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Liberales versus serviles: Reivindicando la supremacía del individuo

By: José Azel - Abr 11, 2014, 10:35 am

EnglishMás de un lector ha denigrado como “ideas políticas derechistas” mis argumentos en temas tales como el salario mínimo, regulaciones gubernamentales, o el alcance del gobierno. Esa etiqueta muestra la incongruencia filosófica del repertorio político americano. En nuestras confusas e inconsistentes afiliaciones políticas, a menudo abogamos por mayores libertades personales mientras que, al mismo tiempo, apoyamos un mayor papel del gobierno en nuestras vidas. No logramos entender que, por definición, un gobierno amplificado implica libertades disminuidas.

La pregunta fundamental en filosofía política se basa en la relación apropiada entre el Estado y los individuos. ¿Cuál debe ser el papel del gobierno en nuestras vidas?

Para algunos, el gobierno debe jugar un papel amplio y activo, utilizando su monopolio del poder coercitivo para lograr una sociedad más igualitaria. En nuestra clasificación política americana, esa es la idea de la Izquierda. Para otros, el papel del gobierno debe estar sujeto a la conceptualización de los Padres Fundadores de un gobierno limitado, preocupado fundamentalmente por la protección de nuestras vidas, libertades y propiedad. Identificamos esas ideas como la Derecha política.

Sobre esas caricaturas de nuestro espectro político etiquetamos despreocupadamente de “liberal” a la Izquierda y “conservadora” a la Derecha. Esos motes son del todo filosóficamente incoherentes.

El liberalismo ha sido asociado históricamente con el gobierno limitado y la preeminencia soberana del individuo, sus libertades y derechos. El término fue acuñado a comienzos de los 1800 en las Cortes de Cádiz, España, donde los llamados Liberales introdujeron reformas que, entre otras cosas, reemplazaron los privilegios feudales con la libertad de contrato, reconocieron los derechos de los dueños de las propiedades, como también favorecieron a la clase media comerciante emergente, eliminando cláusulas exclusivas para la Iglesia y la nobleza. De esa manera, el liberalismo español encarnó la idea del gobierno limitado, término que posteriormente se convirtió en la palabra clave asociada con la filosofía de John Locke, Adam Smith y Thomas Jefferson.

En oposición a eso, el conservadurismo histórico sostiene que es la sociedad que antecede y prima sobre el individuo. Por consiguiente, según la visión conservadora, el poder debe ser conferido no a los individuos, sino a las instituciones, con el Estado (o la Iglesia) como la más alta de ellas. Históricamente, el conservadurismo ha abogado por más gobierno, para que éste complemente al individuo imperfecto. En las Cortes españolas aquellos defensores del poder del Estado eran llamados Serviles, ellos representaban los privilegios de los llamados realistas y estaban a favor del poder absoluto del monarca Fernando VII.

En actualidad, en la mayor parte del mundo, el liberalismo continúa defendiendo el valor supremo del individuo, mientras que el conservadurismo, él del Estado. Sin embargo, lamentablemente, en Estados Unidos el significado del liberalismo ha evolucionado a través del tiempo hasta significar algo sustancialmente opuesto a sus raíces históricas. Según el uso más frecuente, es el liberalismo y la Izquierda los que defienden un mayor papel del gobierno, y el conservadurismo y la Derecha que abogan por el gobierno limitado.

Fuente: Bet.
Logo del Partido Republicano (elefante) y del Partido Demócrata (burro). Fuente: Bet.

En esta clasificación política, ¿dónde colocamos a los Republicanos que están a favor de una menor participación del Estado en la esfera económica, pero al mismo tiempo consienten con el control gubernamental en asuntos sociales? ¿Son liberales o conservadores? ¿O con qué estereotipo político asociamos a los Demócratas que quieren al gobierno fuera de nuestra vida privada (como debería ser) pero no obstante votan por las extensas regulaciones gubernamentales a los negocios? ¿Cuál es finalmente nuestra afiliación partidista si somos fiscalmente conservadores y socialmente liberales? En otras palabras, ¿cómo puede alguien desear al mismo tiempo más y menos libertades personales?

Es uno de los axiomas políticos, que el control sobre el uso del lenguajey el discurso permite controlar la discusión. Gobernantes totalitarios, como Vladimir Lenin en Rusia, Mao Zedong en China, la familia Kim en Corea del Norte, los hermanos Castro en Cuba, y otros, entendieron muy bien que el poder de nombrar las cosas era equivalente al poder de crear la percepción sobre la realidad. Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda en la Alemania nazi, que despreciaba al capitalismo y a los judíos, utilizaba los estereotipos con una terrible eficiencia llamando continuamente a los judíos como materialistas y menos que humanos, todo aquellos al servicio del horror del Holocausto.

