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La intolerancia de ambos lados en el debate acerca de la familia

Por: Andrea Kohen - @AndreaKohen - Jul 17, 2017, 2:26 pm
(Flickr)
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Para mayor objetividad y habiendo pasado unos días, ya es tiempo de analizar el paso del “bus de la libertad” que recorrió las calles de la capital de Chile y otras ciudades del país con un mensaje que rezaba así: “Con mis hijos no te metas, Nicolás tiene derecho a un papá y una mamá. – Estado + familia”  y al reverso podía leerse: “Los niños tienen pene y las niñas tienen vulva, que no te engañen si naces hombre eres hombre y si eres mujer seguirás siéndolo”.

Frente a este mensaje, los movimientos y fundaciones que defienden los derechos de las minorías sexuales reaccionaron con fuertes críticas, y además agregaron un recorrido con el “bus de la diversidad” que seguía al primero como para contrastar su efecto.

El compromiso con la verdadera libertad exige un análisis sin tapujos sobre la situación que nos permita explicar las reacciones tan intensas que provocó el paso de este bus, pues muchos alegaban que no tenía derecho a circular pues su mensaje incitaba al odio y otros alegaban que en un país con libertad de expresión, perfectamente puede circular ese bus y cualquier otro y que si la comunidad LGBTIQ podía organizar sus desfiles del orgullo, los que discrepan pueden expresarse también.

¿Cuáles son los miedos que desatan las más intensas reacciones?

Primero hay que separar los temas y entender qué significa la diversidad. La palabra misma lo explica, significa ser diferente, distinto a otro, no igual. En el caso de las minorías sexuales significa no ser heterosexual como lo es la gran mayoría, lo que implica sentirse atraído por alguien del mismo sexo. Esto nada tiene que ver con la identidad de género de la persona, pues esto último es como el individuo se identifica a sí mismo independiente de la atracción que sienta hacia otra persona.

En esto, parece que hay una tremenda confusión, ya que se mezclan todos los temas y las personas más conservadoras creen sin vacilar un momento que ambas cosas son lo mismo y que si una persona es gay, puede influenciar a otro para que lo sea y que esto modificará su comportamiento para hacer que se asemeje al sexo opuesto. Nada más lejos de la realidad. Una cosa es la identidad de género y la otra es la orientación sexual. Ninguna es contagiosa y hoy por hoy, la ley no impone ninguna de estas condiciones a nadie.

Los temores se disparan cuando la gente comienza a escuchar la frase “ideología de género” que es una especie de punto culmine de aquellos que defienden la transición para cambio de sexo y que llegan a desear y exigir una legislación que permita que el Estado incluso atropelle el derecho de los padres de educar a sus hijos y quitárselos de ser necesario si estos no creen que su hijo/a tenga la madurez para estar seguro de su identidad de género.

No es lo mismo que aquel  estandarte que se defendía a inicios de los movimientos de liberación, donde se apostaba por exigir una legislación no discriminatoria que permitiera que personas adultas y menores expresamente apoyados por sus padres, pudieran hacer la transición no sólo quirúrgicamente sino en los papeles civiles.

 

La transformación en el mensaje con el paso de los años hace que las suspicacias y la resistencia comiencen a emerger y  las personas en vez de sentirse inclinadas a defender los derechos de los demás, tiendan a resistirlos por pensar que la forma de vida del otro les será impuesta. Esto se nota mucho más cuando un país se vuelve más estatista y el individuo pierde protagonismo. Parte del problema es que le llamado “lobby gay”  en el mundo ha conseguido ciertas conquistas sociales como el matrimonio libre, la adopción y si bien no es la mayoría de las personas, los ejemplares de la comunidad LGBT que salen a las marchas del orgullo, presentan espectáculos no aptos para niños.

Pasó de ser una celebración de la libertad a un despliegue semierótico de aquellos que se han sentido reprimidos toda la vida y hoy quieren rebelarse totalmente y descartar de plano todo tipo de pudor sin consideración de los menores que puedan participar en la actividad. Esto genera resistencias así como las generó en la comunidad LGBTQI cuando se cansaron de que sus derechos civiles fueran una y otra vez pisoteados.

Del otro lado también hay miedos, ya que el paso de un bus con semejante mensaje, que parece mezclarlo todo sin hacer las diferencias y sobre todo sin educar sobre el tema, podría de alguna manera influenciar a la política que en Chile hoy por hoy parece funcionar en respuesta a la calle. El gran temor que ven las minorías sexuales en todo esto es que los pocos derechos que ha logrado conquistar, como el acuerdo de vida en pareja, sean retirados sin esperanza de obtener lo que aún falta, que es el matrimonio libre con la capacidad de adoptar. Asunto que sería mucho más fácil de resolver si se entendiera realmente lo que significa Estado laico e igualdad ante la ley, pero en países como chile, este tipo de libertades se teme por simple y llana ignorancia.

Pareciera que los temores están fundados y esto responde al poder que tiene el Estado en la vida de las personas.  Algo de cierto decía el llamado “bus de la libertad” menos Estado y más familia. Esto va para los dos lados. Que el Estado no determine qué es familia sino los lazos naturales que se van dando (estos pueden ser diversos) y por último, que la libertad sea efectiva significa que ese bus, tiene todo el derecho de pasearse por las calles pese a su mensaje cargado de temores y suspicacias.

Para realmente ser tolerantes, hay que entender que todos tienen un espacio y que dichos espacios no pueden ser arrebatados por la fuerza.  En ese sentido, el verdadero bus de la libertad rezaría: Menos Estado, más sociedad civil. Que viva la república y que se respete la Constitución.

Andrea Kohen Andrea Kohen

Andrea Kohen es historiadora, economista y licenciada en educación. Síguela en @AndreaKohen.