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¿Por qué los venezolanos deben votar en el plebiscito del 16J? Aquí las principales razones

By: Antonella Marty - @AntonellaMarty - Jul 16, 2017, 9:34 am
(Foto de Willians Ruíz)
(Foto de Willians Ruíz)

Soy argentina y les puedo decir, venezolanos, que sí se puede. Sí se puede salir adelante, sí se puede vivir en libertad, sí se puede vivir en democracia. Lo digo porque los argentinos hemos logrado salir, hace 19 meses, de uno de los períodos más oscuros de nuestra historia política, económica y social. Los argentinos hemos optado por el cambio, hemos elegido ser libres de ese populismo kirchnerista que otrora nos golpeó y que fue cómplice de las violaciones a los derechos humanos que Hugo Chávez y Nicolás Maduro cometían contra ustedes. La lucha contra estos regímenes es titánica, pero sabemos que se puede lograr. Sabemos que lo pueden lograr.

Van más de 100 días que el pueblo venezolano pisa fuerte en las calles de Venezuela. Van más de 100 días que el pueblo de Venezuela tiene claro que el momento es ahora o nunca, que ha llegado el fin del régimen de Nicolás Maduro, quien luego de reprimir y asesinar a jóvenes mediante sus sumisas Fuerzas Armadas y Guardia Nacional Bolivariana, cómplices del negocio-narco y adoctrinados por el G2 cubano, propuso un proceso ilegal para reformar la Constitución Nacional, en tanto que a partir de la propuesta Asamblea Nacional Constituyente, Maduro busca convertir a las ruinas que quedan de Venezuela en la nada misma, declarándola como un Estado comunista.

No obstante, es emocionante ver a un pueblo que no se rinde, que no baja los brazos y que no se conforma con migajas. Es emocionante ver la valentía de un pueblo, de unos jóvenes y unos adultos que acompañan en las calles, sitio que se ha convertido en un cruel, sangriento e injusto campo de batalla, donde el pueblo es asesinado.

Es emocionante ver que finalmente la dictadura chavista ya no cuenta con los adeptos en el poder que otrora respaldaban las atrocidades de Chávez o de Maduro, muchos de ellos están donde deben estar por los crímenes que han cometido contra sus pueblos y sus naciones: en prisión, y otros pronto lo estarán.

Me preguntaba de dónde sacan fuerzas los venezolanos. Cómo hacen para tener la valentía de no rendirse, de seguir luchando con un espíritu libertador. Tienen cientos de razones para seguir, la primera es recuperar la libertad en la tierra que los vio nacer.

Hoy es el momento de que los venezolanos voten por lo que podría llamarse el paso cercano a la recta final de esta dura y ardua batalla en la que muchos han dejado sus vidas. Hoy ha llegado el momento de que los venezolanos en sus tierras y a lo largo del mundo digan en este legal proceso de consulta popular que SÍ “rechazan y desconocen la realización de una constituyente propuesta por el dictador Maduro sin la aprobación previa del pueblo de Venezuela”; que SÍ “demandan a la Fuerza Armada Nacional y a todo funcionario público a obedecer y defender la Constitución y respaldar las decisiones de la Asamblea Nacional“, y, finalmente, que SÍ “aprueban que se proceda a la renovación de los Poderes Públicos de acuerdo a lo establecido en la Constitución y a la realización de elecciones libres y transparentes, así como a la conformación de un Gobierno de Unión Nacional para restituir el orden constitucional”.

(Vente Venezuela)
(Vente Venezuela)

En palabras más simples, el pueblo venezolano tiene la opción de sacarse a la dictadura de encima de una buena vez y de dar el empujón final y las fuerzas necesarias para que la Asamblea Nacional cumpla con su deber. En palabras mucho más simples todavía, el pueblo venezolano tiene la oportunidad de ser libre.

 

Pero además, los venezolanos hoy están votando por muchas cosas más, que si bien no están plasmadas en ningún papel, sí se encuentran plasmadas en sus corazones como un inmenso y latente deseo. De este modo, los venezolanos:

