Socialismo: ¿mitos o realidades?

A 200 años de Marx y aún hay quienes no comprenden que es la libertad la que ha detonado los grandes avances del mundo moderno

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Socialismo: ¿mitos o realidades?(Archivo)

Con motivo de la celebración de los 200 años de Karl Marx, las diputadas comunistas, Camila Vallejo y Karol Cariola compartieron un video donde lo que pretendían hacer era derribar supuestos mitos sobre el marxismo, dando a entender que el mencionado autor solo ha sido mal interpretado por sus opositores que no han querido entender sus verdaderas intenciones y que una vida llena de lujos no se contradice con el comunismo.

Algunas de los comentarios de las congresistas fueron los siguientes: “Marx estaba en contra de la propiedad privada en los medios de producción, para que nadie se apropiara del trabajo del otro. Pero no tendrás que compartir tu cepillo de dientes o los calzones (ropa interior femenina)”.  Otro de los supuestos mitos que pretenden derribar son los constantes cuestionamientos a que ellas no deberían usar iPhone por ser seguidores de Marx, pregonando que Marx no estaba en contra de la tecnología y recordando que fue en Unión Soviética donde se empezaron a desarrollar los primeros teléfonos celulares.

Sería bueno que las diputadas se molestaran en revisar varios libros de historias y enciclopedias antes de dictar cátedra sobre los avances tecnológicos del mundo occidental y por supuesto que meditaran muy bien sus palabras antes de comentar sobre las verdaderas intenciones de Marx, cuyos herederos han implementado una y otra vez el fracaso de sus propuestas.

En primer lugar, la aseveración de que Marx estaba en contra de la propiedad privada en los medios de producción y no a nivel personal, es casi oximorónica, pues toda la producción nace de la revolución industrial, que alguien ideó en su propia casa, en su propiedad privada personal, no estatal.

El primer invento de la Primera Revolución Industrial fue la lanzadera volante por John Kay en Reino Unido en el año 1733, lo que permitió duplicar la capacidad de los tejidos. Ante la nueva demanda de hilo otro invento llegaría, la máquina de hilar Spinniing Jenny (1734) que multiplicaba la capacidad de los hiladores.

Esto se hizo mucho antes de que existiera la fábrica como lugar de trabajo, pues dichos inventos fueron desarrollados por personas naturales que querían tener una ventaja comparativa sobre sus competidores del rubro. El hecho de que sus máquinas lograran ser consideradas más valiosas que el producto bruto que producían solo se ajusta a la teoría del valor, en cuanto este es subjetivo y por lo tanto es esto lo que convirtió dichos mecanismos en productos en sí mismos que a la larga se insertaron en la conciencia comercial imperante desarrollando una temática de producción en línea  y en masa.

Sin la propiedad privada de los medios de producción que permiten mejorar tanto la calidad como la cantidad de aquello que se produce con el propósito de competir y ser más rentable, probablemente no habría habido revolución industrial y quién sabe si hoy nuestra velocidad aún no superaría la potencia del caballo. Al igual que Marx, las diputadas parecen estar felices y cómodas en la más profunda ignorancia de las ciencias económicas.

Al igual que los teléfonos móviles, que según las diputadas, nacieron en la ex Unión Soviética, estos aparatos son producto de la competencia por las comunicaciones dentro del mismo mundo occidental. La URSS llegó a copiar los modelos ya desarrollados en países capitalistas dentro del marco de la carrera espacial y guerra fría, pero no sin tomar modelos, prototipos y máquinas ya desarrolladas por otros.

De hecho, en 1923, el cuerpo de policía de Victoria, Australia, fue el primero en utilizar comunicación inalámbrica dúplex en coches, poniendo fin a la práctica de dar reportes policiales en las cabinas de teléfono públicas. Estos primeros aparatos solo fueron usados por el gobierno hasta los años 40, cuando se extendió al público general.

Los primeros en ofrecer telefonía móvil comercial fueron los de la compañía AT&T que apareció en 1946 en San Luis, EE. UU  y comenzó entonces a operar el MTS, o Mobile Telephone System, que poco después estaría disponible en más de 100 ciudades y autopistas. Gracias a la competencia entre nuevas compañías de comunicaciones en Estados Unidos y Escandinavia, ya para 1964, EE. UU contaba con 1,5 millones de usuarios de teléfonos móviles.​

En Europa, la primera red de telefonía móvil fue instalada por la compañía nacional de telefonía sueca, Televerket, en 1955 y recién se suma la URSS en los años 60 con modelos experimentales de poco gramaje desarrollados por el ingeniero L.I Kupryanovich, quien se tomó de los prototipos probados de Estados Unidos y estos era solo para uso gubernamental, sin tener un 100% de funcionamiento y operando mayormente como radios portátiles.

La primera descripción de un sistema celular apareció en un trabajo de D.H. Ring, de los Laboratorios Bell, en 1947, y en la década de los 60, todas las grandes compañías de telecomunicaciones conocían el concepto celular. Finalmente los Laboratorios Bell, EE.UU, presentaron un sistema que cumplía con los requisitos comerciales necesarios, cuya patente fue aprobada en 1972.

Esto es importante, porque las diputadas creen que sin el privado, ellas siguen teniendo el derecho a usar celular, cuando en realidad, sin el privado, no existirían dichos dispositivos. Por lo tanto aferrarse al socialismo es aferrarse a que no haya incentivos para estos grandes descubrimientos que a todos nos han cambiado la vida. Sin competencia, sin la promesa de que algún día, el esfuerzo, el trabajo duro reportarán beneficios, no se generarían incentivos para competir y crear, por lo tanto es un mito que el socialismo genera desarrollo, que no crea pobreza, que es más justo por la igualdad que provoca aunque esta sea en la miseria.

A 200 años de Marx y aún hay quienes no comprenden que es la libertad la que ha detonado los grandes avances del mundo moderno, las mejoras en la vida de las personas y con el corto tiempo ha derrotado más pobreza que milenios de autoritarismos estatistas y décadas de utopías socialistas.

 

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