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Venezuela, un país que supera cualquier relato o fantasía

Por: Andrea Rondón García - @arondon75 - Jul 27, 2015, 11:39 am
Cuando al venezolano se le obliga a hacer colas por su alimentación se le está quitando su ciudadanía y se le está sustituyendo por “pueblo”. (Posta)
Cuando al venezolano se le obliga a hacer colas por su alimentación se le está quitando su ciudadanía y se le está sustituyendo por “pueblo”. (Posta)

English“La denominación totalitaria, empero, se orienta a la abolición de la libertad, incluso a la eliminación de la espontaneidad humana en general, y en forma alguna a una restricción de la libertad, por tiránica que sea.” —Hanna Arendt, Los orígenes del totalitarismo

“La libertad es un bien precioso, pero no está garantizada, a ningún país, a ninguna persona, que no sepan asumirla, ejercitarla y defenderla. La literatura, que respira y vive gracias a ella, que sin ella se asfixia, puede hacer comprender que la libertad no es un don del cielo sino una elección, una convicción, una práctica y unas ideas que deben enriquecerse y ponerse a prueba todo el tiempo”. —Mario Vargas Llosa, La civilización del espectáculo

Cuando leo Literatura siento que estoy ante una manifestación de arte que me transporta a otros lugares; me hace vivir otras vidas; y aunque suene cliché; hace volar mi imaginación. Me lleva a otro mundo.

Ese viaje puede ser divertido y entretenido, o duro y difícil. Siempre he sostenido que hay ciertos libros que deben leerse con cierto ánimo, porque ponen a prueba tu espíritu.

Quiero dedicarme a los segundos libros porque últimamente no he podido dejar de ver continuas similitudes con la realidad que vivo en Venezuela. Quiero referirme en específico a las distopías que me han marcado, que han hecho un antes y un después de mí.

Con La rebelión en la granja de George Orwell, una crítica a Stalin, siempre recuerdo como Napoleón, el cerdo de la granja, para mantener su poder, distraía la atención con propagandas, denunciando enemigos de su régimen, internos o externos.

En Venezuela, por ejemplo, para distraer de las verdaderas causas de la crisis económica que se reflejan en la hiperinflación y escasez, se denuncia constantemente una guerra económica por parte de los empresarios de este país.

Con 1984, también del mismo autor, se destaca cómo Winston Smith en su día a día ve avanzar un modelo totalitario que manipula el lenguaje con fines represivos y el Gran Hermano, se presenta como alguien bondadoso y protector, cuando en realidad es un vigilante de todo lo que se hace y piensa (Graterol, Giuseppe: El gran hermano te vigila, en Venezuela. En: La neolengua del poder en Venezuela. Caracas, Editorial Galipán, 2015).

En Venezuela, por ejemplo, también se manipula el lenguaje para falsear la realidad, para ocultar lo que realmente ocurre. En realidad no es expropiación (afectación de la propiedad con garantías); es expoliación (despojo violento de la propiedad); en realidad no es ajuste de la tasa de cambio, es inflación; entre otros.

Con Un mundo feliz, de Aldous Huxley, otro británico, se nos presenta un mundo feliz, saludable, sin guerra, pobreza o enfermedad; pero a costa de la familia, de la diversidad, el arte, la religión, la filosofía, y en resumen, a costa del individuo. Una frase que nunca olvido de esta novela es: “Cuando el individuo siente, la masa se resiente”.

En Venezuela cada vez más se borra al individuo, con obligaciones y derechos, para dar paso al “pueblo”, una masa indefinida, sin derechos. En Venezuela cada día se sustituye al ciudadano por el súbdito; se sustituye a la “persona” por esas colas largas en los supermercados; se sustituye por esas estadísticas de mortandad producto de la delincuencia; se sustituye por la inmensa migración joven en busca de un mejor futuro o simplemente de un futuro.

Con Fahrenheit 451, esta vez de un escritor estadounidense, Ray Bradbury nos presenta un mundo en el que los libros están prohibidos.

En Venezuela no necesitan prohibirlos, de facto, es difícil su acceso con el control de cambio, ya sea por la importación del producto terminado o de las materias primas. Sencillamente, o no se consiguen los libros más básicos, o si se consiguen es a precios inalcanzables.

¿Qué tienen en común todos estos libros?. Además de su innegable estética literaria, que a través del arte reflejan las aspiraciones y métodos de los regímenes totalitarios.

¿Y si cada historia me recuerda a Venezuela, qué significa esto? ¿Qué más allá de que supere toda ficción y con creces, se debe reconocer que estamos en un régimen totalitario moderno y que ya superamos hace años la etiqueta de democracia populista?

Es una pregunta dolorosa, pero es una realidad, y al enfrentar la realidad damos el primer paso para cambiarla. Yo apuesto (elijo) por ello; lo decido porque ya estamos cansados de que se oculten las verdaderas causas de la crisis actual con frases efímeras; que se manipule el lenguaje a conveniencia; que se nos anule como personas; que no tengamos acceso a los bienes más elementales y que en definitiva, no tengamos libertad.

¡Yo elijo —y actúo en consecuencia— vivir en libertad! Invito a que sea una elección de muchos y sea nuestro modo de vivir.

Andrea Rondón García Andrea Rondón García

Andrea Rondón García es doctora en Derecho de la Universidad Central de Venezuela. Es directora del Comité de Derecho de Propiedad de Cedice Libertad y directora académica del Instituto Ludwig von Mises Venezuela. Rondón se desempeña además como profesora de la Universidad Católica Andrés Bello. Síguela en @arondon75.