La construcción de familia no la decide un referendo, la decide el individuo

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(PanAm Post)
La senadora Viviane Morales pretende llevar a cabo un referendo que podría costarle a la nación USD $94.025.359,98. (PanAm Post)

En Colombia, la senadora Viviane Morales, del Partido Liberal (que de liberal tiene muy poco) quiere hacer un referendo para que los colombianos decidamos si estamos de acuerdo con que los homosexuales puedan o no adoptar a un niño. Por obvias razones tal propuesta ha levantado un sinnúmero de comentarios, tanto a favor como en contra.

Lo aterrador del referendo es que en medio de la ingenuidad (por no llamarlo homofobia u odio) de la senadora, no solo le niega la posibilidad a miles de niños sin familia de ser adoptados por personas del mismo sexo que quieran conformar una familia con un hijo, sino que aparte según Morales.

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«pretende consagrar la adopción de los menores en situación de adoptabilidad únicamente por parejas conformadas por un hombre y una mujer garantizándoles el derecho a tener una familia compuesta por papá y mamá».

Lo que viene siendo sumamente grave, pues personas solteras tampoco podrían adoptar, o en caso que un menor pierda a sus padres, o en el caso de que los padres no sean aptos para mantener y criar a un hijo, los familiares cercanos como tíos o abuelos tampoco podrían hacerlo.

Lo que es sumamente siniestro si tenemos en cuenta las cifras del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) en un país donde hay 13.280 niños (a marzo de 2017) a la espera de ser adoptados, y que solo hay 1315 solicitudes de adopción, de las cuales solo 382 son adoptantes colombianos; y si ahora se le suma al tema condiciones y restricciones de semejante calibre más niños se van a quedar sin la posibilidad de tener una familia. Lo triste del caso es que uno de los voceros del referendo desconoce las cifras e incluso llega a afirmar que existen más parejas heterosexuales adoptantes que niños por adoptar.

Según la senadora, son los colombianos, y no la Corte Constitucional, los encargados, y los más idóneos, para tratar temas tan sensibles como la adopción de menores, pues ¿¡quiénes vienen siendo esos nueve fulanos que dicen ser magistrados de la alta corte!?

Como este tema toca la «fibra ética» de la sociedad colombiana, para la senadora debemos ser los colombianos quienes debemos decidir entre aplastar a la minoría LGBTI y aplastar las ilusiones de niños sin hogar que sueñan ser adoptados o darles la oportunidad a ambos de ser familia (¡como si conformar familia lo decidieran terceros y no la persona misma!).

No resulta muy difícil saber cuáles son los bandos en esta contienda, el primero sería el grupo proadopción defendido por la comunidad LGBTI, simpatizantes y personas «de mente abierta» o personas para las que el concepto de familia es mucho más amplio, y en el otro bando estarían los antiadopción, religiosos, conservadores o los que dicen defender la «familia tradicional» de mamá, papá e hijos.

Con este panorama, y no obviando el carácter mojigato y de doble moral de la sociedad colombiana, el resultado de tal referendo sería un contundente «No» a la adopción por familias homoparentales.

Ahora, independiente de si estamos o no de acuerdo con que dos hombres o dos mujeres se amen o que sientan una atracción sexual el uno por el otro, estamos de acuerdo en que biológicamente no pueden tener hijos, ese argumento goza de obviedad, sin embargo, lo que no goza de ese carácter irrebatible es ¿qué clase de familia puede formar un individuo?

Los puntos a discutir acá son básicamente dos: el primero corresponde a la libertad del otro de ser y desarrollarse como quiera y la no interferencia en esa decisión de políticos, religiosos o quien sea y, por otro lado, el gasto estatal que representan los menores sin hogar.

