El Grupo de Puebla alucina con poner a Estados Unidos en una situación imposible

El quinto encuentro del Grupo de Puebla se llevó a cabo a través de la plataforma Zoom y contó con la participación de varios dirigentes y exmandatarios

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Grupo de Puebla
Rodríguez Zapatero, participante del Grupo de Puebla. (Foto: La Moncloa)

El quinto encuentro del Grupo de Puebla se llevó a cabo hace pocos días a través de internet. Si disfruta usted de un estómago muy saludable como para verlo, puede conseguirlo en dos extensos videos que suman más de tres horas.

Los llamados a la unión fueron reincidentes, pero cada cabeza parlante se dedicó a llevar agua a su propio molino. No podía ser de otro modo, dado que el evento prometía atender:

 

  1. La crisis económica;
  2. La pandemia;
  3. El proceso de paz en Colombia.

 

Lo arduo de los temas -o el hecho de ponerlos juntos- no ayudó a que los ponentes lograran organizar presentaciones coherentes, aunque veremos que la coherencia no es uno de los objetivos del grupo.

Por suerte, no me será posible aquí dar cuenta de la totalidad de las intervenciones. Tal vez sí indicar algunos de sus notables despropósitos.

 

“Mejor no pagamos la deuda”

Ernesto Samper abrió asegurando que economía, pandemia y paz están muy vinculados. Posiblemente por razones de tiempo no logró decirnos de qué forma. Pero quedó establecido que el foco de su mensaje va en esta dirección: “el final de esta pandemia no puede ser que regresemos al mismo modelo del cual salimos”.

Por su parte, el presidente argentino, muy sonriente e innecesariamente acompañado, comentó que el mundo será diferente después de la pandemia, aunque tampoco se atrevió a dibujar la visión que tiene de ese futuro. Además, concluyó que la meritocracia no es el camino, postura que confirma que no llegó a la presidencia por méritos propios.

El economista norteamericano, Joseph Stiglitz, que vivió grandes dificultades para hacer coincidir su rostro con la cámara de video, reprochó a la Casa Blanca su falta de liderazgo mundial y revisó la posibilidad de que la economía se vea fuertemente afectada, especialmente en los países menos robustos; algo que no nos ayuda a entender que el economista ganara el premio Nobel. Su intervención fue interrumpida abruptamente, tal vez porque fue en inglés o porque era bastante obvio lo que decía.

Estos tres personajes pusieron énfasis en la necesidad de flexibilizar -o llanamente condonar- las deudas externas en América Latina. Casi de inmediato, una especie de hipo de la lógica le permite al grupo solicitar facilidades para recibir fondos de instancias internacionales. No parecen notar que pedir moratorias no suele ser la mejor manera de hallar interesados en otorgar préstamos.

 

Un “gran hermano” mundial

José «Pepe» Mujica, siguiendo la simple línea de sus compañeros, manifestó su sonoro apoyo a un estado tan gigante como haga falta, que gaste más en salud. Así de simple.

También planteó que “esta pandemia ha venido a poner arriba del tapete la debilidad de esta humanidad y mi pregunta es la siguiente: ¿el sapiens ha llegado a los límites posibles de su gobernanza? Y, si es así, ¿qué nos espera?”.

Advierto al lector que debe abandonar toda esperanza de conseguir, en el resto de la intervención del expresidente uruguayo, respuestas a estas preguntas o una mínima referencia acerca de cómo se relacionan sus extrañas ideas.

Rodríguez Zapatero nunca decepciona. En su intervención sugirió una integración soviética-latinoamericana (no con esas palabras, claro) que nos proteja de esos mismos mercados de quienes requerimos fondos y a quienes, también, les pedimos tolerancia para no pagarlos. La paradoja quedó expuesta en las crípticas y desconcertantes palabras del expresidente: “¿Cómo defenderse de los mercados? ¿Cómo obtener financiación?”. Obviamente, no hay una sola idea acerca de los mecanismos necesarios para equilibrar absurdos de tal magnitud.

El socialista español también sacó a relucir su versión de multilateralidad. Una de esas palabras fetiche, con la que insisten en ventilar un perenne complejo de inferioridad con respecto a Estados Unidos. En ese sentido, Rodríguez Zapatero se quejó, con visible tristeza, de “aquellos que parece que creen que el único destino de la humanidad es confrontarnos, odiarnos, pelearnos”, para poco después rematar con que: “Tenemos que hacer que china y, ojalá la Unión Europea. Pongan a Estados Unidos en una situación imposible”.

A Gustavo Petro no se le puede reprochar distensión en su tenacidad, jamás se cansa de repetir lo mismo, independientemente de que tenga o no que ver con el debate. Está convencido de que las dos gigantes complicaciones actuales, como lo son la pandemia por un lado y la reactivación económica por otro, encuentran su punto de articulación en la crisis climática. Aunque sea difícil de creer, no hubo un salto en la transmisión ni un fallo técnico, que dé cuenta de la brecha entre estas ideas. Para él la relación es transparente.

Pero esto no es lo mejor, la audaz propuesta del senador colombiano fue “la salud como un bien público global”. Una política de alcance no solo nacional o latinoamericano, sino mundial. Vemos que el Grupo de Puebla insiste en inventar una pésima forma de ciencia ficción. A pocos asombrará que el artilugio para lograr ese portento sea la planificación mundial. Nada menos.

 

Incongruencias sin gracia

Este encuentro virtual sirve para constatar la monotonía de la línea política de los poblanos: aullar adoloridos por recursos para financiarse ilimitadamente. Después de todo, sobre algunos de los ponentes pesan gruesos expedientes por corrupción u otros crímenes.

¿Cuál es el secreto para conseguir esos fondos que tanto anhelan? Acá tampoco conseguiremos grandes maniobras: quitar dinero a quienes, a su juicio, lo han acumulado ilegítimamente, o bien, pedirlo prestado. a esos mismos personajes. Si se tratase de un grupo de comediantes, Cantinflas estaría orgulloso.

En todo caso, seguirán haciendo todo lo posible por implementar las mismas políticas que han fracasado sistemáticamente. Sin avergonzarse demasiado por su descoordinación, su ilimitada libertad editorial para filtrar cuanta incongruencia les apetezca, el abundante uso de palabras huecas y, esperemos, pocas vías reales para avanzar sus terroríficas fantasías.

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