  • Están votando por honrar a los que han caído dando sus vidas en esta lucha.
  • Están votando en nombre de los más de 430 presos políticos que hoy están silenciados.
  • Están votando por la libertad de Leopoldo López y Antonio Ledezma, quienes están injustamente presos en sus hogares y con un brazalete electrónico en sus tobillos.
  • Están votando para levantar un grito por las violaciones, abusos y golpizas que el régimen sádico chavista ha dado a los jóvenes en las calles y en las prisiones.
  • Están votando para que esos 8 de cada 10 venezolanos que viven bajo niveles de pobreza y no tienen para comer, puedan superarse y salir de esa injusta situación provocada directamente por el régimen chavista.
  • Están votando para que todos los canales de televisión y emisoras de radio que están censuradas puedan nuevamente encender el botón de “en vivo” y transmitir noticias con libertad y pluralidad.
  • Están votando para que se acabe el terror que viven y padecen aquellas madres venezolanas al ver a sus hijos poner el pecho en las calles y haciendo frente a una de las dictaduras más atroces que ha visto nuestra América Latina.
  • Están votando para que todos los enfermos que están muriendo y agonizando de dolor por la falta de medicinas —provocada también directamente por el régimen chavista— puedan nuevamente tratarse, medicarse, curarse y vivir una vida digna con un futuro en libertad.
  • Están votando por los más de 11.000 recién nacidos que no pudieron crecer y tener un futuro en su tierra, y que murieron en 2016 por falta de medicinas, atención, comida, electricidad y sanidad en los hospitales venezolanos, todo provocado por el régimen.
  • Están votando para que el territorio venezolano deje de ser un terreno de establecimiento de guerrilleros de las FARC que hacen sus negocios dentro del narcoejército de la narcodictadura de Maduro, y se convierta finalmente en un territorio al que regresen tantos jóvenes que tristemente han tenido que abandonar sus tierras en busca de un futuro mejor.
  • Están votando para liberarse de Cuba y así empezar a gobernarse por sí mismos, por el mismo pueblo, por la libertad y la democracia.
  • Están votando para que se acabe el dolor.
  • Están votando para tener un futuro.

No soy venezolana, como remarqué al comienzo, soy argentina y no voto, pero sepan que los argentinos que defendemos la transparencia, la pluralidad, el Estado de derecho, la libertad y la democracia, estamos con ustedes, nos solidarizamos y los acompañamos. Por mi parte, estaré presente en alguno de los centros de votación de la Ciudad de Buenos Aires.

Venezolanos, recuerden, sí se puede, así que ahora: ¡a votar!

Antonella Marty Antonella Marty

Es asesora en el Senado de la Nación Argentina. Es Lic. en Relaciones Internacionales de la Universidad Abierta Interamericana. Cursa su maestría en Políticas Públicas en la Universidad Torcuato Di Tella. Tiene un Diplomado en Comunicación y Marketing Político en la Universidad Austral (Buenos Aires). Es investigadora en Fundación Libertad, Argentina. Encargada del Área de Comunicaciones en la Fundación Internacional para la Libertad, España. Fue pasante en Atlas Economic Research Foundation, Fundación para el Progreso, Cato Institute, The IFEF y Cedice Libertad. Sígala @AntonellaMarty.

El socialismo se quedó estancado en la envidia

By: Guillermo Rodríguez González - Jul 16, 2017, 9:00 am
socialismo se quedó estancado

