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Daniel Raisbeck: Acuerdo entre FARC y Gobierno colombiano no soluciona el narcotráfico

By: Contribuyente - Oct 21, 2014, 3:31 pm

Nota del Editor: Adriana Peralta recientemente informó acerca de los acuerdos de paz preliminares entre el Gobierno de Colombia y las FARC. Daniel Raisbeck, historiador y profesor de la Universidad del Rosario de Colombia, nos compartió sus comentarios que ya no pudieron ser incluidos en la noticia.

Raisbeck cree que sin despenalizar el mercado de las drogas otros grupos distintos a la guerrilla atenderán la demanda de narcótico (Facebook)
Raisbeck afirma que sin despenalizar el mercado de las drogas otros grupos atenderán la demanda de narcótico. (Facebook)

El Gobierno de Colombia develó el 24 de septiembre los acuerdos de paz preliminares producto del diálogo con las FARC. Los detalles más esperados del documento de 65 páginas son los protocolos para la reforma agraria, la participación en la política y el cultivo de sustancias lícitas como alternativa a la producción de narcóticos.

¿Usted piensa que estos acuerdos son novedad o sorpresa, o están dentro de lo esperado por la población colombiana?

En cuanto al punto de la tierra, es positivo que se cree un sistema sólido de propiedad donde quede muy claro quién es dueño de cada hectárea en el campo colombiano. Actualmente este no es el caso; se dice en algunos sectores que “la informalidad en la tierra de los pequeños campesinos es del 48%” , pero este no es un problema exclusivo del campo. En Bogotá, aproximadamente el 50% de las empresas son informales.

En ambos casos se deben crear mecanismos transparentes y sencillos para registrar propiedades y empresas. Hasta ahora, el Estado ha sido un obstáculo tanto en temas de derechos de propiedad como en generación de empresas. Así que se necesita más eficiencia, menos burocracia y, en el caso del emprendimiento, un régimen tributario basado en bajos impuestos y en la facilidad de acceso a la formalidad. La creación de más programas gubernamentales y de más burocracia perpetuaría el problema.

Algo muy importante es vincular el campo colombiano a los mercados internacionales. Este acuerdo no dice absolutamente nada al respecto. De hecho, una serie de Gobiernos se ha encargado de frenar el progreso de la agricultura colombiana al proteger a muchos sectores de la competencia, por ejemplo en el caso de los cafeteros quienes por muchos años se beneficiaron de precios ficticios, algo que acabó cualquier incentivo a la hora de innovar y de competir. En Colombia debemos ser más abiertos al mundo, y no menos.

¿Cree usted que lo acordado sobre drogas ilícitas: “que más allá de erradicar las plantaciones busca transformar los territorios a favor de las comunidades que los habitan” tendrá resultado? ¿No será que siempre será atractivo el cultivo de las sustancias ilegales? ¿Podría ser que estos acuerdos tuvieran mejores resultados si también se encaminan las políticas públicas hacia una posible legalización de las drogas en Colombia?

Me gustaría concentrarme en el tema del narcotráfico. Mi posición es la siguiente. Tal como está, el “acuerdo” entre el Gobierno y las FARC acerca de los cultivos ilícitos no contribuirá en lo absoluto a solucionar el problema real que ha enfrentado Colombia: la guerra contra las drogas causada por la prohibición.

Estos acuerdos dejan intactas las estructura fundamentales del narcotráfico, ya que las drogas siguen siendo ilícitas y el mercado de la cocaína sigue existiendo a nivel global con una demanda que no ha sido reducida durante las últimas décadas (de hecho el caso es el contrario). Inclusive se continuarían prácticas claramente fracasadas, tal como la fumigación de los cultivos de coca, lo cual ha traído consecuencias devastadoras como la transferencia de dichos cultivos a parques nacionales donde, en teoría, el Estado debe conservar el medio ambiente.

El que el Gobierno y las FARC se comprometan a desarticular “la cadena de valor del narcotráfico” es en realidad irrelevante. Primero que todo, ¿cómo pueden las FARC y Juan Manuel Santos desarticular la cadena de valor del narcotráfico cuando esta empieza por el precio que pagan los consumidores de cocaína en Estados Unidos y en otros países? Sencillamente les queda imposible.

Segundo, en el mejor de las casos, todos los miembros de las FARC se desmovilizarían (algo muy improbable) y dejarían el negocio de la droga —producción, distribución y venta— pero, ya que la demanda global se mantendría, esto sólo crearía un vacío de poder que sería llenado muy rápidamente por grupos armados o cárteles, o por cualquiera que esté dispuesto a tomar los riesgos necesarios para controlar, de manera completa o parcial, esta muy lucrativa industria.

Ya que las drogas se producen y se venden dentro de un mercado negro a causa de la prohibición estatal, es inevitable que, al entrar nuevos grupos a competir por un pedazo del mercado, habría un incremento de la violencia: tal es el modus operandi de grupos criminales que buscan controlar un mercado. Otro sería el caso si estuviéramos hablando de empresas legales compitiendo dentro de una industria legítima y regulada, como puede ser la del alcohol o la del tabaco.

Tercero, las bandas criminales colombianas —en parte aliadas ya con las FARC— muy seguramente buscarían expandir su dominio sobre el negocio del narcotráfico al retirarse la guerrilla total, o lo que es más probable, parcialmente de este. Pero lo más preocupante es la presencia de los cárteles mexicanos, los cuales ya están en Colombia, incrementando su poder en este país. El acuerdo actual dejaría el campo abierto para que dichas organizaciones criminales u otras que todavía no son conocidas establezcan su dominio sobre el narcotráfico por medio de la fuerza.

