Vivir como rico antes de serlo

Por lo visto hay muchos otros asuntos que resolver, como por ejemplo volvernos mucho más productivos

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Vivir como rico antes de serlo (A)

Con todo el movimiento mediático que ha tenido la muerte del comunero mapuche, Camilo Catrillanca, quien por cierto, murió en circunstancias poco claras y eso es la única certeza pese a los errores procedimentales de la policía; los chilenos nos hemos olvidado de que las cosas en el país siguen ocurriendo y que la vida continúa.

La verdad es que pese a la pausa mediática que nos ha sido impuesta, ya nos estábamos olvidando de que existe una investigación y sanción pendiente a los parlamentarios Boric y Orsini por su viaje a París y su visita a un asesino prófugo de la justicia chilena. Gracias a medios de comunicación  monotemáticos, muchas cosas estaban pasando desapercibidas para la ciudadanía, pero que son demasiado importantes para no prestarles atención.

La propuesta es ni más ni menos que disminuir las horas de trabajo y aumentar las vacaciones. Por su puesto una consideración de este tipo no podía en momentos como este, venir sino de alguien de algún partido de izquierda, en este caso, la parlamentaria Camila Vallejo quien según sus propias palabras, quiere equiparar a chile con políticas laborales típicas de la OCDE.

La idea busca reducir la jornada laboral de 45 a 40 horas semanales. La iniciativa, que modifica el Código del Trabajo con el objeto de reducir la jornada laboral, ingresó al Parlamento en marzo de 2017, pasó en abril a la Comisión de Trabajo y Seguridad Social de la Cámara Baja y, desde entonces, prácticamente no ha tenido movimiento.

Tras más de un año sin tramitarse, el texto fue puesto en tabla el día martes 21 de noviembre por los parlamentarios de la oposición (izquierda), para comenzar su discusión en la instancia legislativa.

El gobierno por su parte, que no ve la necesidad de una reducción dado que ahora hay iniciativas como el teletrabajo orientándose a la flexibilidad laboral, propone que las horas se puedan distribuir en cuatro días, además de sugerir aumentar las vacaciones de 15 a 20 días hábiles, pero eliminando tres feriados.

Camila Vallejo, en contraste, sostiene que “Chile necesita urgentemente discutir sobre jornada laboral… Se necesita dar la discusión de fondo de cómo hoy día muchas trabajadoras y trabajadores llegan tarde a su casa, con muy poco tiempo para la familia, para la amistad, para el descanso, para el ocio, y eso está deteriorando no sólo sus relaciones humanas, sino su salud mental”, sostuvo la diputada comunista.

El presidente de la Comisión de Trabajo, el diputado socialista Gastón Saavedra, señaló que “ha llegado el momento de resolver esto…Es la decisión política que, al menos, tenemos en el grueso de la oposición”.

Según informes OCDE, Aunque Chile bajó la cantidad de horas que una persona trabaja al año, sigue estando en el Top 5 de los 38 países analizados por la OCDE en materia de jornada laboral. En el informe de perspectivas laborales que publicó el organismo internacional, México, Costa Rica (que está en proceso de adhesión a la OCDE), Corea del Sur y Grecia encabezan los países que más trabajan, con más de 2.000 horas al año, Chile se mantiene en el quinto lugar, con 1.988.

El año pasado fue la primera vez que bajó de las 2.000 horas, a 1.999. Si se compara con el año 2000, las horas totales fueron de 2.263. Pero aún se mantiene lejos de la media de la OCDE, que es de 1.766, y de Alemania, que lidera los países que menos horas trabajan al año.

En general, procurar el bienestar de las personas suena muy bien, la verdad es que todos quisiéramos vivir en ese país donde pudiésemos trabajar menos y disfrutar más, pero hay que recordar, que si bien Chile está en la OCDE y es económicamente el país más próspero de américa latina, la verdad es que la productividad no es la de los países de ingresos altos y esperar tener las ventajas que ellos tienen sin haber construido un colchón de productividad y competitividad adecuado, no es ni realista ni bien intencionado.

Pese a las diferencias de medición, el estudio demuestra la brecha que hay entre países desarrollados y los que están en vías de desarrollo en materia de productividad y de flexibilidad laboral. Ignacio Briones, decano de la Facultad de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez, destaca que efectivamente hay una correlación en la OCDE que en los países que trabajan menos horas son más productivos y eso se debe, en gran medida, a las competencias de los trabajadores.

“Países como Chile tiene competencias que están muy por debajo de los países de la OCDE. En las tres variables que miden las competencias -que son comprensión lectora, numérica y digital- en todas ellas salimos último, salvo la numérica que salimos penúltimos”, explica el economista respecto a la prueba PIAAC de este año.

En ese informe, un trabajador chileno con educación superior tiene competencias similares a las de un trabajador OCDE promedio con educación secundaria, o similares a un trabajador de Nueva Zelanda que sólo tiene educación primaria. Según un informe del Banco Central, entre 1990 y 2015 la participación de los trabajadores con educación superior pasó desde un 35% a casi un 58%, lo que produjo cerca de 1/6 del aumento de la productividad por hora trabajada desde fines de la década de los ’80. A las habilidades también se suman las regulaciones laborales de cada país.

La flexibilidad laboral es un buen argumento de mejoras de productividad, de poder utilizar de manera más eficiente los recursos disponibles. Los mercados laborales más flexibles, más eficientes tienden a ser más productivos y por tanto trabajar menos horas, por ejemplo Francia, que tiene por ley jornadas laborales de 35 horas a la semana.

Por lo visto hay muchos otros asuntos que resolver, como por ejemplo volvernos mucho más productivos. El asunto es simple, aunque muy difícil de entender en general para alguien de izquierda. No se puede ni se debe vivir como rico antes de serlo, la riqueza no se reparte sin crearla primero y hay prioridades que por su puesto significarán encaminarnos hacia mejores condiciones, pero en orden. Proponer que las etapas se pasen al revés, suena bien, pero no es más que discurso populista al cual la izquierda siempre ha estado acostumbrada.

 

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