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“Yo creo que los egoístas son los socialistas, no los liberales”

By: Jorge Chuya - @JorgeChuya - Dic 14, 2015, 12:42 pm
Cabieses afirma que el liberalismo garantiza la mayor felicidad social. (Crees)
Cabieses afirma que el liberalismo garantiza la mayor felicidad social. (Crees)

EnglishDentro de la sociedad latinoamericana contemporánea se critica mucho a los liberales y se erigen mitos sobre el liberalismo, lo cual hace que muchas mentiras lleguen a oídos de la sociedad civil, que por distintas razones no tiene suficiente acceso a la academia para clarificarlos. Esta es una de las razones por la que el populismo ha tenido tanto éxito en los últimos años, aunque la buena noticia es que soplan los vientos de cambio desde el sur.

Guillermo Cabieses, académico peruano adjunto del Cato Institute, profesor de la Universidad de Lima, la Pontificia Universidad Católica del Perú y la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas, concedió una entrevista a PanAm Post, en la cual realiza una profunda deconstrucción de algunos de estos mitos morales del liberalismo.

¿Hay justicia y moral dentro del liberalismo?

Sí, hay justicia y moral en el liberalismo. El liberalismo tiene un componente filosófico ético muy fuerte, que responde a la posibilidad de cada individuo de ser dueño de su destino, quien decide qué quiere hacer, qué quiere producir, con quién quiere estar, por quién quiere votar, y de ser responsable por las decisiones que toma.

Creo que es la ética liberal es la de la libertad con responsabilidad, y eso claramente tiene un fuerte contenido de justicia. Los liberales no consideramos justo que las personas que no han decidido por sí mismas sean responsables de las decisiones que otras personas han tomado por ellas. Eso es notable, porque a diferencia de las otras visiones en el mundo, en el liberalismo existe responsabilidad individual.

De hecho, los principales teóricos del liberalismo tienen un contenido deontológico muy fuerte. Un marcado contenido principista: se enfocan más en el hecho de que el liberalismo haya resultado en el sistema que más prosperidad ha generado en el mundo. Es tal vez la virtud principal del liberalismo, que puede ser defendido a la luz de los principios de libertad y responsabilidad que lo sostienen, así como sobre la base de los resultados que los sistemas que han aplicado sus principios han obtenido a lo largo de la historia.

El hecho de que tengamos índices, como el que ha publicado últimamente el Cato Institute, en donde se demuestra claramente que mientras más libre es una sociedad, más prospera es, es para los consecuencialistas suficiente para su defensa. Sin embargo, el liberalismo es más que eso: es ver a las personas como fines y no como medios. Entender que las personas deben ser libres para decidir por sí mismas, que nadie tiene el derecho de decidir por otro y de hacerlo responsable de las consecuencias de los actos que él no decidió.

La libertad, para los liberales deontológicos, es buena en sí misma. Es un principio con el que no se transa, e incluso, en el caso negado de que no nos llevase al mejor resultado social, debe defenderse. Más aún, si viviésemos en otro mundo en donde fuese eficiente la economía planificada (lo que sabemos es imposible), igual creeríamos que la libertad es lo correcto, que cada uno tiene que ser dueño de su destino y que no puede ser que una persona tenga esclavizado al resto, total o parcialmente.

Mucho se menciona acerca de que los liberales son egoístas y se les critica por esto, ¿Es malo ser egoísta?

No, no es malo ser egoísta. Los liberales no somos más egoístas que otras personas.Todos los somos en una u otra medida, en el sentido del interés propio. Seamos de izquierda, o de derecha, conservadores, socialistas o liberales. Cada uno de nosotros persigue sus propios intereses, sus propios fines, hace las cosas porque cree que son lo mejor para los que están cerca de él.

Decir que los liberales somos egoístas es una ridiculización de una teoría respecto a cómo se comportan las personas. La teoría económica según la cual las personas se comportan racionalmente y persiguen su interés propio. Ese interés propio puede ser darle satisfacción a mi abuela con un regalo, ayudar a los niños pobres de África o ganar la mayor cantidad de dinero posible. Los tres son intereses propios, los tres son derechos legítimos, lo que dice el liberalismo es que cada quien, persiguiendo su interés propio, como guiado por una mano invisible, como señaló Adam Smith, va a hacer que los demás estén mejor.