 

Respecto al primer punto que señalé, me es preciso mencionar que cada persona tiene el derecho a formar la familia como bien le dé la gana o de quedarse solo si bien le parece. Acá no importa si es hombre o mujer, importa lo que quiere y lo que desea para su vida, y el Estado o una mayoría no puede ni debe decidir cómo ciertos miembros de una sociedad deben llevarla. Por lo tanto, el referendo que iba en contra de la comunidad LGBTI, pero que atañe a más miembros de la sociedad, afecta el libre desarrollo de la persona y afecta la manera en que quiera llevar su vida.

Es decir, si son dos hombres solos, o dos mujeres con un perro, o dos hombres o dos mujeres con hijos y mascotas y entienden por eso su núcleo familiar pues está bien así. Así como si una pareja heterosexual decide tener dos, tres o más hijos o prefiere tener un perro, pues bien por ellos. Cada cual decide cómo quiere que esté conformada su familia.

La segunda razón es el enorme gasto estatal que significan los niños sin hogar. En el caso colombiano el Estado le destinó al ICBF, en el 2016, la módica suma de COP 5.233.598.602.408  (USD $1.757.379,31). De este presupuesto el gasto invertido para los niños «internos» en sus sedes se estimó en un total de COP 214.849140.778 (USD $4.986.162,44).

(ICBF)
Archivos del ICBF

Por lo tanto, si se le permitiese a las personas solteras, familiares e incluso a familias homoparentales adoptar a los menores que están al amparo del Estado la cifra se reduciría, en medida de lo posible, pues como mostré anteriormente la demanda para adoptar no es particularmente alta.

Sin embargo, quienes se oponen, son en su mayoría personas que ya tienen su familia conformada y que pretenden imponer su concepto de familia a otros, la Iglesia (que de familia sabe solo teoría) y ahora quieren que sea el Estado el que lo prohíba también, pero ya sabemos que el Estado es lo menos idóneo para abordar cualquier tema, de cualquier índole, porque lo único que sabe es cómo joder a la gente.

Las personas que se oponen se apegan a varias razones 1) a los derechos de los niños 2); que ellos no tienen la capacidad para elegir con quién deben vivir,; 3) a los estudios que demuestran lo «peligroso que sería crecer en una familia de maricas»  porque el adoptado podría «convertirse» en gay; 4) la necesidad de una familia «como Dios manda»; y quizá el más absurdo de todos 5) «los gais quieren hijos para poder abusar sexualmente de ellos.

Así que me perece importante rebatir cada una de esas posturas.

1) Claramente adoptar o ser adoptado no es un derecho, razón por la cual no se está vulnerando nada. Sin embargo, el tener una familia sí lo es (para la normativa colombiana) y por más vínculos afectivos que los menores puedan tener en el ICBF u otras entidades, estos no se desarrollan plenamente el sentido de familia, no se puede hablar de un núcleo familiar. Estos niños saben que precisamente una familia es lo que no tienen.

2) Lo que omiten los personajes que se oponen a la adopción homoparental es que los niños para ser adoptados oscilan desde los meses de vida hasta los 17 años 11 meses, claramente un bebé no puede decidir si quiere ser adoptado por una pareja heterosexual u homosexual, así que ese argumento no aplica para ningún bando, pero en tal caso, legalmente, los menores mayores de 14 años sí pueden decidir y su decisión debe ser tomada en cuenta, ¿por qué negarles la posibilidad? Y seamos honestos, los que tienen mayor posibilidad de ser adoptados son los niños de cero a tres años. Particularmente, creo que los preadolescentes y adolescentes agradecerían la oportunidad.

3) Respecto a los estudios, encontraremos tanto a favor como en contra de lo que queramos porque para cada cosa existen y existirán varias opiniones de innumerables expertos, así que ese argumento puede ser un eterno contrapunteo. Cada cual buscará los estudios que más le convengan cayendo en una elegante falacia: el argumento de autoridad. Sin embargo, podemos remitirnos a los hechos, en Colombia no existe la posibilidad de la adopción homoparental y las familias conformadas por dos padres o dos madres existen, pero eso no implica las condiciones necesarias ni suficientes para que el hijo sea gay. Incluso muchos de los miembros de la comunidad LGBTI nacieron y crecieron en una familia «tradicional» ¿son esos padres los que los volvieron gais? No. Y no lo son porque las relaciones de pareja y el gusto por las relaciones sexuales no se aprende con los padres (afortunadamente), se aprende gracias a la interacción con pares; entonces ese argumento tampoco aplica.

