Anclaje y emisión monetaria son incompatibles en Venezuela

El Gobierno no sigue imprimiendo porque sea masoquista, lo hace porque en términos de valor real sus ingresos por vía de impuestos se desploman, lamentablemente, mientras más imprime más duro es el desplome.

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Trabajadores del Banco de las Fuerzas Armadas Bolivarianas (BANFANB) organizan billetes del nuevo cono monetario hoy, 20 de agosto del 2018, en Caracas (Venezuela). Venezuela reemplazará los billetes en circulación por una nueva moneda dentro del proceso de reconversión monetaria con el que se eliminarán cinco ceros a la moneda nacional, el bolívar, que a partir de hoy llevará el apellido de «soberano». EFE/Miguel Gutierrez

En la antesala de la eliminación de cinco ceros a la moneda nacional ha habido un barraje de anuncios presidenciales que darían la apariencia de que hay una suerte de reforma monetaria heterodoxa en ciernes: despenalización cambiaria, con promesas de una liberación del control cambiario que no termina de llegar; llevar la gasolina a “precios internacionales” sin precisar de qué precio concreto se habla; subsidios compensatorios focalizados, pero no a los más necesitados, sino a quienes sin discriminación de nivel de ingreso opten por un carnet de tinte político; y tal vez la medida más critica, el anclaje del nuevo signo monetario a una cuasi-criptomoneda, pero a través de ella al precio de un commodity como el petróleo.

Dejando a un lado la discusión sobre la validez del instrumento al cual se ancla, se pregunta uno si quienes hacen estos anuncios en realidad saben de lo qué están hablando. Anclar una moneda a algo que preserva su valor en el tiempo, el dólar, el euro, el precio del oro, o algo similar, significa establecer lo que se conoce como una “Caja de Conversión” o Junta Monetaria. Eso, a su vez, requiere comprometerse de manera explícita a que el Banco Central o autoridad monetaria nacional no emitirá un bolívar más de los que están en circulación al momento de anclaje.

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El motivo para esas acciones tan duras es que, contrario a lo que pudiera suceder en inflaciones severas, pero de menos del 100 % anual que Venezuela sufrió por varias décadas, donde las causas pueden ser múltiples, en hiperinflación hay una sola cosa que alimenta el fenómeno, y esa es la creación electrónica o impresión de dinero sin respaldo. Pero el Gobierno no sigue imprimiendo porque sea masoquista, lo hace porque en términos de valor real sus ingresos por vía de impuestos se desploman, lamentablemente, mientras más imprime más duro es el desplome. El caso típico del perro tratando de morderse la cola.

Uno hubiera pensado que si hace ya varios meses se tomó la decisión de anclar el nuevo Bolívar, el BCV hubiera empezado a reducir su creación de dinero paulatinamente, pero resulta que está sucediendo todo lo contrario. Para principios de año el aumento mensual de la liquidez estaba en un 25 % mensual, en marzo era del 61 % y para la última semana que registra el BCV en sus estadísticas, la primera de agosto, había subido aún más, a un 82 % mensual. Es más, el aumento interanual, que para mayo era del 6.000 %, ya una cifra gigantesca de por sí, ahora está en 12.434 %. Todo lo cual da la sensación de que quien controla el teclado del BCV desde donde se aumenta la liquidez no se ha enterado de que se va hacia un anclaje o, peor todavía, deliberadamente está impidiendo que eso se logre contraviniendo las órdenes superiores.

Los voceros gubernamentales se empeñan en decir que la hiperinflación es culpa del termómetro a saber Dólar Today, y no hacen mención alguna, tal vez porque no entienden el fenómeno, de que el culpable está en sus propias filas, o tal vez porque piensan que el sobregiro que esa impresión le permite al Gobierno puede durar para siempre sin consecuencias. Claro que tomar en serio un anclaje monetario también tiene consecuencias colaterales que el espacio no permite reseñar, pero mientras la política monetaria se debata de manera bipolar entre ofrecer un anclaje y aumentar la masa monetaria con abandono, la única resultante puede ser que la hiperinflación alcance niveles insospechados en la antesala de un colapso de la moneda.

En vez de satanizar al mensajero, más le valdría al alto Gobierno que dice estar comprometido con un anclaje que elimine la hiper, quitarle el teclado a quien desde el BCV está alimentando el incendio.

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