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El Nuevo Ecologismo Radical

By: Carlos Sabino - Sep 11, 2013, 9:25 am

EnglishNos hemos acostumbrado a ver, en años recientes, cómo grupos de campesinos o de pobladores rurales realizan cortes de rutas, manifestaciones y hasta actos de agresión contra empresas privadas en varios países de América Latina. Pero las causas no son las mismas que, tradicionalmente, agitaron el campo durante buena parte del siglo XX: no se trata del reclamo por la tierra, ancestral y siempre presente en todo el mundo, ni de actos promovidos por una guerrilla que —salvo excepciones— ya no perturba la paz de nuestras naciones. Lo que enciende ahora las protestas es la construcción de carreteras o plantas hidroeléctricas, los proyectos mineros o petroleros, las obras de infraestructura que antes, en cambio, eran bienvenidas por toda la población, tanto por la izquierda extrema como por la derecha recalcitrante.

El argumento que se esgrime, con inusitada fuerza, es ahora la ecología. Los proyectos mineros son adversados porque, se dice, envenenan las aguas y llevan a la deforestación; el petróleo no debe ser extraído de zonas selváticas porque afectan áreas protegidas y llevan a la pérdida de la biodiversidad —como se denuncia en Ecuador o en Guatemala; hay violenta oposición a las hidroeléctricas porque pueden producir inundaciones dañinas, y las carreteras, como sucedió en Bolivia hace poco, son consideradas como intrusiones malignas en áreas que deben ser protegidas. Por todas partes, desde México hasta la Argentina, activistas furiosos reclaman a los gobiernos que se paralicen proyectos, que se revisen concesiones, que se anulen contratos y se proteja a nuestra sagrada madre Tierra.

Nada de malo, me apresuro a decirlo, tiene el cuidado del medio ambiente, la protección de las especies en peligro o el esfuerzo por conservar equilibrios ecológicos amenazados por la actividad humana. Pero la conciencia sobre estos temas no es nada nueva, en verdad, y ha estado presente desde hace más de medio siglo: ya no existe la despreocupación que, en otros tiempos, llevaba a contaminar el ambiente sin mesura y a arrojar sobre ciudades y campos toda clase de desechos.

Lo que sorprende es la forma en que, ahora, se agita la preocupación por la ecología: ya no se trata de buscar tecnologías que permitan reducir o eliminar los niveles de contaminación sino —lisa y llanamente— de impedir por completo actividades productivas; ya no se trata de proponer medidas que cuiden el patrimonio natural sino de bloquear carreteras, quemar instalaciones y hasta actuar de hecho, violentamente, contra empleados de empresas privadas que trabajan autorizadas por contratos legales. Me llama la atención, más que nada, la oposición a toda clase de proyectos hidroeléctricos que podrían ofrecer al consumidor una fuente de energía no contaminante y abaratar, de paso, la factura de esa electricidad que tan favorablemente cambia la vida de los habitantes rurales. Porque prohibir esta fuente de energía alternativa, o la minería, o la construcción de puertos y carreteras, es impedir el desarrollo económico de zonas normalmente bastante abandonadas y poner trabas a la creación de riquezas que —es fácil entenderlo— es la manera más efectiva y permanente de luchar contra la pobreza.

¿De dónde surge tanta intransigencia, tanta violencia indiscriminada, que muchas veces toleran los gobiernos por temor a enfrentar problemas políticos? ¿Qué es lo que lleva a poblaciones rurales —poco entendidas en general en temas tecnológicos— a luchar contra los proyectos que podrían traerles un mejoramiento sensible de sus condiciones de vida? No tengo la respuesta, lamentablemente, pero aventuro aquí algunas hipótesis que quizás expliquen las conductas extremas a las que ya nos estamos acostumbrando.

