¿País capitalista? Los siete impuestos más absurdos de Colombia

By: Daniel Raisbeck - @DanielRaisbeck - Ene 8, 2016, 11:36 am
Una extravagante variedad de impuestos muestra la opresión del sistema tributario colombiano. (Unipymes)

EnglishRecientemente, el periodista colombiano Antonio Caballero, un gran visir del “socialismo de champaña” nacional, escribió que el Gobierno del Presidente Juan Manuel Santos “no ha cedido prácticamente en nada ante las FARC en las negociaciones de La Habana”, entre otras cosas porque “el modelo económico capitalista y neoliberal” del país permanece intacto.

Caballero y sus semejantes insisten en catalogar a la economía del país como “neoliberal” y “capitalista” pese a que toda la evidencia indica lo contrario. Nada que se asemeje al libre mercado existe en Colombia, donde el Estado le cobra a las compañías un impuesto de 70% sobre sus ganancias, mucho más que las “repúblicas” abiertamente socialistas de China y Venezuela.

En respuesta a Caballero, he formulado una lista inicial de los siete impuestos más absurdos que deben pagar los ciudadanos colombianos, impuestos que cualquier país capitalista que se respete nunca hubiera creado o hubiera eliminado hace años. Admito, sin embargo, que esta es una mera síntesis.

En junio, la periodista María Isabel Rueda reveló sus simpatías libertarias al publicar una lista de 62 impuestos nacionales y municipales que se cobran actualmente; un extravagante surtido que demuestra la naturaleza opresiva del hipertrofiado sistema tributario colombiano.

Mi versión, limitada, excluye, simplemente porque también existen en otros países, absurdos obvios, como el creciente impuesto predial y el IVA, el cual subirá este año de 16% a 19%.

1. El “4 x 1.000”

Este es el prototípico impuesto “temporal” que, de manera inevitable, se vuelve permanente. El cargo de 0,4% sobre todas las transacciones financieras  —incluyendo los retiros de cajeros automáticos antes de que se introdujeran ciertas exenciones— fue creado por el expresidente Andrés Pastrana (1998-2002) en medio de una crisis económica.

En vez de ser transitorio, este impuesto se incrementó con el tiempo; originalmente, su tasa era del 0,2%. Según una reciente reforma tributaria, el impuesto del 4 x 1.000 será eliminado en 2022. Pero nadie se debe sorprender si el impuesto luego es reemplazado por algún otro igualmente absurdo. Ese es el modus operandi del Gobierno colombiano (ver # 2).

2. Impuesto sobre la renta para la equidad (CREE)

Este impuesto del 9% sobre los ingresos se creó en 2013, después de que el Gobierno redujera el Impuesto Sobre la Renta tradicional de 33% a 25%. Este cambio ha podido ayudar al Gobierno de Santos a ascender algunas posiciones en el escalafón Doing Business  —según entiendo, esta es una obsesión del Ministro de Hacienda, Mauricio Cárdenas que únicamente considera el Impuesto Sobre la Renta. No obstante, las empresas legalmente constituidas terminaron pagándole al Estado 34% de sus ganancias sólo con impuestos sobre la renta.

Ya sea por inocencia o malicia, la autoridad fiscal (DIAN) afirma que el CREE se instauró “en beneficio de los trabajadores (y) la generación de empleo”, como si el Gobierno pudiera crear puestos productivos al quitarles dinero a los emprendedores, los verdaderos generadores de empleo en el país.

3. Impuesto de Valorización

Si a usted le gusta que el Gobierno local le cobre varias veces por proyectos de infraestructura que ni siquiera puede completar, entonces este debe ser su impuesto predilecto. De manera abiertamente keynesiana, la ley colombiana declara que el impuesto de valorización por obras públicas:

permitirá incrementar notoriamente la ejecución de obras de indiscutible beneficio social y económico y la apertura de nuevos frentes de trabajo, con el consiguiente aumento de ocupación…

El tamaño de este disparate es aterrador. En primer lugar, si se tratara de crear empleo por medio de obras públicas, ¿por qué no abrir huecos por toda la sabana de Bogotá para inmediatamente taparlos sin excavadora   y abrirlos de nuevo?

Pero el Impuesto a la Valorización es especialmente ridículo porque los dueños de propiedad raíz ya están sujetos a la plusvalía, la cual se cobra cuando “se ha dado un incremento en el precio del suelo, como resultado de acciones urbanísticas que modifican su utilización  o incrementan su aprovechamiento”. Y el impuesto predial anual también sube según la apreciación de la propiedad como resultado de obras públicas, por lo menos de acuerdo a los improcedentes cálculos del Gobierno.

