Tres sacerdotes salvadoreños culpables de pederastia

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Jesús Delgado es uno de los sacerdotes encontrados culpables.
Jesús Delgado es uno de los sacerdotes encontrados culpables. (La Página)

En El Salvador tres sacerdotes fueron encontrados culpables de abuso sexual a menores de edad, sus juicios fueron hechos en el Vaticano. Los tres sacerdotes, monseñor Jesús Delgado y los sacerdotes José Antonio Molina y Juan Francisco Gálvez, han sido separados de la Iglesia católica, perdiendo total y definitivamente todas las facultades sacerdotales.

“En adelante, ellos no podrán ejercer ningún oficio ni función sacerdotal conforme al canon 292 del Código de Derecho Canónico. Estas resoluciones de la Santa Sede han sido ya comunicadas respectivamente a cada uno de los mencionados sacerdotes; también lo hemos comunicado a las víctimas, a cada uno de los casos respectivamente, y hoy lo hacemos de conocimiento a todos”, dijo monseñor Escobar, arzobispo de San Salvador.

Hasta noviembre de 2015 monseñor Jesús Delgado era el tercero al mando de la Iglesia católica de El Salvador. Fue suspendido por los cargos de pederastia. Fue denunciado por una mujer de 42 años que aseguró que fue abusada por Delgado cuando ella tenía entre 9 y 17 años.

Juan Francisco Gálvez, quien era párroco en un municipio del interior de El Salvador fue suspendido bajo los mismos cargos. El mismo caso fue el de José Antonio Molina Nieto.

“Ciertamente lo que significan las resoluciones de la Santa Sede en estos tres casos de los sacerdotes de esta Arquidiócesis es la preocupación de la Iglesia por el bien de los niños y de las niñas; es el sentir de la Iglesia como madre amorosa –como ha dicho el papa– en favor de los pequeños, de los más débiles… Es que la Iglesia está con las víctimas. Significa poner además la disposición del papa, que tantas veces ha repetido la cero tolerancia en estos casos… Es un paso adelante”, reiteró el arzobispo de San Salvador.

Escobar aceptó la resolución de los procesos penales en contra de tres sacerdotes salvadoreños que se dieron a conocer ayer: “Es duro, pero esto nos va a ayudar, nos hará madurar, nos hará crecer. Espero que haya una actitud madura de parte de todos para ver la bondad de esta situación; porque después de todo, la Iglesia actúa así por el bien de todos”.

“No están otros casos en nuestra Arquidiócesis con seguimiento, no hemos tenido más demandas, ni tenemos procesos… Pero estamos abiertos para cualquier denuncia y darle seguimiento. Nosotros estamos en sintonía total con el sentir del papa sobre cero tolerancia sobre esto”, finalizó Escobar.

¿Qué pasara con estos sacerdotes?

No necesariamente los tres sacerdotes serán procesados en los juzgados civiles salvadoreños, porque los delitos que les imputan habrían caducado. Sin embargo, podrían entablar alguna demanda de tipo civil por daños ocasionados. Los delitos sexuales prescriben diez años después de que la víctima cumple su mayoría de edad (18 años). Y si los delitos fueron cometidos en 1980, a la fecha ya hacen 36 años, por lo que las víctimas ha perdido años para entablar la demanda contra los sacerdotes.

 

El 29 de noviembre de 2015, José Luis Escobar Alas pidió perdón a las víctimas y llamó a la Asamblea Legislativa a suprimir la prescripción de los delitos de violación a menores.

La separación de los religiosos de la Iglesia católica es la pena más grave contemplada por el Código de Derecho Canónico (canon 1336, n°5), por caso de abusos sexuales. Esto no significa que la persona esté excomulgada de la Iglesia, lo cual quiere decir que puede acudir a los sacramentos siempre y cuando esté arrepentida del pecado cometido.

Teológicamente hablando, el orden sacerdotal es uno de los sacramentos que imprimen carácter y, por tanto, nunca se deja de ser sacerdote: la expulsión es una pena que limita el ejercicio de ese oficio.

La Conferencia Episcopal de los Estados Unidos, en las normas esenciales, prevé que “si la pena de remoción del estado clerical no se ha aplicado (por razones de la edad o de enfermedad avanzada), el delincuente deberá conducir una vida de oración y penitencia. No se le permitirá celebrar la misa públicamente o administrar los sacramentos. Se le ordenará no usar el traje clerical, o presentarse públicamente como sacerdote”.

Fuentes: El Diario de Hoy, La Prensa Gráfica.

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