Es posible que una izquierda radical, que en otros tiempos abrazó la lucha por el socialismo totalitario, haya cambiado ahora su agenda y se dedique a labores de agitación en las poblaciones más apartadas para crear un clima de descontento que supuestamente la ayude a recuperar algunos partidarios; es posible también que activistas de países desarrollados, irresponsablemente, traten de proteger al planeta de la contaminación, haciéndonos abandonar las mismas actividades que, en su momento, llevaron al crecimiento económico de sus propias naciones; puede suceder también que líderes sociales, sobre todo rurales, encuentren en estas luchas un modo de hacer oír a sus comunidades, abandonadas durante largo tiempo por gobiernos que solo se preocupaban del electorado urbano.

Puede haber algo de verdad, o mucho, en alguna o en todas estas explicaciones posibles. Pero lo importante es recordar que no se debería paralizar el desarrollo de los países con la excusa de un ecologismo radical que solo propone el regreso a una sociedad agrícola y atrasada, a un modelo económico que, por su misma carencia de recursos, impediría el cuidado efectivo del medio ambiente. Que no se puede hipotecar el bienestar de futuras generaciones tomando medidas que solo paralizan la actividad económica y que los gobiernos, en todo caso, existen para hacer efectivo el cumplimiento de la ley y no para congraciarse con los grupos que más airadamente eleven sus protestas.

Carlos Sabino Carlos Sabino

Sociólogo, escritor y profesor universitario, Sabino es director de programas de máster y doctorado en Historia de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala. Siguelo @Sabino2324

Estudiar en Cuba: Cuál es la Lección para los Estudiantes Canadienses?