Es decir, el Estado les está cobrando a los propietarios dos o tres veces por los mismos proyectos de infraestructura que ya financian con sus otros impuestos. Pero la valorización es especialmente arbitraria: ¿cómo puede el Gobierno local determinar con exactitud cuáles residentes de una zona cercana a una obra pública se benefician de dicha obra y cuáles no? Y, en la práctica, este impuesto conlleva a abusos de todo tipo.

El año pasado, por ejemplo, el Instituto de Desarrollo Urbano de Bogotá (IDU) anunció que, misteriosamente, los costos de un túnel en el norte de la ciudad (calle 94 con NQS) se habían incrementado en 300% en la mitad de la obra. Y los burócratas tuvieron la temeridad de afirmar que podrían cobrarles una nueva valorización a los residentes de la zona, quienes ya la habían pagado una vez.

Los recaudadores de impuestos colombianos se han vuelto comparables a los godos que, en la obra de Shakespeare, “avanzan hacia Roma, ávidos de botín”.

4. Impuestos sobre el Licor

Si usted trabaja importando licor hacia Colombia, el Estado lo obliga a operar como si vendiera sus productos en 32 países distintos y altamente proteccionistas (Colombia está dividida en 32 departamentos o regiones administrativas). La razón: todo departamento cobra por una “estampilla” que debe llevar cada botella para ser vendida dentro de sus límites.

Como explica el periodista Juan Esteban Lewin, cada gobernador departamental controla completamente las ventas de licor, pues él determina “los requisitos para que los licores entren a un departamento… y le deja al departamento el monopolio para producirlo en su territorio”. Esto quiere decir que los gobernadores “pueden poner cualquier traba o requisito” para la venta de todo licor que no sea el departamental.

Los gobernadores también pueden elegir “sin restricción a quiénes pueden comercializar los licores que produce” el departamento, ya sea “directamente o a través de un tercero”. Y, como si esto no fuera suficiente, los impuestos sobre los licores están diseñados para proteger a los monopolios departamentales de la competencia foránea; las bebidas alcohólicas que contienen un grado de alcohol mayor al 35% pagan más del doble en impuestos que las bebidas que contienen menos que esa cantidad.

“Y resulta que todos los productos nacionales tienen menos de 35 grados”, escribe Lewin, “mientras que la mayoría de importados tienen más de 35”.

Aunque el Gobierno de Santos, bajo presión de la OCDE, intentó reformar las normas licoreras el año pasado para reducir los impuestos sobre los licores extranjeros y para limitar el poder de los monopolios departamentales, sus medidas fracasaron en el Congreso con 93 votos en contra y ninguno a favor.

Sin duda alguna, esta derrota se dio porque los monopolios del licor son una fuente principal de los ingresos departamentales y de las campañas de los politicastros de las regiones. Naturalmente, también son una fuente constante de corrupción.

5. Registro Mercantil

Aunque las cámaras de Comercio colombianas no forman parte del Estado oficialmente, sí les exigen a las empresas un cobro anual obligatorio que es un impuesto de facto.

De hecho, el Código de Comercio obliga a toda empresa nueva a matricularse en el Registro Mercantil que controlan las cámaras de Comercio y a renovar anualmente su inscripción. La matrícula inicial tiene un costo relacionado al rango de activos de la empresa, y el precio de la renovación anual depende de su balance al final del año anterior.

Esto es como si el Estado obligara a cada ciudadano a pagar anualmente un monto considerable en términos colombianos para renovar su cédula de ciudadanía. En términos prácticos, la inscripción de un negocio con las autoridades requiere un mero registro digital, no una Cámara de Comercio con varias sedes palaciegas a través de Bogotá.

[adrotate group=”7″]Reconozco que la Cámara de Comercio de Bogotá hace un excelente trabajo en ciertos campos, por ejemplo al brindar información legal y sugerencias útiles para emprendedores aspirantes o actuales. Sus servicios de arbitraje y conciliación son particularmente laudables ya que se han vuelto una valiosísima alternativa al ineficiente sistema legal colombiano. Y durante la última campaña a la alcaldía de Bogotá, la Cámara organizó una serie de debates acerca de temas fundamentales, a los cuales siempre invitaron a los candidatos independientes, incluyendo al suscrito, por lo cual estoy muy agradecido.

No obstante, la afiliación a la Cámara de Comercio debería ser voluntaria, y a las empresas no se les debería cobrar simplemente por registrarse con las autoridades. Y el Registro Mercantil debería exigirse una sola vez, para no desperdiciar el tiempo ni el dinero de los emprendedores.

