El aniversario de Alberdi

«¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro, que no le haga sombra», Alberdi

En la biblioteca de Alberdi se encontraban obras de Adam Smith, Bentham, John Stuart Mill, Foustel de Coulanges, Say y Constant. (Infoplata)

El sábado pasado se cumplió una nueva fecha del onomástico de quien fuera el mayor artífice de la Constitución liberal argentina. Es de gran interés subrayar que desde su autoexilio en Valparaíso, Alberdi le recomendó a su amigo Félix Frías —en ese momento corresponsal en París del diario chileno El Mercurio— que le ofreciera a Gustave de Molinari enseñar en la Universidad de Chile (un autor muy ponderado por Murray Rothbard en su multivolumen Historia del pensamiento económico), pero como el destinatario no pudo aceptar por razones de salud, le sugirió que lo hiciera con Jean Gustave Courcelle-Seneuil, quien tomó con mucho entusiasmo la invitación y se trasladó a Santiago un par de meses después.

Courcelle-Seneuil fue el primer profesor liberal en el país trasandino con lo que allí se abrió una nueva perspectiva y dejó una serie importante de destacados discípulos que lo han homenajeado en muy diversas oportunidades. El que estas líneas escribe publicó por la chilena Universidad del Desarrollo un libro titulado Jean Gustave Courcelle-Seneuil. Un adelantado en Chile donde se alude en detalle a los temas más importantes de la enseñanza de este distinguido economista francés.

También es del caso hacer referencia a una compilación de Carolina Barros con todos los artículos publicados en Chile por Alberdi en el libro titulado Alberdi, periodista en Chile. Entre muchos otros temas, en estos textos aparecen sus críticas a la tiranía rosista, sus referencias al contrabando debido a «las opresiones por los reglamentos» y a su reiterada preocupación por la educación, puesto que «la riqueza no nace por encanto».

En este último sentido, en el tomo segundo de sus Obras completas resume sus inquietudes en la materia en un ensayo sobre “Asuntos del Plata”, donde enfatiza la trascendencia del debate de ideas, ya que lo necesario para prosperar es «un buen sistema de opiniones, porque siendo la acción la traducción de las ideas, los hechos van bien cuando las ideas caminan bien».

Es muy importante contar con sistemas educativos abiertos y competitivos donde nadie desde el vértice del poder se arrogue la facultad de imponer estructuras curriculares, puesto que el proceso educativo en busca de la excelencia es por su naturaleza uno de puertas abiertas en un contexto evolutivo de prueba y error. Por no saber en su momento captar las potencialidades de Alberdi es que el rector de Colegio de Ciencias Morales en Buenos Aires donde lo enviaron parientes desde Tucumán (su madre murió en el parto de Juan Bautista y su padre murió cuando tenía diez años), decimos entonces que por no captar su vocación e inclinaciones es que Manuel Irigoyen —el rector de ese colegio— informó por escrito que «Alberdi tiene una aversión sin límites al estudio», por lo que su hermano Felipe lo retiró del colegio durante un período. Mucho más adelante terminó sus estudios de abogado, pero no se graduó porque se negó a jurar por el antedicho tirano, trámite de graduación que cumplió luego en Montevideo, título que más adelante revalidó en Chile.

Como consigna en su autobiografía, en la biblioteca de Alberdi se encontraban obras de Adam Smith, Bentham, John Stuart Mill, Foustel de Coulanges, Say y Constant. Para esta nota periodística basta con resumir su pensamiento en seis citas clave de su obra que ilustran sus principales desvelos.

  • Primero, su crítica al positivismo legal: «saber leyes, pues, no es saber derecho».
  • Segundo, su aversión al estatismo: «El ladrón privado es el más débil de los enemigos que la propiedad reconozca. Ella puede ser atacada por el Estado, en nombre de la utilidad pública».
  • Tercero, su advertencia respecto a las cargas fiscales: «Después de ser máquinas del fisco español, hemos pasado a serlo del fisco nacional, he aquí todo la  diferencia. Después de ser colonos de España, lo hemos sido de nuestros gobiernos patrios».
  • Cuarto, su arenga a la energía creadora en libertad: «¿Qué exige la riqueza de parte de la ley para producirse y crearse? Lo que Diógenes exigía de Alejandro, que no le haga sombra».
  • Quinto, su alarma frente a la inflación: «Mientras el gobierno tenga el poder de fabricar moneda con simples tiras de papel que nada prometen, ni obligan a reembolso alguno, el «poder omnímodo» vivirá inalterable como un gusano roedor en el corazón de la Constitución».
  • Y sexto, los límites del poder para que centre su atención en la seguridad y la justicia: «Si los derechos civiles del hombre pudiesen mantenerse por sí mismos al abrigo de todo ataque, es decir, si nadie atentara contra nuestra vida, persona, propiedad, libre acción, el gobierno del Estado sería inútil, su institución no tendría razón de existir».
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