Virales

Newsletter

Sólo los libertarios se enfrentarán a la mafia de los taxistas en Bogotá

By: Daniel Raisbeck - @DanielRaisbeck - Sep 7, 2015, 6:33 pm

EnglishEl último episodio de la triste saga de Uber en Bogotá involucra un vídeo en el cual varios taxistas, habiendo maniobrado peligrosamente para arrinconar a un vehículo cuyo conductor supuestamente utiliza la aplicación UberX, proceden a intimidar a una joven pasajera, a quien acusan de usar un servicio “pirata”.

La joven siente tanto miedo ante el acoso de los taxistas, quienes ilegítimamente pretenden obligarla a bajarse del vehículo, que no puede suprimir las lágrimas.

Para muchos bogotanos acostumbrados a las maneras maleantes de cierto sector del gremio de taxistas, poco sorprenden las acciones canallescas y el tono burdo y amenazador de estos vagabundos, quienes amedrentan a una muchacha al gritar improperios poco originales contra la madre del supuesto conductor de UberX.

En mi opinión, lo que realmente sorprende es que al principio del vídeo aparece un policía en la mitad de la escena. Y el agente no hace absolutamente nada durante los dos minutos y 51 segundos de insultos y matoneo por parte de los taxistas. Inclusive permanece pasivo cuando estos intentan obligar a la joven a que abandone el vehículo y ella le hace un llamado al “Señor policía” para que intervenga.

De hecho, la falta de autoridad y la ineficiencia de la fuerza publica en Bogotá es evidente cuando los taxistas le dan al agente la orden de que “llame a (un policía de) Tránsito para que le haga la multa” al conductor del vehículo.

Los taxistas saben muy bien quién manda y se lo explican sin titubeos a la muchacha: su conductor “es un pirata, y estamos acabando con eso, ¿ya?”

Y cuando ella les pregunta si les parece bien recurrir a la violencia para conseguir sus fines, uno de los taxistas responde concisamente: “si tenemos que acabar con la piratería, a violencia (sic) la acabamos”.

Ciertamente, en Bogotá rige la ley de la selva descrita por Tucídides: “los fuertes hacen lo que quieren, los débiles lo que pueden”. Pero es posible cambiar las cosas.

Durante esta campaña a la Alcaldía de Bogotá, he defendido a aplicativos digitales como Uber, Lyft, Curb y otros competidores en foro tras foro, en entrevista tras entrevista. Mientras los demás candidatos guardan silencio al respecto, yo he dicho que estas empresas les permiten a los ciudadanos y consumidores escoger el modo de transporte que prefieren, y que por lo tanto deben poder operar legalmente.

[adrotate group=”8″]Pero hoy es claro que no sólo es cuestión de comodidad y de buen servicio. Es indiscutible que, en Bogotá, estas compañías les brindan a las personas la libertad de rechazar al sector violento del poderoso gremio de los taxistas. Y hay que aclarar que estos señores son poderosos gracias a los políticos.

De hecho, si alguna justificación tienen los taxistas para tomar la justicia en sus propias manos, lo cual no se puede tolerar, es que varios políticos de peso pesado les han incumplido una serie de promesas irresponsables, hechas con el único fin de capturar su voto en bloque.

Recordemos, por ejemplo, cuando, en plena campaña presidencial del año pasado, Juan Manuel Santos, Rafael Pardo y Germán Vargas Lleras les prometieron a más de mil taxistas que sacarían del mercado “a las aplicaciones que fomentan la ilegalidad”. Es decir, a Uber y compañías similares.

Pero, como comenta el exitoso emprendedor inglés Paul Graham: “es tan obvio que Uber es algo bueno que uno puede medir la corrupción de una ciudad con base en qué tanto se esfuerzan las autoridades para prohibirlo”.

En últimas, Uber y sus competidores representan la innovación digital y el empoderamiento del ciudadano a costa de las mafias y de los grupos de interés tradicionales. Por ello es que una administración libertaria en Bogotá les dará la bienvenida y fomentará la competencia justa entre ellas, porque el libre mercado beneficia sobre todo al consumidor, y el consumidor es el centro de nuestras políticas.

En cuanto a los taxis, podrán operar sin pagar los impuestos absurdos a los que están sometidos actualmente. Comenzaremos por eliminar el cupo que infla astronómicamente el precio de un vehículo. Quienes ya han pagado un cupo recibirán exenciones tributarias hasta ser plenamente compensados.

Pero un permiso para operar un taxi en Bogotá no será patente de corso ni cheque en blanco para prestar un mal servicio, ni para amedrentar a las personas inocentes, ni para imponerse sobre las autoridades. Por lo tanto implementaremos un sistema de calificaciones digitales para cada taxista muy similar al de Uber, y el usuario será el juez. Cualquier conductor que no cumpla con los altos parámetros de calidad establecidos perderá automáticamente su derecho a operar.

En cuanto a la policía, seguiremos el ejemplo de Antanas Mockus y enviaremos a nuestros agentes a capacitarse en facultades universitarias, donde aprenderán a implementar la resolución pacífica de los conflictos. El vídeo de hoy sugiere que el regreso real de la cultura ciudadana es esencial para la seguridad de todos los bogotanos.

Daniel Raisbeck Daniel Raisbeck

Daniel Raisbeck es el editor del PanAm Post. También es miembro fundador del movimiento Libertario en Colombia. Síguelo en Twitter: @DanielRaisbeck.