El 1966 se publicó el libro de Helmut Schoeck titulado La envidia: una teoría de la sociedad. Escandalizó a los socialistas al identificar sus teorías de la explotación y la alienación como sucedáneas de la primitiva creencia en la hechicería. Schoeck profundizó en la envidia como causa de fenómenos sociales muy a contracorriente de la tendencia a evitarla como tema de investigación académica. Su propósito fue: “explicar –a modo de teoría, y con la ayuda de diversas hipótesis– cómo se ha llegado a una serie de normas determinadas de comportamiento que actúan en todo grupo y en toda sociedad, sin las que no es posible la convivencia social, pero que, por otra parte, pueden degenerar también en peligrosas agresiones y crear enormes obstáculos para la acción. No tiene sentido querer analizar las estructuras sociales sin intentar antes comprender cuáles son los impulsos humanos que crean, soportan, modifican o destruyen esas estructuras”. Lea más: El socialismo disfrazado de ecologismo solo agravará nuestros problemas ambientales Lea más: Izquierdistas encuentran una sorpresa tras comprar libro titulado "Por qué funciona el socialismo" Schoeck nos muestra que sin envidia no hubiera evolucionado la sociedad humana. Pero sin reprimirla no puede funcionar el orden social a gran escala. La unidad de propósito y la obediencia hacia algún mando en los pequeños grupos fue posible por la envidia. Pero en las altas culturas tal atavismo será clave de los totalitarismos, advierte Shoeck: “la sociología del poder y del dominio debería tener en cuenta el factor de la envidia cuando se observa que algunos de los que se someten al poder desean que otros –que todavía han logrado substraerse a este influjo– se sometan también, para ser todos iguales. Fenómenos como el Estado totalitario, la moderna dictadura, solo se entienden a medias en la sociología si se pasan por alto las relaciones sociales entre los ya igualados y los todavía inconformistas”. Es evidente la cohesión que el sentimiento de envidia otorga al grupo pequeño con unidad de propósito. Pero del grado de represión de su envidia dependerá el grado en que esos grupos puedan o no descubrir y adoptar innovaciones para sobrevivir y prosperar en un mundo cambiante. La paradoja de la envidia que explica Shoeck es que, aunque de la envidia dependió la cohesión de los grupos menores, mientras del manejo y represión de esa envidia depende que dichos grupos crezcan pues: “los grupos menores y las familias cuyos miembros no acertaron a desarrollar sensibilidad bastante frente a la amenazadora envidia (…) a la larga se mostraron incapaces de formar los grupos mayores requeridos para poder conquistar su medio ambiente”. googletag.cmd.push(function() { googletag.display('div-gpt-ad-1459522593195-0'); });   En culturas primitivas la envidia se legitima y enmascara mediante la creencia supersticiosa en la hechicería. Hechicería que permite creer que quién por sí mismo alcanza más que otros, se los habría quitado con maleficios. En culturas primitivas muy dominadas por la envidia no hay otra explicación para cualquier diferencia que esa hechicería. Pero la insoportable vergüenza del envidioso cuando queda en evidencia su motivo requiere enmascarar la envidia para justificarla. De la etnografía Schoeck obtiene que: “Es evidente que el hombre primitivo (…) consideran como caso normal el de una sociedad en la que en cada momento concreto todos sus miembros tienen una situación absolutamente igual. Este hombre primitivo está dominado por la misma idea de igualdad que puede observarse desde hace algunos años en las corrientes políticas de las altas culturas. Pero la realidad es siempre otra cosa  muy distinta. Comoquiera que no consigue explicarse racionalmente las desigualdades existentes, este hombre primitivo atribuye causalmente las desviaciones, tanto hacia arriba como hacia abajo, respecto de la supuesta sociedad normal de iguales, a los poderes maléficos de otros miembros de la comunidad”. La legitimación intelectual de la envidia en las sociedades avanzadas que han superado las creencias supersticiosas en el poder de la hechicería requiere un sucedáneo que justifique y enmascare la envidia disfrazándola de justicia. Y Schoeck explica como: “La autocompasión, la incapacidad de reconocer que otros pueden tener ventajas o méritos que no han debido robar necesariamente a un tercero, es decir, a la persona que se siente envidiada, se encuentra también entre los individuos de las altas culturas, que deberían estar mejor informados sobre la materia. No hay, en verdad, una gran diferencia entre las creencias en la magia negra propias de los pueblos primitivos y ciertas ideas modernas. Mientras que, desde hace más de un siglo, los socialistas se consideran robados y estafados por los empresarios y desde el año 1950 los políticos de los países subdesarrollados piensan lo mismo respecto de los países industrializados, en virtud de una abstrusa teoría del proceso económico, el hombre primitivo se considera robado por su vecino porque éste, con ayuda de la magia, ha sido capaz de embrujar una parte de la cosecha de sus campos”. La mentalidad primitiva cree en una igualdad instintiva inexistente en sus pequeños grupos. La diferencia ha de ser explicada. Y los grupos cuyas explicaciones justifiquen la división del conocimiento y descentralización de las decisiones, evolucionarán en sociedades relativamente más prosperas y numerosas. La mentalidad primitiva se excitará de envidia ante las crecientes diferencias en diversidad horizontal o desigualdad vertical, sean materiales, intelectual o morales. Pero la mitología de la aspiración atávica hoy llamada socialismo será incapaz de alcanzar la sociedad libre de motivos de envidia que profetiza. En última instancia, señala Shoeck, porque los hombres no somos iguales en fuerzas, talentos, capacidades y preferencias, no podemos ser iguales en  resultados. Y mientras en mayor miseria material nos hundan para igualarnos, más se excitará la envidia ante las últimas diferencias inevitables. Igualarnos en todo exige hacernos completamente desiguales en derechos. Shoeck explica por qué quienes pretendan imponer la igualdad exigirán el totalitarismo, ocasionarán la miseria y como los cerdos de la fabula de Orwell impondrán la peor tiranía. Aquella en la que “todos los animales son iguales, pero unos son más iguales que otros”.

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