 fue de 3.500 personas” y que “la inmensa mayoría (más de 2.000) está sujeta a procesos penales”. "La Tumba", una pesadilla de prisión "La Tumba" es un grupo de siete celdas incomunicadas, ubicadas cinco pisos bajo tierra. La luz natural no llega, ni existe ventilación natural. El único sonido es de los trenes del Metro, que pasan de manera continua al lado de las instalaciones, ubicadas en la sede del Sebin en Plaza Venezuela, en el centro de la capital venezolana. Las angostas celdas, de 2x3 metros, tienen pared y piso de color blanco con rejas grises. Los detenidos no salen al exterior en ningún momento del día y son monitoreados por cámaras y micrófonos. Tampoco tienen noción del tiempo, porque no hay relojes. Los familiares denuncian que los estudiantes han sufrido de diarrea, fiebre, vómitos y deshidratación, así como de déficit de vitamina D por no recibir luz natural. Editado por Elisa Vásquez.

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