El Estado de derecho en Chile, en tela de juicio

El caso de asilo político al asesino del senador Jaime Guzmán

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El Estado de derecho en Chile, en tela de juicio (U)

El presidente Piñera enviará una carta firmada a Emmanuel Macron por el caso de asilo político al asesino del senador Jaime Guzmán, Ricardo Palma Salamanca.

El viernes pasado, la Oficina Francesa de Protección a los Refugiados y Apátridas (OFPRA) otorgó dicha condición al ex miembro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), condenado por la justicia chilena como autor material del asesinato del ex senador

Luego del comité político presidido por Sebastián Piñera, la ministra vocera de Gobierno, Cecilia Pérez, comentó sobre la entrega de la misiva dirigida al presidente francés, Emmanuel Macron. En dicha misiva, explicó:

«Señalamos nuestra disconformidad con la decisión de la Oficina Francesa de Protección a los Refugiados y Apátridas, porque la lucha contra el terrorismo y los actos del terrorismo lo compartimos con el pueblo francés y sus autoridades. Francia sabe qué es vivir con actos terroristas que provocan miedo, temor y sin duda dañan dentro del territorio de una nación a todos los pueblos que ahí son convocados. En ese sentido, se le va a solicitar al Presidente de Francia que pueda intermediar, dadas las facultades que tiene, para que la Oficina Francesa de Protección a los Refugiados y Apátridas pueda revocar su decisión, pues Chile tiene plenas garantías de debido proceso, es un Estado de Derecho. Por lo tanto, los fundamentos para haberle otorgado asilo político a un condenado en nuestro país, por terrorismo, por haber asesinado a un senador de la República en democracia, no corresponde; según la convención de Ginebra solamente el asilo político puede ser otorgado en aquellos países que no garantizan el debido proceso, cosa que aquí no sucede».

El mundo político internacional, si bien en algunos lugares está lentamente inclinándose hacia el liberalismo y en otros lugares hacia la derecha, se puede decir que aún quedan más que suficientes países con profundas simpatías izquierdistas, claro que hoy por hoy le llaman progresismo. Sí, esa cultura de lo políticamente correcto y como dice un gran premio nobel de economía, Daniel Kahneman, también abunda el sesgo cognitivo.

Esto quiere decir que todas las personas interpretamos la realidad de filtros establecidos por medio de la experiencia propia o de otros, por ejemplo, si una persona poco agradable recomienda algo, probablemente su sugerencia será descartada o infravalorada aunque esté en lo correcto. Es que se valora la opinión no por su contenido, sino  por el emisor y la consideración que se tenga del mismo.

En el caso de la publicidad política, increíblemente, personajes como Michelle Bachelet, que hizo una pésima gestión como presidenta y Evo Morales, Barack Obama o Pepe Mujica, tienen una excelente imagen internacional. La mayoría cree que son luchadores por el bien, idealistas, carismáticos y sensibles hacia “el pueblo”, por lo tanto son referentes de la bondad misma.

Solo la exposición a la gestión internacional podría derribar los mitos detrás de este tipo de personajes, como por ejemplo un cargo ONU como ocurre con Bachelet, que la expone más claramente al mundo como una mujer revanchista, parcial, ideologizada a lo sumo y que no es capaz de emitir opiniones objetivas por su apego a la ideología de izquierda, lo cual ha hecho que países como Italia le digan con firmeza que su doble estándar para ignorar los atropellos a los DDHH en Venezuela, Cuba y Nicaragua, manifestándose solamente para criticar y presionar a países en pleno Estado de Derecho, democráticos y libres por temas de soberanía, es inaceptable.

De a poco, dicha exposición internacional revela el verdadero carácter de este tipo de personajes carismáticos pero nefastos, cuya esencia es antidemocrática pues apenas pueden suprimir a quien piensa distinto, lo hacen. Sin embargo, internacionalmente, lo que ellos digan será tomado casi como una cita inspiracional, mientras que alguien resistido como Donald Trump o el presidente electo de Brasil, Jair Bolsonaro, dijera algo cuerdo, sensato y relevante, inmediatamente sería torcido, mal interpretado o tomado como objeto de dura crítica, pues existe un sesgo negativo hacia ellos y otros personajes de corte no progresista.

El contenido pasó de moda, entonces, en el caso de Chile, para el mundo político internacional, sin importar las consistentes muestras de respeto al Estado de Derecho, ni el respeto irrestricto a la democracia y la institucionalidad. La derecha de Chile siempre parece cargar con el sesgo negativo de alguna vez haber apoyado las medidas económicas del gobierno militar, como si no tuvieran derecho a apoyar algo que efectivamente funciona y le hace bien a todo un país.

De hecho, aún se la ve como el enemigo por haber apoyado un golpe de estado que cualquiera que de verdad analiza la historia, vería como necesario.  Claro, hay ciertas historias mucho más fáciles de vender que la necesidad de remover del poder a un tirano por la fuerza y sí, estoy llamando tirano a Salvador Allende y su elenco con el cual sumió a Chile en la más absoluta miseria. Eso también es tiranía.

El asunto es que la conexión de la derecha con el gobierno militar hace que incorrectamente todo lo que proceda de ella sea tildado de manera muy injusta como fascista, tiránico y por lo tanto atropellable, aún en un contexto democrático. Y ese sesgo negativo que predomina en el mundo político internacional, termina pisoteando la verdadera justicia que es la búsqueda de la verdad de los hechos para dar un oportuno resultado a cada uno.

Así se justifica malamente, que el senador electo democráticamente, Jaime Guzmán, haya sido asesinado de dos balazos ya en democracia y que se asile a uno de sus asesinos como si este fuera un luchador social que no mató a un civil.

Hoy el gobierno es de derecha (la odiada derecha).  Quizá ese eterno prejuicio haya llevado a la OFPRA a otorgar asilo político a un asesino condenado en un país con pleno Estado de Derecho. Es hora de que Chile se quiera un poco más y exija ejercer su derecho a la justicia sin ser menospreciado por ningún país por progresista que sea.

 

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