6. Ganancias ocasionales

Este es un impuesto del 10% sobre las ganancias que “grava la utilidad en venta de activos fijos poseídos durante dos años o más”, como escribe el presidente del Instituto Colombiano de Derecho Tributario. Como de costumbre, tanto el Gobierno como la legión de comentaristas se han coronado con laureles porque la última reforma tributaria redujo la tasa de este impuesto, el cual anteriormente podía llegar a 33%.

Pero no se dan cuenta de que el impuesto en sí, el cual también aplica “a los ingresos provenientes de herencias, legados (y) donaciones”, es del todo innecesario y debería ser eliminado. Esto, de hecho, fue precisamente lo que sucedió en Noruega, Suecia, Portugal y 10 otros países que, desde el año 2000, han abolido los impuestos sobre la herencia y los legados.

Como reporta la fundación taxfoundation.org, “inclusive los Gobiernos que quieren altos niveles de recaudación para robustos programas de bienestar social consideran que los impuestos sobre la herencia no son una fuente de recaudo eficaz”. Lo único que hacen dichos impuestos, de hecho, es fomentar la evasión y el exilio tributario.

7. Impuesto Sobre el Consumo

Este impuesto, introducido en 2013, es adicional al IVA cuando aplica a las ventas de servicios de telefonía móvil o de muebles, vehículos, motocicletas y lanchas. Para el Gobierno, el consumo es una actividad que debe ser castigada.

Los restaurantes y las panaderías también deben pagar este impuesto con una tasa del 8%, lo cual los exime del IVA.

Aunque la transición del IVA al impuesto sobre el consumo ha sido presentado como un cobro al “lujo” que beneficia a ciertas industrias, sólo habría un alivio real si el Gobierno colombiano siguiera el buen ejemplo de Hong Kong y eliminara del todo tanto el IVA como todo otro Impuesto Sobre las Ventas.

Afortunadamente, el camarada Caballero ya puede tirar la toalla en su lucha por crear una república socialista en Colombia sin deshonra alguna. Con los niveles actuales de tributación y la absurdidad de los impuestos individuales, el socialismo se estableció hace mucho tiempo.

Daniel Raisbeck Daniel Raisbeck

Daniel Raisbeck es el editor del PanAm Post. También es miembro fundador del movimiento Libertario en Colombia. Síguelo en Twitter: @DanielRaisbeck.