El hecho que haya alguien que quiera ganar dinero vendiendo pan, va a darle pan al resto, y no es porque quiera darle pan al resto; es porque quiere tener dinero para comprar otros bienes. De pronto también el carnicero, como en el ejemplo de Smith, que quiere vender la carne no para que la gente tenga con qué comer, si no para que él tenga dinero para poder comprar pan. En eso consiste la división del trabajo, y la división del trabajo no podría darse si la gente no tuviera intereses propios. Entonces los liberales no somos egoístas, todas las personas seguimos nuestro intereses propio, liberales y no liberales.

Más bien, la ventaja es que el liberalismo ha reconocido y ha sabido ver que ese interés propio que cada uno persigue en una sociedad, que espontáneamente evoluciona, permite que todos estemos mejor. Entonces, creo que la crítica es infundada y tendenciosa, porque le atribuye al término egoísmo una categoría que los liberales tratan de evitar. No es egoísta aquel a quién no le interesa nada más que él mismo; es egoísta en el sentido de que uno está persiguiendo su propia mejoría, su propio bienestar y el de su familia y de sus seres queridos, está persiguiendo sus propios intereses.

Ahora, para poner la crítica en perspectiva, también se podría decir que los socialistas son egoístas porque quieren usar el dinero de otros para lo que a ellos les hace sentir bien, entonces yo creo que más egoístas, en el sentido que se usa para la crítica, son los socialistas que los liberales.

En un lugar como América Latina, donde el socialismo predomina e impera un discurso sobre redistribución de la riqueza y las desigualdades económicas, cabe preguntar, ¿es justa la desigualdad?

[adrotate group=”7″]La pregunta de si es justa o no deviene en inmaterial. Uno puede decir es que claramente es una situación que idealmente no que debería darse, pero se da. Como tampoco parece justo que haya enfermedades o terremotos, pero los hay. La pregunta es: ¿Qué se puede hacer para remediar la pobreza? Una alternativa, utópica, es pensar que se puede eliminar por completo mediante la intervención del Estado, como si este fuera una divinidad. Las personas que creen eso, tienen la pretensión de corregir la naturaleza humana y sus esfuerzos han fracasado a lo largo de la historia. Otra alternativa es que las personas que crean que esto es injusto, traten de remediarlo con su esfuerzo, siguiendo su interés propio de remediar tal cosa.

Entonces, si me preguntas es justo, te diría que no me parece justo, como tantas otras situaciones en el mundo, no me parecen justas, me parecen sencillamente lo que son, pero eso no eso justifica que restrinjan mi libertad para remediarlo.

¿Es cierto que los libertarios procuran favorecer a una minoría empresarial dominante y no a los individuos que viven en pobreza?

No, al contrario, es justamente lo contrario, los liberales buscan proteger la competencia, la competencia es la mayor amenaza a la clase empresarial dominante, la clase empresarial dominante deja de ser dominante el día que tiene competidores. Entonces hay lo que se llama crony capitalism en Estados Unidos, que aquí le llaman el capitalismo mercantilista, y que no es capitalismo en verdad, es mercantilismo, el cual es aquel que se enfoca en tratar que la gente que tiene una situación de poder, la mantenga, que es aquel que captura el poder político para su beneficio.

El liberalismo lo que en verdad fomenta es la competencia y premia el éxito y sanciona el fracaso.Eso es capitalismo de verdad, se protege al mercado, no a las empresas. Donde funciona el liberalismo, el poder económico encuentra su mayor amenaza en la competencia y ésta permite que los pobres vivan mejor porque genera puestos de trabajo, crea empresarios, permite conseguir más y mejores bienes a menores precios. Muchísimas más personas han salido de la pobreza gracias al sistema capitalista que al socialista, que más bien ha hecho millones de pobres.

Jorge Chuya Jorge Chuya

Jorge Chuya es estudiante de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en Guayaquil, Ecuador. Se desempeña como coordinador de campus de EPL Ecuador. Síguelo en @JorgeChuya .

Trump aporta dosis de populismo a las presidenciales de EE.UU.