By: Victoria L. Henderson - @vlhenderson - Sep 9, 2013, 1:00 am
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EnglishEn pocas semanas, los estudiantes de una de las universidades más antiguas, élite de Canadá, serán invitados a inscribirse para un viaje de estudios a Cuba. El curso ofrecido por la Universidad de Queen desde 2001, lanzado por primera vez como Ética del Desarrollo, luego cancelado y sometido a una revisión administrativa para ser cambiado de nombre al de Sociedad y Cultura Cubana en 2008. Hace diez años, formé parte de la delegación de Queen; al llegar a la Habana, poco después de que el gobierno cubano encarceló a 75 disidentes políticos y ejecutó sumariamente a tres de ocho hombres que habían secuestrado un transbordador de pasajeros en un fracasado intento de escapar de la isla. Al estar en Cuba para estudiar la ética del desarrollo, la Primavera Negra de 2003 — podría decirse — resultaba precisa como tema de estudio, una oportunidad no sólo para discutir las acciones de Cuba sino también para pensar en términos más generales sobre los mecanismos legales, retóricos, y analíticos para calificar a ciertos individuos como "terroristas," lo que escucharíamos de Fidel Castro al describir a los secuestradores y disidentes en su discurso del Día del Trabajo ese año. Hubo impulso para este tipo de investigación, ya que se formularon preguntas similares en el contexto de la guerra estadounidense contra el terrorismo. Pero la República de Cuba, parece estar sostenida por un estándar diferente -de al menos, como los llama Paul Hollander: peregrinos políticos, intelectuales comprometidos en un abrazo incondicional con el socialismo- hasta en sus momentos más opresivos. Mientras los eventos de la Primavera Negra provocaron la condena de varios intelectuales prominentes — quienes alguna vez estuvieron alineados con el régimen cubano — (incluso José Saramago, Eduardo Galeano, Susan Sontag, entre otros), la profesora de la Universidad de Queen que encabezaba nuestra delegación, Susan Babbitt, acusó a “los ex-amigos de Cuba” de “confiar incuestionablemente en información parcial y falsa.” Para Babbitt, lo que estaba en cuestión en la Primavera Negra de Cuba no era el uso (o el abuso) de la pena de muerte, sino el tema acerca del "derecho a existir en Cuba.” Esta también era la posición de la Red Canadiense en Cuba, algunos miembros de la misma, acompañaron a la delegación de Queen. Pero, la pena de muerte era el problema para el difunto Lucius Walker, un ministro Bautista afroamericano, fundador de Pastores para la Paz, quien hizo uso de la palabra en la Plaza de la Revolución de La Habana antes de que Castro se dirija a la gente el Día del Trabajo. Walker instó a los líderes cubanos a abolir la pena de muerte, que, después de haber sido abrogada en 1940, fue reintroducida, ampliada, y celebrada por el régimen revolucionario de Cuba como una herramienta legítima para “liquidar a los terroristas.” La réplica de Castro a Walker demostró que las habilidades en oratoria dan como resultado el ganar un lugar en la historia de la política. El líder cubano explicó a la muchedumbre que la preocupación de Walker por la pena de muerte se debe entender en el contexto del sistema judicial estadounidense, que desproporcionadamente ejecuta a afroamericanos e hispanos, muchos de ellos inocentes de cualquier delito. Por el contrario, continuó Castro, la ejecución de los secuestradores del transbordador de de Baraguá fue en "legítima defensa" del gobierno revolucionario contra las acciones terroristas de mercenarios apoyados por los Estados Unidos. Los secuestradores – quienes en su totalidad eran negros y que uno había participado en la intervención militar cubana en Angola en los años 1970 (irónicamente, considerada la razón de su ejecución) – fueron arrestados, procesados y ejecutados en seis días, a pesar de que ninguno de los pasajeros del transbordador resultó herido. Las ejecuciones sumarias estaban muy lejos de la justicia aclamada por Castro en el juicio seguido en su contra por el ataque contra el cuartel del ejército de Moncada en 1953. El entonces joven revolucionario se quejó de la rapidez con la cual la fiscalía presentó su caso, diciendo que “Dos minutos me parece muy poco tiempo para pedir y justificar que un hombre se pase a la sombra más de un cuarto de siglo." Cincuenta años después, Castro no tuvo problemas con el hecho de que los secuestradores tuvieran sólo 15 minutos para hablar con los abogados  -asignados por el Estado- antes de enfrentarse a juicio en un caso de pena de muerte. Durante la década desde la Primavera Negra, han habido una serie de cambios en Cuba, así como en el programa de estudio de campo ofrecido a través de la Universidad de Queen. El curso ahora incluye algunos pasos (más de 1.000 páginas de lectura obligatoria) de, o sobre disidentes seleccionados, entre ellos Oswaldo Payá. Pero, el material necesita ser actualizado para reflejar el hecho de que Payá ahora está muerto. Un juicio pendiente alega que fue asesinado por el régimen de Castro. Además, dado que ninguno de los índices de los dos libros requeridos para el curso poseen la entrada "presos de conciencia," los estudiantes deben saber que la detención de los críticos del gobierno de Cuba está en alza, 6.602 casos de detenciones reportados en 2012 frente a 4.123 en 2011 y 2.074 en 2010. Entre los detalles del manual del curso se ofrecen consejos sobre dónde encontrar "bonitos souvenirs", como camisetas de Ernesto (Che) Guevara. Las camisetas son representativas del mercado turístico cubano; pero, promover la imagen de un individuo que abogó por la necesidad de cultivar el odio por el enemigo para convertirse en una "máquina de matar eficaz, violenta, selectiva, y fría" es inconsistente con el stand más publicitado de Queen contra la incitación al odio. Como una nueva generación de estudiantes de la Universidad de Queen es invitada a participar en el programa de estudio de campo de Cuba, muchas de las cuestiones planteadas por los acontecimientos de la Primavera Negra se mantienen, sin dejar de lado aquellos acerca de la construcción política del terrorista, o — como han llamado recientemente a la bloguera disidente Yoani Sánchez — la traidora y estar en contra de Cuba. Tal retórica permite que el gobierno cubano argumente como Fidel Castro lo hizo ese primero de mayo hace diez años, que no hay ningún problema “entre cubanos”; sólo hay un problema “entre la gente de Cuba y el gobierno de los Estados Unidos. ” Lo más destacable y molesto es la tercera opción: hay un problema entre el gobierno de Cuba y la gente a la que dice representar, pero estratégicamente los descarta. Los alumnos pueden no ser capaces de resolver el problema. Pero tampoco deben ser cómplices ocultándolo. Traducido por Melania Osorio De La Torre.

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