Y ahora con ustedes, señoras y señores: ¡Baltasar Garzón!

“Y el tiburón, tiene sus dientes y los lleva en su rostro. Y Macky, tiene un cuchillo, un cuchillo, que nadie ve”

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Hay que tener la paciencia de leer las “actas tribunalicias” con las que el juez Garzón acusa, difama, injuria y ataca al presidente chileno. (Youtube)

Lo recuerdo doblando la esquina del edificio de tribunales en Madrid, un portadocumentos bajo el brazo, enfundado en un elegante abrigo de pelo de camello, perfumado como un pijo madrileño y protegido de la lluvia pertinaz bajo un poderoso paraguas de seda negra. Me hizo pensar en Macky Messer, Mack el cuchillero o Macky Navajas, como terminaría entrando al repertorio de mi amigo Rubén Blades. Decía el poema de Brecht: “Y el tiburón, tiene sus dientes y los lleva en su rostro. Y Macky, tiene un cuchillo, un cuchillo, que nadie ve”.

Por esos días había decidido dejar los tribunales y dedicarse a la política. Tenía sus razones: tras la careta del implacable defensor de la justicia, se había hecho popular en los círculos de la clase media española. Tan ansiosa de justicia, retaliación y venganza. Pero no encontró la debida resonancia como para arriesgarse a hacer el ridículo perdiendo el juicio de la aclamación popular. Medió el caso Pinochet, perdido por la contraofensiva que le hicieran la Dama de Hierro y “el Tanque”, nombre con el que el entonces ministro del interior de Ricardo Lagos, José Miguel Insulza, fuera conocido en los bajos fondos de la política chilena. Supo entonces, debidamente asesorado por el empresario político José Luis Rodríguez Zapatero, el Mister Peachum de nuestra Ópera de Tres Centavos, que el futuro inmediato estaba en Caracas, donde se cocinaban óperas de miles de miles de millones de dólares. Y tras una extraña y sorprendente pasantía por Buenos Aires, en donde auxiliaría jurídica y no tan jurídicamente a la afamada “viuda negra”, Cristina Fernández viuda de Kirchner, volvió por sus fueros, siempre al acecho de alguna ocasión para salir a exhibirse en plan Robin Hood de las leyes. Un granuja digno del tribunal de los mendigos de Bertolt Brecht.

Corre ahora por los bosques de Sherwood atacando, las tablas de la ley en su espalda, al presidente chileno Sebastián Piñera, al que pretende demoler poniéndolo de contrafigura de Nicolás Maduro, Raúl Castro y la izquierda marxista chilena. Ya definitivamente alineado con el Foro de Sao Paulo y/o el Grupo de Puebla. Ya no enfrenta al tanque Insulza, eterno precandidato presidencial de la izquierda marxista chilena, y dispara sus primeros tiritos contra el presidente Piñera. Que es como pegarle a un niño lastimado.

Hay que tener la paciencia de leer las “actas tribunalicias” con las que el juez Garzón acusa, difama, injuria y ataca al presidente chileno, en nombre vaya a saber Dios de qué poder divino y supremo, usando toda la batería conceptual de Cuba y sus foristas, a los que escolta en su esfuerzo por derribar al único gobierno limpiamente liberal y definitivamente antisocialista de Hispanoamérica. En verdad sin otra causa que la del dictador de Venezuela, el agente colombiano criado en Venezuela y educado en la isla de Pinos por los expertos en desestabilización y asalto de los servicios y aparatos de seguridad y contra inteligencia cubana, mejor conocidos como “G-2”.

Nunca sabremos los millones de dólares pagados por la dictadura venezolana al socio político de Garzón, el desprestigiado José Luis Rodríguez Zapatero, con el único fin de emascular, pulir y lijar a Leopoldo López, al que consiguió domeñar, domesticar y finalmente poner al servicio de la cohabitación de su pupilo Juan Guaidó con Maduro. Logró con ello oxigenar al tirano y postergar todo intento insurreccional por desalojarlo del poder. Y ahora, ya cumplida esa etapa de sus servicios a la dictadura chavo madurista, se desplaza a Chile para continuar defendiendo a sus dos tiranías preferidas –la cubana y la venezolana–, coadyuvando al complot contra el único ejemplo exitoso puesto en práctica en América Latina para salir de la pobreza y el subdesarrollo.

A pesar de ser chileno en primera instancia, no soy yo quien debiera responder el infundio del amigo secreto de Cristina Kirchner. Es una tarea propia de esa brillante intelectualidad que acompaña al presidente chileno. Espero que lo pongan en su lugar: el basurero donde van a dar los serviles y obsecuentes esbirros de las tiranías.

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