By: Contribuyente - Dic 14, 2015, 12:13 pm

EnglishComo dieron vuelta las cosas. Hace no mucho tiempo era yo el que me rascaba la cabeza con perplejidad. Era yo quien hacía las preguntas. Del otro lado estaban mis amigos latinoamericanos, encogiendo sus hombros con vergüenza, sin poder esbozar una respuesta lógica frente a ellas. No podía entender cómo era posible que un hombre tan poco calificado como Nicolás Maduro pudiera permanecer como presidente de Venezuela. Y les pregunté a mis amigos argentinos cómo es que una mujer tan inestable e insensata como Cristina Kirchner fue elegida para ser presidente en dos oportunidades. En momentos en los que venezolanos y argentinos continúan sufriendo de una crisis económica, lo que más me desconcertó fue ver a estos líderes, rodeado de sus aduladores, dedicándose a distorsionar deliberadamente los hechos de la realidad. Escuché su autopropaganda y retórica beligerante con incredulidad. Y, por un tiempo, funcionó. La cantidad de seguidores aumentó, y se mostraban más fanáticos y leales con cada promesa. [adrotate group="8"]Sin embargo, como hemos visto el mes pasado, las mentiras y engaños de Maduro y Kirchner no fueron suficientes para ocultar las penurias económicas que atraviesan ambos países. Argentina, sólo por tercera vez en los últimos 32 años de democracia ininterrumpida, eligió como presidente a un candidato no peronista: Mauricio Macri. Y por primera vez desde que Hugo Chávez fuera elegido como presidente en 2002, la oposición logró una abrumadora victoria en las legislativas de Venezuela. Irónicamente, al mismo tiempo que América Latina comienza a superar los infructuosos movimientos populista de "izquierda", en América del Norte comienza a emerger un populismo de "derecha". Y su líder, el magnate inmobiliario y candidato presidencial Donald Trump, está tomando prestadas tácticas utilizadas por los propios populistas latinoamericanos que alguna vez fueron objeto de burla en Estados Unidos. Ahora yo soy quien tiene que responder las preguntas a mis amigos de Venezuela y Argentina: "¿Cómo puede ser que Donald Trump encabece las encuestas?¿Has escuchado lo que dijo hoy?¿Crees que pueda ganar?". Perplejo y avergonzado, me encojo de hombros sin saber muy bien qué contestar. Peter Suderman, de la revista Reason, escribió un mordaz artículo sobre el exconductor de reality shows en el que describe a Trump perfectamente: "Es consistentemente grosero y egoísta, y tiende a recaer en insultos y abusos cuando es desafiado. Es xenófobo e intolerante. No dice la verdad cuando se lo cuestiona por sus insultos. Su nivel de madurez es el de un bravucón de secundaria, pero con políticas menos sofisticadas", sostiene Suderman. La imagen mezquina de Trump frente a la cámara me recuerda a las puestas en escena que nos hemos acostumbrado a ver de de Maduro y Kirchner. Estas conductas, históricamente, han sido rechazadas por los votantes estadounidenses y consideradas inapropiadas para acceder a la presidencia. Pero a favor de Trump, cuenta con un gran tacto político y utiliza a los medios en su favor. Al igual que muchos populistas lo han hecho antes que él, identifica los miedos de la gente y los explota. Sin embargo, hay una diferencia que vale la pena mencionar entre la personalidad de Trump y los líderes populistas en América del Sur. Trump alardea de la riqueza que obtuvo en el sector privado, un recurso muy frecuente en el discurso de Trump. Sus contrapartes latinoamericanas, en cambio, esconden su dinero, probablemente obtenido de negocios espurios durante su gestión. Poco sabemos de las propuestas de políticas públicas de Trump, excepto por generalizaciones poco realistas en temas migratorios y en la economía. Como los populistas socialistas de América del Sur, recurre a argumentaciones falaces para defender sus "políticas". En los casos de Maduro y Kirchner, recurrían a los "imperialistas" norteamericanos para descargar sus culpas. Por el otro lado, Trump responsabiliza a los Gobiernos de China y México, y a los 11 millones de inmigrantes ilegales que viven en Estados Unidos (y que en su gran mayoría provienen de América Latina), por "robarse trabajos". Acusaciones absurdas e infundadas. Es injusto para los venezolanos y argentinos que se compare al "trumpismo" con el chavismo o el kirchnerismo. Después de todo, el primero es responsable de una larga y grave lista de violaciones de derechos humanos en Venezuela (entre otros incontables fracasos), y el segundo destruyó la economía argentina, y en el camino gastó hasta el último centavo de las reservas. Hasta el momento, el trumpismo es sólo una retórica de campaña, no obstante los estadounidenses deberían pensar cómo resultó el populismo al sur del a frontera antes que sea demasiado tarde. Traducido por Adam Dubove.

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