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Qué es y cómo medir el capitalismo de amigotes

By: Javier Garay - @Crittiko - Mar 27, 2014, 4:10 pm

Uno de los fenómenos que más se confunde en los debates en los que se discute la supremacía de la libertad en el proceso de creación de riqueza (esto es, de satisfacción de necesidades y deseos de los individuos) es el de la concepción del capitalismo en su acepción cataláctica y la práctica, evidente, en muchos países, que se ha denominado capitalismo de amigotes.

No es este último modelo el que se defiende cuando se afirma que el capitalismo es superior a cualquier otro en el eterno camino a la prosperidad. Es el capitalismo como lo explicaron, cada uno con sus particularidades, autores como Ludwig Von Mises y Friedrich A. Hayek y no el totalitarismo, o el capitalismo de amigotes el que lleva a una sociedad a ser más próspera.

Para aclarar esta confusión se encuentra la edición más reciente de la prestigiosa revista The Economist. En ésta, se presenta el índice de capitalismo de amigotes, que surge del cálculo del peso que tiene la riqueza de billonarios, cuya fortuna se ha originado en sectores generalmente asociados con este tipo de capitalismo, y del Producto Bruto Interno de sus países. La nación que se ubique en los primeros lugares de la escala contará un resultado más alto y eso querrá decir que ese país tiene una mayor incidencia del capitalismo de amigotes.

Los sectores que la revista ubica en esta categoría son, de manera general, los juegos de azar, defensa, infraestructura, sectores extractivos, telecomunicaciones y banca. La medición considera 23 países: los cinco más desarrollados, los diez más grandes de los países en desarrollo y ocho más donde se percibe que presentan un problema de capitalismo de amigotes.

A pesar de las limitaciones que la misma revista identifica en la medición del índice (no mide todos los sectores que son y no en todos los países los sectores mencionados tienen las mismas características regulatorias y de relación con el Estado), el resultado sí tiene una capacidad de interpretación. Por un lado, es evidente que los países menos desarrollados son los que más dependen de estos sectores. Por el otro, no sorprenden la mayoría de hallazgos. Países como Rusia, Malaysia, Ucrania, México o India son los que presentan mayor incidencia de este tipo de capitalismo. Por el contrario, Alemania, Corea del Sur, Japón, Francia o Estados Unidos son los que presentan el menor nivel.

Es interesante indagar sobre los resultados de Hong Kong y de Singapur. El primero se ubica, dentro de este grupo, como el país más dependiente del capitalismo de amigotes. El segundo, se ubica en el quinto lugar. Por su parte, también debe profundizarse el hecho de que China y Polonia, como países en desarrollo, tengan una mejor ubicación que Estados Unidos. Cerca de este país también se encuentran Brasil y Argentina (Estados Unidos se ubica en el puesto 17, mientras que Brasil está en el 13 y Argentina en el 11). ¿Será que las políticas de los gobiernos de George W. Bush y de Barack Obama han sido tan nefastas en el modelo económico de este país que han logrado calificar peor que China?

A través de mediciones como este índice podemos explicar el fenómeno del capitalismo de amigotes y dónde se desarrollan con mayor frecuencia. Es importante poder definir este concepto para poder mostrar claramente sus efectos negativos y la diferencia que separa a éste con el capitalismo, único modelo para la generación del verdadero desarrollo.

Javier Garay Javier Garay

Javier Garay es profesor en la Universidad Externado de Colombia. Escribió dos libros sobre temas internacionales, uno de ellos sobre el desarrollo económico, tema sobre el que está realizando su tesis doctoral. Síguelo en Twitter en @crittiko, y visita su blog personal: Crittiko.

Tomando el largo “desvío” a casa: El caso de la ayuda federal

By: Nick Zaiac - @NickZaiac - Mar 27, 2014, 3:49 pm

EnglishHace poco la Oficina de Administración y Presupuesto de la Casa Blanca dio a conocer al público la última propuesta para el presupuesto federal. En general, se espera que el gasto aumente particularmente de US$3.46 billones a $3.65 billones. Como se esperaba, está lleno de gastos ineficientes e innecesarios. Uno de los peores transgresores es la "ayuda" que envía el gobierno federal a los estados y localidades para pagar cientos de programas diferentes, que van desde la descontaminación ambiental hasta la asistencia médica. Entonces, ¿a dónde va esta montaña de dinero? Primero y lo más importante, la mayoría de los dólares del Estado para ayuda, $309 mil millones, van a Medicaid para los pobres de la nación. Más allá de esto, la historia se vuelve interesante. Se gasta decenas de millones de dólares en asuntos como "desarrollo comunitario", autopistas, salud y educación. Todo pareciera estar bien hasta que se da cuenta que el dinero no debería pasar nunca por la burocracia federal en primera instancia. ¿Existe alguna razón para que temas que son fundamentalmente locales, como la modernización de urbanizaciones o el subsidio del alquiler de la gente, sea pagado por el gobierno federal? Durante años, muchos observadores han documentado la manera en que los estados y localidades desperdician sus recursos al hacer cabildeo para obtener dólares federales, con la esperanza de financiar sus propios programas con los dólares de los contribuyentes a nivel nacional. Esto de por sí es evidencia que se debería hacer algo. Gastar dinero de los impuestos para hacer cabildeo para pedir ayuda federal solo beneficia a dos grupos: a los cabilderos y a los estados y localidades bien conectados que representan. ¿Quiénes pierden? Los individuos a nivel nacional. Funcionarios del Estado parecieran ver fluir el dinero desde Washington como un almuerzo gratis, sin reconocer que alguien debe pagar por ello y, con frecuencia, ese alguien son sus propios electores. El hecho de que el dinero fluya a través del gobierno federal significa que no todo el dinero de los impuestos regresa a sus propias localidades. Los múltiples niveles de burocracia involucrada, y cientos, sino miles de burócratas a lo largo del camino cuestan grandes sumas de dinero solo para administrar la transferencia de cientos de miles de millones de dólares involucrados. Todo esto se resolvería al ponerle fin al rol federal en el financiamiento de actividades estatales y locales y al reducir los impuestos para que los estados puedan financiar lo que consideren que es importante. Alguien pudiera decidir acabar por completo con programas innecesarios, mientras que otros descubrirían que desean incrementar los gastos en cualquier programa que consideren conveniente. En cualquier caso, esto hace que el gasto del gobierno esté más alineado con aquellos que reciben los beneficios. Si los estados y localidades quieren tener subsidios o programas, su propia gente debería pagar el precio. Los residentes de Iowa no tienen por qué pagar por la restauración del deporte de pesca en Guam, así como un neoyorquino no debería pagar por los subsidios para viviendas rurales en Nebraska. Traducido por Adriana Undreiner.

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