Tolerancia hacia la diversidad

Nunca fue más importante que hoy defender la verdadera diversidad

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Tolerancia hacia la diversidad. (IC)

Contrario a lo que pueda sugerir a simple vista el título de esta columna, el tema central no son las minorías de cualquier tipo que exigen sus derechos de una u otra manera, sino que es  un retorno hacia la literalidad del mensaje en sí. Tolerar a quien es diferente, diverso, distinto a mi.

El asunto puede entendersea la luz de lo que pasa en Chile cuando se ha instalado fuertemente un discurso de lo políticamente correcto, de lo aceptable y lo no aceptable y cuando se ha creado la cultura de que la mejor hoja de vida, no es la experiencia ni el estudio sino la militancia política.¡ Ay de aquellos que no se ajusten a dichos parámetros progresistas! porque para ellos no habrá tolerancia.

La reciente propuesta del gobierno para el nombramiento de una nueva ministra de la corte suprema, Angela Vivanco, cuya experiencia académica y laboral es intachable e impecable desde cualquier punto de vista, ha generado críticas y dura resistencia en la izquierda que hoy es oposición.

¿Qué sería aquello tan terrible que la magistrada hizo, que genera tanto rechazo en casi todo un sector político? No es cualquier cosa que los infantiles y dividios partidos de la ultra izquierda, hayan decidido poner en pausa sus rivalidades internas para unirse en contra de este nombramiento.

Giorgio Jackson de Revolución democrática (partido de la izquierda radical) lo tildó de “impresentable”, “inaceptable”, “caer bajo”, etc. Mientras que otros como Álvaro Elizalde del partido socialista, sin más argumento que el hecho de que la propuesta provenga del gobierno de centro derecha, se negó a apoyar la nominación rompiendo así un acuerdo previo que tenía con otros partidos y demostrando una vez más, que a la izquierda le interesa más tener el poder que construir un Chile para todos. Pese a rechazo socialista, Cámara Alta respaldó nombre de la abogada como nueva ministra de la Suprema.

Fue el senador Juan Ignacio Latorre (RD), quien llamó públicamente a sus pares a rechazar el nombre de Vivanco, puesto que -a su juicio- su trayectoria “no daba garantías de imparcialidad” en el máximo tribunal. Entendemos entonces cual es el gran pecado de Ángela Vivanco, quien es doctora en Derecho, profesora adjunta de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica, presidió  el desaparecido Partido de Unión de Centro Progresista (UCCP) y fue candidata a diputada por Renovación Nacional.

La gran resistencia hacia su persona radica en que la hoy magistrada, es abiertamente contraria a la despenalización del aborto en 3 causales y tiene opiniones muy conservadoras con respecto a lo que muchos llaman agenda de género.

¿Debería esto ser un problema en un Estado de derecho? Por su puesto que no, pues la ley sería aquello que regiría las decisiones judiciales de todas las instancias en las que se imparte justicia en el país, al margen de sus apreciaciones personales. Por eso lo llamamos Estado de derecho, porque es eso lo que nos protege y resguarda de los prejuicios, esquemas y resoluciones de terceros que sean diferentes a las nuestras.

En este sentido, la magistrada tiene todo el derecho de expresar sus opiniones personales y ser parte de la más alta instancia del poder judicial, mientras se ciña a la ley, no hay problema. Ella puede ser contraria al matrimonio libre y como ciudadana de un país democrático, tiene el derecho a no casarse con alguien de su mismo sexo, pero si las leyes avanzan hacia el matrimonio libre y alguien decide contraerlo, el hecho de estar en la Corte Suprema no le otorga el derecho a la magistrada para intervenir las decisiones legales que tomen terceros.

Poco importan la religión y las creencias personales frente a un derecho claro y justo. Esa es la magia del Estado de derecho entre otras maravillas que nos significa.

¿El problema entonces? Simplemente en la izquierda se ha instalado la costumbre de censurar todo aquello que no se acerque a su pensamiento e ideología. Sí, es correcto discrepar con aquello que no nos parece bien, pero llevar la discrepancia a niveles de anulación del otro es siempre el primer paso hacia el totalitarismo.

La gracia de la democracia es que haya diversidad, que muchos puedan participar representado el pensamiento de otros tantos, que las ideas y discursos sean planteados sin miedo de escucharlos pues la idea es que aquellos postulados que la realidad nos impida aplicar, simplemente por falta de argumentos no sean implementados.

Así es el verdadero ejercicio de la democracia, no es censurar al que discrepa conmigo, el disenso es saludable porque previene el absolutismo y es peligroso llegar a niveles de hostilidad en las que el único objetivo sea boquear a tu adversario político solo porque piensa distinto.

Por último, uno de los argumentos más irrisorios que se han levantado en contra de la actual magistrada, es que no está bien preparada. Estos comentarios vienen de líderes de la ultra izquierda que apenas saliendo de la universidad, fueron electos como congresistas, es decir, aún no tienen verdadera experiencia laboral. Todo esto sin contar que son los mismos que apoyaron candidaturas de otros  estudiantes en similares condiciones y hasta de un cantante venido a menos que confesó que no le interesan los temas legislativos y no tiene ánimo de informarse.

Para la izquierda, este último parlamentario sí merece su cargo pese a que no aporte en absoluto en la tarea legislativa del Congreso, pero una abogada y docente, con varios estudios y años de experiencia no es lo suficientemente buena para ocupar un cargo de alta responsabilidad con el único argumento real de que piensa diferente.

Lamentablemente, esta será la única cara de la oposición que lograremos ver en estos 4 años. Obstructiva, destructiva, incoherente e infantil. ¡Cuán lejos han caído del ideal democrático y de los valores republicanos! Nunca fue más importante que hoy defender la verdadera diversidad.

 

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