Misión Cumplida: El ajuste de tasas y la guerra de Irak de 2003

By: Peter Schiff - Ene 8, 2016, 9:00 am

El 1 de mayo de 2003, sobre la cubierta de vuelo del USS Abraham Lincoln, el entonces presidente George W. Bush declaró, bajo una enorme pancarta en la que se leía “Misión Cumplida”, que las “principales operaciones de combate” en Irak habían concluido; que el cambio de régimen se había efectuado y que Estados Unidos había triunfado en su misión de transformar el Medio Oriente. Trece años más tarde, después de años de operaciones adicionales de combate en Irak y un Medio Oriente que se está saliendo del control de la influencia de Estados Unidos, volvemos la mirada hacia el suceso de la “Misión Cumplida” como el epítome de una falsa seguridad y una celebración prematura. La imagen de Bush sobre la cubierta de vuelo recuerda la reacción ante la decisión de la Reserva Federal de elevar las tasas de interés por primera vez en casi una década. Mientras que en los medios de comunicación y Wall Street muchos hablaron de un “experimento concluido” y del “amanecer de una nueva era”, pocos se dan cuenta de que estamos tan atrapados en la maleza de una política fallida como lo estuvieron Bush, Cheney y Rumsfeld en el malinterpretado conflicto de Irak en el 2003. En su historia inicial de los eventos del día 16/12/15, el Washington Post  declaró que, al elevar la tasa de los fondos federales a un cuarto de punto porcentual, la Reserva Federal está “terminando una era de dinero fácil que ayudó a salvar la nación de otra Gran Depresión”. Dejando de lado el hecho de que 25 puntos base es todavía 175 puntos por debajo de la tasa de cerca de 2% de inflación subyacente que el Gobierno ha reportado por los últimos 12 meses, la pregunta más importante a plantear es en qué entorno está cambiando esta página la Reserva Federal. Históricamente, la Reserva Federal ha iniciado sus ciclos de ajustes durante las primeras etapas de expansiones, cuando la economía ha tenido suficiente impulso para absorber los aumentos en las tasas. Pero esta vez no es ese el caso; previa a la reciente recesión, ha habido seis recesiones desde 1969, y después de esos episodios, pasaron 13.3 meses en promedio desde el momento en que la recesión concluyó al momento en que la Reserva Federal se sintió suficientemente confiada en la recuperación como para elevar las tasas. Pero después de la recesión del 2008-2009, la Reserva Federal esperó 78 meses para apretar las palancas monetarias. Esos ciclos de ajustes previos también ocurrieron en momentos en que el PIB era mucho más alto de lo que es ahora. Durante las seis ocasiones anteriores el PIB promedió un robusto 5,3% en el trimestre en que la Fed actuó, mientras que los datos sugieren que tendremos una cifra de entre 1% y 2% anualizado. En los últimos siete años la economía estadounidense se ha vuelto dependiente de las tasas de interés de cero por ciento Otra diferencia importante es que la tasa de desempleo promedio en el momento en que los seis ajustes anteriores ocurrieron era de 7,5%. Pero esa tasa promedio había caído a 5,1% (un nivel que la mayoría de economistas consideran como “empleo pleno”), un promedio de 42 meses después del ajuste inicial de la Fed. En otras palabras, esas expansiones fueron suficientemente jóvenes y fuertes como para absorber los aumentos de las tasas y reducir el desempleo. Nuestra tasa de desempleo actual ya ha caído a 5% (sobre todo porque los trabajadores han abandonado la fuerza laboral). Datos tales como el inventario de proporción de ventas y los datos del índice manufacturero sugieren que una recesión puede estar cerca: entre ellos, las terribles cifras de producción del PMI manufacturero e industrial, una débil previsión de la Fed de Filadelfia, una gran caída en el índice de manufactura de la Fed de Kansas City, y el anuncio de que el déficit de cuenta corriente del tercer trimestre había incrementado “inesperadamente” 11,7%, son solo los últimos de esos indicadores. ¿Qué sucede cuando la Fed pospone su primer aumento a la tasa hasta que se produce una recuperación tibia, en lugar de hacerlo al principio de una recuperación fuerte? Si el desempleo comienza a elevarse durante un ciclo electoral, ¿puede alguien realmente esperar que la Fed siga adelante con sus aumentos adicionales a las tasas y permitir que una recesión completa tome fuerza antes de que los electores emitan sus votos? Todo esto sugiere que el reciente aumento de las tasas no puede sacar a la Fed de la trampa monetaria que se ha creado a sí misma. [adrotate group="7"]Otra gran pregunta es por qué la Fed decidió actuar en diciembre, después de no hacer nada durante tanto tiempo. Es evidente que los mercados estaban sorprendidos y confundidos ante el fracaso de la Reserva Federal de actuar en septiembre, cuando la economía parecía, al menos para aquellos que elegían ignorar los malos datos, estar en terreno relativamente sólido. En aquel tiempo, la Fed sugirió que necesitaba ver más mejoras antes de dar luz verde a un aumento. Y mientras no tiendo a dar mucho crédito a las declaraciones de la mayoría de economistas, sería difícil encontrar a alguien que crea que los datos de diciembre se ven mejor que los de septiembre. Aun cuando la Fed hubiera preferido dejar las tasas en cero, el temor era que no elevarlas dañaría su credibilidad. Después de haber estado indicando por gran parte del año pasado que ellos creían que la economía había mejorado lo suficiente para ameritar un incremento en las tasas más tarde en el 2015, continuar sin hacer nada podría sugerir que la Fed no creía realmente en lo que estaba diciendo. En realidad, debería haber muy poca confianza en que una nueva era haya comenzado. Un simbólico gesto de salvación de su credibilidad, justo dos semanas antes del fin de año, no es realmente un suceso. La pregunta es si tan pequeña acción puede ser suficiente para empujar a una economía ya en desaceleración hacia una recesión mucho más rápidamente. En los últimos siete años la economía estadounidense se ha vuelto dependiente de las tasas de interés de 0%. Pero esta dependencia no será totalmente revelada hasta que la corriente se extienda y esas tasas de interés de cero por ciento sean retiradas. La pregunta más importante es qué tan rápido la Fed revertirá el curso. ¿Tomará acción una vez que se vuelva penosamente obvio para todos que nos encaminamos a otra recesión, o esperará hasta que estemos oficialmente sumergidos hasta las rodillas en una contradicción que es incluso mayor que la anterior? Las nuevas rondas de recortes de la tasa y de flexibilización cuantitativa que la Fed tendrá que liberar harán eco de la “intervención” militar en Irak en 2007. Aquellas tropas fueron necesarias para revertir el caos que la administración había ignorado por tanto tiempo. Pero del mismo modo en que aquella intervención sólo nos compró unos pocos años de relativa calma, las ganancias traídas por nuestra próxima intervención monetaria pueden ser aún más transitorias. Ese es un desarrollo para el cual nadie se está preparando en Wall Street.

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