Inmigración y estado de bienestar

Una cosa es inmigración libre hacia el libre mercado con libertad de trabajo, y otra inmigración libre hacia un estado de bienestar

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Inmigración y estado de bienestar (Chc)

Cerca de un millón de migrantes, están residiendo bajo distintos estatus en Chile, ya sean indocumentados o documentados.

Hoy la polémica no solo se centra en el número de personas que el país tiene la capacidad de absorber -asegurando que estos tengan una estadía digna-, sino que también se analizan las causales por las cuales algunos de ellos podrían ser expulsados del territorio.

La noticia la dieron, por supuesto, los congresistas pues en la  tarde del miércoles 18 de julio la Comisión de Gobierno de la Cámara de Diputados rechazó con cuatro votos en contra, tres abstenciones y seis a favor la iniciativa con la que el Ejecutivo buscaba exigir una residencia de dos años a extranjeros que quisieran optar a beneficios sociales.

Junto con dicho rechazo, el gobierno recibió las críticas de la oposición, sector desde donde cuestionaron en duros términos la propuesta.

Una de las críticas más duras llegó de parte de la diputada Andrea Parra (PPD), quien indicó que “si un migrante trabaja regularmente, por qué le vamos a limitar su derecho si hace un aporte al país. Por qué no le vamos a dar asignación familiar, por qué no tiene derechos sociales”

Es interesante que esta visión implica la condicionalidad del aporte. Además se mezcla con la negativa de los congresistas de oposición de negar la deportación de inmigrantes con antecedentes penales y o prontuario en Chile, lo cual se entiende que es una medida razonable dentro de un Estado de derecho que debe proteger a todos quienes se encuentran en territorio nacional cumpliendo con las normas de convivencia, pero es percibido como un desdén colectivo de la oposición al sentir ciudadano.

La respuesta del subsecretario del interior no se hizo esperar, diciendo: “… todos los parlamentarios de la oposición no votaron a favor la indicación que establecía dos años como exigencia de tiempo para que los extranjeros pudieran acceder a subsidios monetarios. Eso es una irresponsabilidad, porque primero que todo el Estado no está en condiciones de poder absorber una carga financiera de esa magnitud y en segundo lugar, y tal vez lo más grave, es porque sucede que con esta disposición que acaban de aprobar, se va a permitir que gente entre un tiempo corto, retire su Bono Marzo, se vaya y vuelva todos los años… Cuando hay dos extranjeros en el país es irrelevante esta discusión, pero hoy tenemos casi o más de un millón de extranjeros y sabemos que hay a lo menos 150 mil irregulares”.

Lo más prudente es analizar estas medidas una a una y ver la experiencia de otros países que llevan atendiendo este tema por mucho más tiempo que Chile.

¿Qué realidad enfrenta por ejemplo Estados Unidos? En un estudio realizado el 2015 por Steven Camarota, director de investigación del centro de estudios para la inmigración, revela resultados interesantes.

  • El 51% de los hogares de inmigrantes sin hijos recibe beneficios estatales, contra un 30% de hogares nativos.
  • Las familias de inmigrantes con hijos aumentan ese uso hasta un 76% contra el 52% de las familias nativas con hijos
  • Los beneficios estatales los utilizan de igual manera nuevos inmigrantes como los que llevan 20 años de asentamiento.

Esta situación se repite en Europa en los países con estados de bienestar, no así en aquellos países que no han adoptado las disposiciones de Bruselas pagando las multas correspondientes.

Con todo esto en mente, hagámonos unas preguntas que nos podrían hacer entender cuál es el problema de fondo. Si el estado de bienestar o la inmigración libre o sin requisitos.  Es importante determinar si estos dos conceptos son compatibles y sostenibles en conjunto de darse la situación.

Muy pocos verían algo malo en la migración del siglo XIX que antes de 1914 era libre si es que lo preguntamos, pero si hacemos las mismas preguntas respecto de la inmigración hoy, las mismas personas quizás tendrían objeciones y expresarían preocupación por el concepto de inmigración libre. Seguro un grupo estaría de acuerdo, pero una mayoría tendría objeciones razonables.

¿Cómo puede ser la gente tan inconsistente y cambiar así de opinión frente a una misma situación?  Pues resulta que no se trata de incoherencia sino de observación de realidad nacional.

Una cosa es inmigración libre hacia el libre mercado con libertad de trabajo y otra inmigración libre hacia un estado de bienestar. Sencillamente no se puede tener ambos y es por las siguientes razones.

  • Inmigrar a la libre competencia y trabajo es beneficioso, pero migrar a un estado de bienestar, significa que aquello por lo que otros trabajaron largo tiempo, un nuevo inmigrante puede recibir sin necesariamente tener que agregar valor. Esto nos direcciona hacia un empobrecimiento igualitario que sostiene beneficios y recompensas por la falta de producción.
  • Cuando pagas por un resultado, dada la naturaleza humana, obtendrás más de ese resultado, por lo tanto el incentivo es perverso pues se invita a personas a recibir yno necesariamente a aportar.
  • Los menos calificados, aunque sean buenos trabajadores, tardarán, sobre todo si no manejan el idioma, en llegar a su máximo potencial de producción y en ese intertanto su consumo de beneficios estatales.
  • La sobre oferta laboral es una desventaja para los menos calificados y baja el nivel de calidad de vida posible tanto para el nativo como para el migrante.

Es vital establecer que los requisitos permiten maximizar los beneficios que el país obtiene por el concepto de migración mientras esta responda a las verdaderas necesidades del mismo. Esto para asegurar dignidad a quienes entran y a quienes les reciben.

En términos de seguridad, es un mandato constitucional que el Estado ha de proteger la seguridad ciudadana de cualquier amenaza foránea o doméstica y si para esto es necesaria la deportación de los elementos perjudiciales, entonces ha de hacerse. Rechazar ese concepto es tanto anti Derechos humanos como inconstitucional.

Los recursos limitados y las necesidades infinitas hacen un llamado a la realidad y quizás orientar el debate hacia la supuesta moralidad del estado de bienestar. Mientras tanto, lo más sabio es acogerse al dicho popular que dice: “La caridad comienza por casa”.

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