4) Decidir que la familia tradicional es la de madre, padre e hijos porque así lo manda Dios, porque cualquier otra cosa sería antinatural, sería entrar a debatir en terrenos fangosos entre creyentes y no creyentes. Esto, casi siempre, termina en insultos de parte y parte porque el no creyente toma las «extrañas» familias bíblicas para demostrar lo equivocado del concepto y el creyente se apega a la anatomía de los cuerpos para explicar porqué la homosexualidad es antinatural. Será un continuo vaivén de ideas y creencias que tampoco llega a ningún lado. Por lo general, el «victorioso» de una discusión de ese nivel es o el que tiene más paciencia o el que más falacias utilice. Sumemos a eso lo irrespetuoso de tal afirmación con familias monoparentales.

5) Recientemente se ha optado por apelar a las emociones de la gente (otra falacia) y habría que carecer de una total empatía al no indignarse por los casos de violación a menores que se presentan muy a menudo en Colombia. Así que los antiadopción están repitiendo sin cesar, increíblemente, que los gais quieren tener hijos para poder abusar de ellos. La violación no es un tema en el que el victimario sea únicamente gay, seguramente existen violadores heterosexuales y homosexuales, pero catalogar a todos los homosexuales que quieran adoptar como violadores se sale de toda lógica posible.

Ahora, tristemente los casos de violación a menores que conocemos se han perpetrado por gente heterosexual, incluso uno de los más recientes y aberrantes fue el de la menor que violada y asesinada por su padre y su madre ambos adoptivos. ¡Una familia como Dios manda! De la misma manera no se puede catalogar a todos los padres adoptivos heterosexuales basándose en este caso particular.

Lo verdaderamente triste del caso es que quienes dicen defender a los niños y pensar en ellos creen que le están haciendo un favor tanto a los menores como a la sociedad, porque los están «salvando de la catástrofe de crecer en una familia homoparental», y así salvan a la sociedad de un ser humano «perturbado» por sus padres. Pero en realidad no están haciendo ningún favor, están dejando niños sin hogar a la espera de cumplir la mayoría de edad y no saber qué hacer con su vida, por lo menos a nivel afectivo, porque al cumplir los 18 años el ICBF no se hace cargo de ellos, básicamente le entrega sus maletas, le desea suerte y le cierra la puerta.

Y claro como sociedad no nos hacen ningún favor porque no solo nos hace cargar con personas que no saben cómo relacionarse en familia sino que nos hace cargar económicamente con los niños que no son adoptados.

Por lo tanto, la verdadera familia como la de Viviane Morales y su esposo (Carlos Aloncio Lucio) no pueden ser el bastión de la moral porque ese rol no les queda nada bien.

El rol de los promotores del referendo, de estos fanáticos religiosos (quizá por convicción, para conquistar votos, para tratar de redimir la culpa de una hija lesbiana o quizá, en el caso de Lucio, para limpiar sus días de guerrillero en el M-19 o para purgar espiritualmente la condena por asesorar a paramilitares y al ELN) queda bien dentro de sus iglesias, perfecto para sus cultos y por eso la ferviente senadora puede pedirle ayuno y oración a sus seguidores cristianos, pero ese carisma religioso no debe usarse para decidir sobre la vida los demás, no debe valerse del Estado para ello, ¡no! eso no les compete. Es como si un gay decidiera hacer un referendo para que solo las parejas homosexuales puedan adoptar, eso suena igual de espantoso y tampoco debería permitirse.

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