Las etiquetas políticas son expresiones abreviadas de opiniones políticas. Históricamente, los auténticos liberales —los que han apoyado consistentemente las libertades individuales, los mercados libres y el gobierno limitado— creen que los liberales americanos les han robado el nombre que los identifica con el objetivo de manipular y redefinir el lenguaje político en sus propios términos. Frustrados por esta apropiación indebida del nombre, los liberales han buscado recuperar su identidad con una retirada a la retaguardia, adoptando términos como liberales clásicos, liberales de mercado, o libertarios.

Sin embargo, una mejor estrategia podría ser pasar a una ofensiva filosófica y de ideas, reclamar nuestro derecho histórico a la terminología liberal, e imitando la actitud arrogante de los liberales americanos, etiquetarlos a ellos como corresponde, como los serviles.

José Azel José Azel

Destacado académico en el Institute for Cuban and Cuban-American Studies de la Universidad de Miami. Azel sufrió el exilio político de Cuba a los 13 años, en 1961, y es autor de Mañana en Cuba. Sigue @JoseAzel.

Venezuela: La lucha por la refundación de la República

By: Pablo Sánchez - Abr 11, 2014, 9:19 am

Las protestas que se han desarrollado en Venezuela no son, en el fondo, por problemas "simples y comunes". Estas manifestaciones han sido —y siguen siendo— producto del descontento acumulado durante los 15 años de este régimen, lo cual, aunado a los abusos y a la brutal represión, ha derivado en una protesta nacional. Yo, al igual que muchos, salgo todos los días para hacer valer mi derecho natural a la protesta. Y no lo hago por "pollo, harina, y un poco de seguridad"; no arriesgo mi vida por migajas. Lo hago porque quiero vivir en una Venezuela libre, próspera y soberana; lo hago porque no quiero que mis representantes en lo público sean impuestos por el dictador cubano Castro, a través de elecciones fraudulentas; así como tampoco quiero que gobierno alguno me ordene qué hacer con mi vida, mi libertad y mi propiedad. Quienes pretenden reducir los motivos de la protesta a carencias materiales dentro de lo "meramente fáctico", con la excusa de que "los pobres no entienden de Libertad y Soberanía", demuestran su desprecio por la dignidad humana, y por el amor patrio. Y es que no hay nada más viable que dar todo para defender a nuestra Venezuela, ni mejor solución a la pobreza —económica— que la Libertad para emprender. Sin olvidar, claro está, que la mayoría de los males "sociales" que padecemos (inflación, escasez, desempleo, ausencia de servicios públicos, etc.) no son sino producto de políticas premeditadas, típicas de un régimen cuyo principal objetivo es la ruina espiritual y material de la Nación venezolana. Es desde La Habana que se rige y se dicta línea sobre nuestra política económica y de seguridad (entre otras), disolviéndose así nuestra Soberanía nacional. Y es que aquéllas no son sino directrices mediante las cuales se pretende dirigir nuestras decisiones individuales, ergo (cercenar) nuestra Libertad; provocando, en consecuencia, la destrucción de la función empresarial, la propiedad privada y la generación de riqueza: únicos elementos realmente fundamentales para recuperar el aparato productivo y dar solución a los problemas sociales. En este sentido, se hace inevitable la exigencia de cambios estructurales reales en las políticas de gobierno, y estos cambios jamás serán aceptados por quienes actualmente detentan el poder político. Para ellos, a nivel mediático, significaría aceptar el fracaso y la invalidez de su socialismo del siglo XXI, aún cuando sabemos que estos cambios son vitales para recuperar a la Nación. A los comunistas no les interesa revertir la crisis económica, mucho menos rescatar a Venezuela; todo lo contrario: les conviene hundirnos en la miseria para enquistarse en el poder, y así mantener con nuestros recursos a sus chulos del Foro de São Paulo. Es por ello que, para terminar con la fuente de nuestros problemas, es de vital importancia deponer a quienes no tienen intención alguna de solucionar la crisis. En el mismo orden de ideas, debe entenderse que el cambio político no debe reducirse a un simple cambio de gobierno. Éste solo sería el primer paso, pues de nada nos serviría construir villas y castillos sobre madera podrida. Para lograr un verdadero cambio, hay que desmontar el sistema político vigente en su totalidad; eso pasa por derribar el discurso clasista (marxista) que tanto ha promovido este régimen y que, lamentablemente, ha calado incluso en ciertos sectores de oposición. (La descalificación de la protesta por una supuesta exclusividad en su origen socioeconómico, es un claro ejemplo de ello) La inflación, la escasez, la delincuencia desbordada, el desempleo, la ausencia de servicios públicos… son meras consecuencias. Para que estos problemas sean solucionados, y para que podamos refundar la República, hay que acabar de raíz con la causa de estos desastres: el comunismo y sus diversas manifestaciones. Es por ello que, quienes tenemos la labor de fungir de conciencia nacional, no podemos dejar las calles ni la protesta, ni mucho menos perder de vista nuestro norte: nuestra Libertad y la Soberanía de Venezuela. Cumplamos con nuestro rol en esta gesta; solo así lograremos que quienes juraron ante la bandera de 7 estrellas proteger nuestra patria, cumplan con el suyo. Libertad o nada.

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