¡Es Cuba, idiota!

Nuestro principal enemigo son las fuerzas hemisféricas del castrocomunismo y de Cuba

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Los dos focos de nuestra política exterior son fortalecer nuestros vínculos con el Departamento de Estado y enfrentarnos sin condiciones con el castrocomunismo internacional. (Efe)

“La revolución cubana es la máxima tragedia
que le ha ocurrido a Cuba en toda su historia”.

Carlos Franqui.

Sorprendente y altamente positiva la decisión del guaidosismo que ante el repudio universal que encontrara el primer gran error comunicacional pos Puerta de Sol de su líder, Juan Guaidó, que en un caso de máxima confusión e inconsciencia planteara la necesidad de involucrar a Cuba, principal responsable de nuestra tragedia, en las acciones de nuestra liberación, retrocedió en seco, llamando a la comunidad internacional de naciones democráticas a enfrentarse a la tiranía cubana. Y romper relaciones, en bloque y cuanto antes. ¿Cómo puede alguien pretender ganarse la confianza de los norteamericanos coqueteando simultáneamente con el socialismo español, la Internacional Socialista, Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero?

Zanjar terrenos, ideológicos y prácticos, con los máximos responsables del surgimiento y entronización de la dictadura que nos asuela —la alta oficialidad de las Fuerzas Armadas controladas por Vladimir Padrino, en primer lugar, pero también con Cuba y todos sus aliados políticos nacionales e internacionales—, es el primer objetivo de una estrategia de liberación nacional. Situando a la tiranía cubana en el ojo de nuestra acción opositora, con el firme propósito de derrotarla en todos los ámbitos. Esa es nuestra primera prioridad en política internacional. Son los dos focos de nuestra política exterior: fortalecer nuestros vínculos con el Departamento de Estado y enfrentarnos sin condiciones con el castrocomunismo internacional.

Resulta insólito tener que repetirlo hasta el cansancio por obvio, pero nunca está demás subrayarlo en una sociedad nacional y regional profundamente infiltrada por el castrocomunismo en todas sus formas. ¿Olvidaremos que hasta hace nada el castrocomunismo dominaba los Gobiernos de Venezuela, en primer lugar —y continúa ejerciéndolo—, pero también en los de Ecuador, Perú, Bolivia, Argentina, Uruguay y Brasil, mientras en el colmo del embate manejaba la Secretaría General de la OEA en la figura del marxista chileno José Miguel Insulza? ¿Olvidaremos que de estar en manos del Partido Popular, España ha pasado a manos del PSOE y Pedro Sánchez, en sólida alianza con Pablo Iglesias y Podemos, la franquicia del chavismo en la península?

Juan Guaidó, principal figura de la lucha por la reconquista de la democracia que libramos los venezolanos, debiera tenerlo muy presente: nuestro principal enemigo son las fuerzas hemisféricas del castrocomunismo y de Cuba, la tiranía que les sirve de centro estratégico de acción, organización, planificación y financiamiento. Sin derribar la dictadura venezolana y sin fracturar el influjo y dominio de la tiranía cubana, no habrá paz, democracia ni prosperidad en América Latina. Derribarlas, como proponían Bolívar y Sucre hace doscientos años, sigue siendo la gran tarea pendiente de las fuerzas emancipadoras latinoamericanas.

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