La Iglesia, el Papa Francisco y el régimen de Cuba

By: José Azel - Sep 7, 2015, 4:38 pm

EnglishHace ochocientos años la Carta Magna estableció los fundamentos de las libertades individuales, el Estado de Derecho, y límites al poder absoluto de los gobernantes. El rey Juan de Inglaterra regía por el principio de “fuerza y voluntad” y creía que como gobernaba por derecho divino no había límites a su autoridad. Pero el Rey, desesperado por ayuda financiera, fue forzado por los barones, a cambio de su ayuda, a firmar el documento que limitaba sus poderes. El rey apeló entonces al Papa Inocencio III, quien rápidamente se pronunció a favor del rey, declarando que la Carta Magna era “no solamente vergonzosa y humillante, sino también ilegal e injusta”, y consideró el documento “nulo y carente de toda validez para siempre”. Así, desde el comienzo simbólico del conflicto entre los derechos individuales y la autoridad ilimitada, la Iglesia se puso de parte de la autoridad. Posición que, con notables excepciones, continúa caracterizando la conducción de los asuntos Iglesia-Estado. A pesar de la anulación “para siempre” del Papa, el espíritu de la Carta Magna pervivió y sus principios están consagrados en nuestra Declaración de Independencia, Constitución, Carta de Derechos, y en los corazones y mentes de todos los que aman la libertad. Anteriormente este año el Papa Francisco recibió cálidamente al general Raúl Castro en el Vaticano, y en septiembre viajará a Cuba, convirtiéndose en el tercer pontífice en visitar la isla, después de las visitas de Juan Pablo II en 1998 y de Benedicto XVI en 2012. [adrotate group="8"] ¿Qué podemos esperar? En términos políticos el Papa Francisco encabeza un Estado autoritario —una teocracia oligárquica— donde solo la aristocracia —los príncipes del Colegio de Cardenales— participan en la selección del soberano. Esta estructura engendra una afinidad con el autoritarismo manifestado por el Papa Inocencio III anulando la Carta Magna. El Papa Francisco también ha dejado pistas sobre su pensamiento político y económico con relación a Cuba. En 1998 el entonces Arzobispo de Buenos Aires, Monseñor Jorge Mario Bergoglio (hoy Papa Francisco) fue el autor de un libro titulado “Diálogos entre Juan Pablo II y Fidel Castro”. Según mi lectura de la compleja prosa del Papa, él favorece el socialismo sobre el capitalismo siempre y cuando incorpore el teísmo. Él destaca la afirmación de Fidel Castro de que “la doctrina de Karl Marx esta muy próxima al Sermón de la Montaña”, y ve el sistema cubano en armonía con la doctrina social de la Iglesia. Siguiendo la tradición de la Iglesia, condena las sanciones económicas de EEUU, pero el Papa Francisco va mucho más lejos: utiliza la inexacta acusación cubana del término “bloqueo” y se hace eco de los alegatos del Gobierno cubano. Prosigue con una fuerte crítica del libre mercado destacando que “el neoliberalismo capitalista, modelo en el que se subordina al ser humano, condicionado el desarrollo de los pueblos a la fuerza pura del mercado... entonces, la humanidad asiste a un cruel escenario donde se cristaliza el enriquecimiento de unos pocos merced al empobrecimiento de muchos”. Cuando termine la pesadilla totalitaria, la jerarquía eclesiástica será acusada por el pueblo como defensora del opresivo régimen castrista Este lenguaje recuerda el movimiento de la “Teología de la Liberación” desarrollado en América Latina en la década de 1960 y que se entrelazó mucho con la ideología marxista. La Teología de la Liberación, fundada por el sacerdote peruano Gustavo Gutiérrez, constituyó los fundamentos intelectuales que, con apoyo cubano, sirvieron para orquestar “guerras de liberación nacional” en todo el continente. Juan Pablo II y Benedicto XVI censuraron la Teología de la Liberación, pero en 2013 el Papa Francisco recibió al padre Gutiérrez en una “visita estrictamente privada”. Después de la misma, en una aparente exoneración de la Teología de la Liberación, L'Osservatore Romano, periódico semioficial del Vaticano, publicó un ensayo declarando que con la elección del primer papa de América Latina la Teología de la Liberación no podría “permanecer en las sombras a las que ha sido relegada por varios años...” En su libro el Papa Francisco habla de una “solidaridad compartida” pero, como el rechazo del Papa Inocencio III a la Carta Magna, esa solidaridad parece estar con la ilegítima y no democrática autoridad en Cuba y no con el pueblo. Eso es trágico, porque durante las guerras de independencia la Iglesia también se alineó al lado de la Corona española y no con los mambises cubanos luchando por la libertad. Cuando Cuba ganó su independencia de España muchos cubanos en la nueva nación veían a la Iglesia como un enemigo. En su visita de septiembre, el Papa Francisco tendrá la oportunidad de poner inequívocamente a la Iglesia del lado del pueblo. Si no lo hace, se repetirá la historia. Cuando termine la pesadilla totalitaria, la jerarquía eclesiástica será acusada por el pueblo como defensora del opresivo régimen castrista. Y los cubanos, como hicieron después de la independencia, verán a la Iglesia habiendo estado otra vez del lado equivocado de la historia.

Boletín electrónico

¡Recibe lo último de PanAm Post por correo electrónico!

Nunca compartiremos tu correo electrónico con nadie.