Victoria de Vox en el debate español

Abascal se ha metido de lleno con todos los dogmas de la corrección política vigente

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Santiago Abascal, líder de Vox. (Efe)

El Debate Electoral 2019 de España que se ha celebrado este lunes 4 de noviembre, ha sido histórico para la derecha. Y con “derecha” nos referimos, naturalmente, a VOX, el partido liderado por Santiago Abascal.

Lo de “histórico” no parece ser una exageración, en vista de varios aspectos que deberíamos aquí considerar, empezando por la propia percepción de la gente y los medios masivos de comunicación. Y es que, como es sabido, la figura de Abascal ha sido sistemáticamente despreciada y odiada por todo el establishment mediático que, hegemonizado por el progresismo, naturalmente desprecia y odia a un líder político que se enrola en la derecha y hace caso omiso de los dogmas progresistas en boga y, lo que es más, lo hace sin pedir permiso ni perdón. En tal sentido, hay contundencia el hecho de que esos mismos medios no tengan ahora más remedio que admitir la incontestable victoria de Abascal en el debate.

Así lo hemos visto, pues, en diarios vinculados al PSOE como El País, cuanto en diarios más cercanos a Ciudadanos, como El Mundo, y en diarios próximos al PP, como ABC. Tan evidente ha tenido que ser la victoria, como para que publicaciones sistemáticamente hostiles hacia VOX no puedan sino reconocer su triunfo. Y es que el mismo reconocimiento provino del público que participó en encuestas: en la de El Mundo, con más de 400 000 participantes, ganó Abascal; en ABC, con más de 60 000 participantes, ganó Abascal; en El País, con casi 170 000 participantes, también ganó Abascal. Claro que en las encuestas la militancia de base siempre trata de inclinar la balanza hacia el partido que la representa; pero, acaso, ¿no tiene también militancia de base organizada (e incluso más experimentada, cuantiosa y financiada que la de Vox) el PP, el PSOE, Ciudadanos o Podemos? Una justificación de tal tipo no puede contestar seriamente esta pregunta.

Abascal, pues, ha sido el gran ganador del debate, y sobre ello parece no haber duda, ni en el público general, ni en los medios que tanto le han combatido y denostado. Lo que hemos visto, en suma, son los auspiciosos resultados del cambio de estrategia comunicacional de Vox, en el sentido de no confiar todo a las redes sin más (que es lo que se hizo en las anteriores elecciones), sino meterse de lleno también en terreno enemigo y hostil; esto es, en los medios masivos tradicionales. Desde allí parecen estar saltando la valla del micromundo que se había creado en las redes, y que a veces hace “flipar”, como dicen los españoles. En efecto, millones de ciudadanos, para bien o para mal, están escuchando ahora a Vox por otras vías, porque si bien Internet se está comiendo a los medios tradicionales, estos todavía no han sido digeridos y su valor en política jamás puede ser desconsiderado.

Lo interesante del desempeño de Abascal, más allá de aspectos técnicos como posturas, imagen, lenguaje corporal, y ese tipo de cosas que interesan a los asesores de ocasión, ha sido el contenido concreto de su mensaje. Pues lo cierto es que se ha metido de lleno con todos los dogmas de la corrección política vigente, posicionando a Vox como una alternativa definida por el compromiso no tanto con el poder, sino más bien con las ideas de la derecha. Y así pudo diferenciarse radicalmente de sus cuatro contendientes, evidenciando que, en los fundamentos últimos, todos ellos responden a lo mismo. Por ello Abascal no dudó en criticar duramente el globalismo político liberticida, la inmigración ilegal, la ideología de género, la reescritura de la historia y la profanación de la tumba de Franco. Por ello también solicitó la reducción de la inmensa burocracia estatal que existe en España y condenó al terrorismo separatista.

En semejante contexto, Pablo Iglesias no pudo más que mostrarse sustancialmente deslucido. En efecto, su capital político y discursivo más importante siempre ha sido su condición de “antisistema” y hasta de “subversivo” que, sin embargo, con lo de Abascal, ha quedado claro que si hay algo verdaderamente antisistema y subversivo en este momento es la derecha, y que la izquierda es solo orden establecido decorado con falta de higiene personal y roña acumulada tras varios días sin contactar con el jabón. Tal vez aquello de las “mamadas” (terrible acto fallido de Iglesias, al querer referirse a la “manada” de violadores) ilustre la falta de brillo a la que nos referimos, con la que el líder izquierdista devino en el “hazmerreir” de la velada, y con la que lo continuó siendo en la tendencia que ocupó el primer puesto de las redes todo el día de hoy: #MamadasPodemos.

En cuanto a la llamada “centro-derecha” o más bien “centro”, quedó claro que lo que está sobrando en el esquema partidario español es, ahora mismo, Ciudadanos. Esto último que ya se pronosticaba hace algunas semanas (esto es, un descenso de Ciudadanos en las próximas elecciones) parece cumplirse al menos en el desempeño de Rivera en el debate en cuestión. Este fue, en efecto, el gran perdedor de la noche, según las encuestas realizadas por los diversos medios ya citados, y probablemente sea también el gran perdedor de las elecciones del 10 de noviembre.

Según revelan los sondeos, y si el debate que estamos comentando tuviera efectivamente impacto político a la hora de ir a las urnas, entonces Vox, que es hoy día quinta fuerza política de España, pueda consagrarse como tercera, superando a Ciudadanos y, quizás, al Podemos de Iglesias.

Y semejante cosa sería histórica, sobre todo en un país como España, donde la izquierda parece dominarlo todo al punto de dominar también a la llamada “centro-derecha” (léase, al PP) y su agenda política y cultural. Pues una victoria de Vox de semejante magnitud podría ser el principio del fin de esa dominación, y podría ser, por lo tanto, la evidencia de que una nueva derecha no solamente es necesaria, sino, también, posible.

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