Para resumir, el acuerdo entre el Gobierno y el grupo guerrillero no ofrece ninguna solución al problema fundamental del narcotráfico y de las devastadoras consecuencias que ha dejado en Colombia la guerra contra las drogas. Así las FARC se retiren del negocio ilícito, Colombia se vería sumida muy pronto en el próximo ciclo de violencia financiada por la ilegalidad de la droga. Sería una victoria pírrica más para el Estado colombiano en la lucha contra el narcotráfico, tal como las “victorias” contra el Cártel de Medellín, el Cártel de Cali y los narcoparamilitares.

Quienes ven tal acuerdo con esperanzas de una paz real son víctimas de un optimismo no fundamentado en la realidad.

Editado por Elisa Vásquez

Venezuela, una tierra de logros internacionales y desastres domésticos

By: Javier Garay - @Crittiko - Oct 21, 2014, 1:53 pm
venezuela

EnglishLa semana pasada Venezuela fue elegida, por una abrumadora mayoría de países, para ocupar una silla en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (ONU) en calidad de miembro no permanente. No es que este nombramiento sea algo realmente importante. Colombia ha tenido la misma calidad en diversas ocasiones y los beneficios no han sido perceptibles en ninguna dimensión. Ahora bien, es evidente que el Consejo de Seguridad no es muy efectivo en resolver ninguno de los problemas internacionales, como lo demuestra la persistencia de la crisis en Siria y la incontrolable y creciente amenaza del Estado Islámico (ISIS), además de muchos otros hechos históricos. Así, no es que el nombramiento de Venezuela en el Consejo de Seguridad de la ONU sea algo determinante para Venezuela, pero sí es revelador en dos sentidos. Por un lado, demuestra el tipo de organización en la que Naciones Unidas se ha convertido. No solo en algunas de sus agencias se concibe el estatismo como un fin en sí mismo —por ejemplo en lo que a desarrollo se refiere. También en esta organización, supuestamente interesada por la paz y la seguridad mundial, parece reconocerse a los regímenes que, como el venezolano, encarnan el desprecio por los únicos principios que pueden mantener la paz en el mundo: la interdependencia que solo genera el libre comercio, la superación de los odios por nacionalidad, la no intervención en los asuntos domésticos de otros Estados, entre otros. Al no tener ningún éxito para mostrar en el plano doméstico, sino solo vergüenzas y errores, Maduro trata de exaltar los reconocimientos internacionales. Por el otro, el nombramiento le sirve a los líderes del régimen venezolano. El presidente Nicolás Maduro, con su acostumbrada demagogia, presentó el nombramiento como un respaldo del resto del mundo a su régimen. Y en el fondo, tiene razón. Los países que votaron por Venezuela en realidad votaron por un Gobierno que persigue y encarcela a la oposición, que cercena casi todas las libertades individuales y que quebró la economía de su propio país. Nicolás Maduro se comporta como se puede esperar de ese tipo de dictadores. Al no tener ningún éxito para mostrar en el plano doméstico, sino solo vergüenzas y errores, trata de exaltar los reconocimientos internacionales, igual que el régimen cubano. No obstante, esa exaltación lo que debe es generar rechazo, ya que demuestra cómo tantos Gobiernos alrededor del mundo, de manera indolente, legitiman los excesos, las atrocidades que adelantan algunos líderes en sus propios países. Más que rechazo, esto debería generar preocupación. ¿Tantos líderes en el mundo aprueban los excesos del régimen venezolano? ¿Tantos líderes lo ven con buenos ojos? ¡Esta debe ser una señal de alarma para la libertad en el mundo! Del lado de Venezuela, como decía, es simplemente una forma para que los líderes del Gobierno se sientan más tranquilos por el desastre que han causado en el país —desastre que también la semana pasada tuvo otra demostración. El pasado 15 de octubre partió de Argelia un buque, cargado con petróleo, con destino a Venezuela. Esta se convertiría en la primera importación de un recurso del que Venezuela tiene las mayores reservas del mundo, pero cuya producción ha disminuido de manera sistemática desde la llegada al poder del socialismo del siglo XXI. Mientras ellos viven de logros simbólicos, los ciudadanos pierden todas sus libertades. No nos equivoquemos. El comercio internacional, cualesquiera sean los actores involucrados o los bienes intercambiados, es una buena noticia en cualquier parte, en cualquier momento. No obstante, este caso en particular demuestra la gravedad de las decisiones adoptadas por el régimen venezolano. Han sido tantos los errores cometidos, tan alto el saqueo a la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) que en la actualidad el país se ve obligado a importar un recurso, el único bien, en el cual era autosuficiente. El mismo recurso que le permitió al Estado gastar a manos llenas en programas cuyos beneficios no son claros, despilfarrar en políticas cuya única intención ha sido la de instaurar un régimen casi totalitario y, como es de costumbre cuando las dos anteriores se presentan, enriquecer, a través de la corrupción, a unos pocos. La cosa se agrava cuando se tiene en cuenta la caída en los precios del menor volumen de petróleo que produce el país, como consecuencia del incremento en los flujos internacionales de comercio de este bien. De esta manera, el Gobierno venezolano se verá afectado en su habilidad despilfarradora en los años por venir. Incluso, se podría pensar en la posibilidad de la declaratoria de un default. Pero nada de esto le importará al sátrapa Nicolás Maduro y a su círculo cercano. Al fin y al cabo, tienen reconocimientos en Naciones Unidas y por parte del actual secretario general de la inútil –y peligrosa– UNASUR. Mientras ellos viven de logros simbólicos, los ciudadanos pierden todas sus libertades y, en el proceso, hasta lo más mínimo que necesitan para tener una vida decente. Miseria y pobreza generalizadas conviven con inservibles logros internacionales. Igual que en Cuba.

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