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La libertad no se define, se ejerce

Por: Ángel Soto - @angelsotochile - Oct 2, 2014, 2:17 pm

El fin de las dictaduras latinoamericanas trajo un doble proceso de transición. Por una parte, el paso a frágiles democracias que debieron consolidarse y dar gobernabilidad; en tanto que en materia económica se caminó del estatismo al liberalismo. ¿Qué significó eso? Que avanzamos hacia la democracia y el mercado como formas para alcanzar el progreso. La caída del Muro de Berlín confirmó ese camino.

En los años 90, Mario Vargas Llosa escribió que ser liberal estaba de moda. Era una palabra que se escuchaba por todas partes, aplicada a los políticos y a las políticas más disímiles. En su opinión, pasa con ella lo que –dice- “en los años 60 y 70, con las palabras socialista y social, a las que todos los políticos y los intelectuales se arrimaban a como diera lugar, pues, lejos de ellas, se sentían condenados a la orfandad popular y a la condición de dinosaurios ideológicos”.

¿Qué ocurrió entonces? Que las palabras se llenaron de imprecisión conceptual y se volvieron estereotipos emocionales que adornaron el oportunismo de personas y partidos que no querían perder el “tren de la historia”.

Veinticinco años después, la moda continúa —aunque el traje algunos lo quieran cambiar—, e incluso da la impresión de que “todos quieren ser liberales”.

Sigo con Vargas Llosa. Para él, los liberales son reformadores:

Renovadores de los hábitos establecidos y las ideas recibidas. Más bien debieran ser llamados revolucionarios… Una revolución que purifique este vocablo de esas connotaciones de sangre, muerte, demagogia y dogmatismo que tiene entre nosotros y lo impregne de ideas, creación, racionalidad, libertad política, pluralismo político y legalidad.

Otro latinoamericano —universal— como el poeta mexicano Octavio Paz, también escribió sobre el tema que nos ocupa, afirmando que ser libre es una experiencia que vivimos, sentimos y pensamos cada vez que decimos sí o no. Son alas que debemos dejar volar. En él, la libertad, más que una idea o un concepto, es una experiencia que escapa a las definiciones.

Qué duda cabe, decía por entonces el poeta, que los agentes del destino son los seres humanos quienes “conquistan la libertad cuando tienen conciencia de su destino”. De ahí su noción de experiencia, la cual, para realizarse “debe bajar a la tierra y encarnar entre los hombres”. “No le hacen falta alas sino raíces. Es una simple decisión –sí o no- pero esta decisión nunca es solitaria: incluye siempre al otro, a los otros… Al decir sí o no, me descubro a mí mismo y, al descubrirme, descubro a los otros… Ejercicio de la imaginación activa, la libertad es una perpetua invención”.

“¿Cómo construir la casa universal de la libertad?”, se preguntó. Algunos nos dicen, “¿no olvidan ustedes a la justicia? Respondo: la libertad, para realizarse plenamente, es inseparable de la justicia. La libertad sin justicia degenera en anarquía y termina en despotismo. Pero asimismo: sin libertad no hay verdadera justicia”.

Tom Palmer, en Por qué la Libertad, afirma que las ideas que conlleva la libertad, no son de coacción, sino de persuasión, de vivir y dejar vivir, de rechazar tanto la subyugación como la dominación. Ideas “según la cual viven su vida la mayoría de los seres humanos día a día”. Normas simples que generan órdenes complejos y que tienen tres pilares: derechos individuales, orden espontáneo y Estado limitado por la Constitución. Algunos dirán: cooperación voluntaria y pacífica.

Friedrich Hayek, afirmó que “el liberalismo nunca se ha opuesto a la evolución y al progreso. Es más: allí donde el desarrollo libre y espontáneo se halla paralizado por el intervencionismo, lo que el liberal desea es introducir drásticas y revolucionarias innovaciones”. Por tanto el liberalismo es abierto y confiado, quiere el cambio cuando es libre, “aun constándole que, a veces, se procede un poco a ciegas”. La equivocación: ¿Quién nace con manual de instrucciones o tiene la bola de cristal?

Otro pensador contemporáneo, David Boaz, afirmó que: “El liberalismo comienza con una sencilla definición de los derechos individuales, pero suscita preguntas nada fáciles de responder. La cuestión es si somos nosotros los que tomamos las decisiones importantes de nuestras vidas o son otros los que desempeñan esta función”.

Para los liberales, “son los individuos los que tienen el derecho y la obligación de tomar sus propias decisiones. Los que no comulgan con el pensamiento liberal, cualquiera sea su inclinación política, asignan al Gobierno la función de tomar muchas de las decisiones relevantes de la vida de cada uno”.

¿Significa eso que hay que eliminar al Estado? Creo que no, pues junto al papel de velar por el cumplimiento, protección y ampliación de las libertades, también podrá jugar un papel en el subsidio a la demanda.

La libertad, más que “poder” es la “ausencia de coacción”, la cual posee una dimensión ética que mira al otro con honestidad y respeto, y no como un mero medio para usarlo. Implica la preocupación social por el otro.

El célebre Milton Friedman escribió: “Nuestra sociedad es tal como la hacemos. Podemos modelar nuestras instituciones. Las características físicas y humanas limitan las alternativas de que disponemos. Pero nada nos impide, si queremos, edificar una sociedad que se base esencialmente en la cooperación voluntaria para organizar tanto la actividad económica como las demás actividades; una sociedad que preserve y estimule la libertad humana, que mantenga al Estado en su sitio, haciendo que sea nuestro servidor y no dejando que se convierta en nuestro amo”.

Agrega en Libertad de elegir: “Una sociedad que ponga en primer lugar la libertad acabará teniendo, como afortunados subproductos, mayor libertad y mayor igualdad… Una sociedad libre desata las energías y capacidades de las personas en busca de sus propios objetivos. Esto impide que algunas personas pueden arbitrariamente aplastar a las otras… libertad significa diversidad, pero también movilidad”.

En definitiva, con Octavio Paz, la libertad no se deja definir en un tratado de muchas páginas pero se expresa en un simple monosílabo. La libertad no se define, se ejerce, cada vez que decimos sí o no.

Publicado originalmente en ChileB.

Ángel Soto Ángel Soto

Ángel Soto es doctor en Historia por la Universidad Complutense de Madrid, miembro de la Sociedad Mont Pelerin y catedrático en la Universidad de los Andes (Chile). Twitter: @angelsotochile.