Las horas oscuras de los militares venezolanos antes del 23F

Hoy casi todos los miembros de la oficialidad de las cuatro fuerzas, pero especialmente los del Ejército, están preocupados sobre lo que le pueda pasar este fin de semana y el impacto sobre su futuro

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El ministro de Defensa de Maduro, Vladimir Padrino, y su cúpula de alto mando se niegan a desconocer al usurpador Nicolás Maduro. (Twitter)

A medida que se acerca el 23 de febrero, fecha clave para el ingreso de la ayuda humanitaria a Venezuela, la tensión y la incertidumbre se apoderan de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), institución que parece irremediablemente destinada a hundirse con el régimen de Nicolás Maduro.

 

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Hoy casi todos los miembros de la oficialidad de las cuatro fuerzas, pero especialmente los del Ejército, se miran con recelo, cuidan sus palabras, tratan de escuchar tras las puertas, hablan en clave sobre lo que está pasando en el país, borran los chats de whatsapp, cambian el acceso de sus correos, guardan dinero en efectivo y tienen identificados lugares donde puedan resguardarse en caso de que lo necesiten.

 

No importa si tienen un motivo real o no para la paranoía. Da igual, el sobresalto no les abandona. Unos temen ser traicionados, otros se mantienen aterrorizados ante la posibilidad de ser señalados falsamente de conspiración, y un tercer grupo sabe que mientras corren las agujas del reloj aumentan las probabilidades de que se genere un conflicto del que difícilmente podrán escapar. Los últimos,  los cómplices de la dictadura, ya hasta admiten que son “cadáver”.

 

Nadie tiene garantía de que pueda conservar su vida

 

Razón para la angustia no les falta a ninguno de los tres grupos. En los últimos días la FANB se ha convertido en una institución en la que ninguno de sus miembros tiene garantía de que pueda conservar su vida. Sólo el lunes pasado, los medios locales reportaban un extraño suicidio dentro de un Destacamento de la Guardia Nacional en el estado Zulia.

 

Las primeras versiones que se difundieron en redes sociales, señalaban que el coronel Robert Peralta Echenique, quien había sido jefe del Estado Mayor del Comando de Zona, había tomado su arma de reglamento, entrado a la oficina de su jefe y que se disparó en la sien.

 

Horas después la versión cambió y se precisaba que el coronel regresó de reposo y, tras buscar su arma, habría ido al baño donde se quitó la vida, sin testigos.

 

“En un momento de tanta tensión se puede esperar que cualquier cosa suceda dentro de la FANB, aunque son hombres entrenados para mantener el control, hoy no todos lo logran. Tal vez ese hecho en el Zulia no tenga relación alguna, pero aumenta la duda entre los oficiales que se encuentran en otros destacamentos y regiones”, confío una fuente castrense a PanAm Post.

 

Para nadie es un secreto que en los últimos años, oficiales y hasta la tropa profesional han estado tratando de organizar un movimiento de insurrección para acabar con el régimen de Nicolás Maduro y devolver la democracia a Venezuela. Sin embargo, todas esas acciones han fracasado por filtraciones y delaciones.

 

Aunque los involucrados en esos planes de rescate de la democracia han usado múltiples seudónimos a la hora de establecer los contactos con militares de otras zonas y componentes, los elementos de inteligencia les han detectado. En los últimos años se maneja una cifra de no menos de un centenar de efectivos detenidos y perseguidos por estas acciones. Algunos, de acuerdo con denuncias de sus familiares y de organizaciones de derechos humanos, han sido torturados por semanas.

 

“A varios les han conseguido pruebas. A otros, como a mi, hasta me interrogaron dos veces y nunca pudieron acusarme formalmente. Nuestro grupo tuvo mucha precaución y logró hacer conexiones con la Armada y la Aviación, aunque no conseguimos coordinar la fecha para actuar. Después cayó un coronel que nos presionaba para fijar fecha, y por él se supo de algunos de nosotros”, revela un oficial que finalmente huyó de Venezuela tras conocer que pretendían encarcelarle y torturarle para que hablara.

 

Son horas en las que ningún miembro de la FANB se atreve a dar un paso porque no tiene seguridad de que lograrán sus objetivos, de que nadie los traicionará. “Temen a la cárcel y una persecución a sus familiares”.

 

Retaliaciones contra familiares de militares

 

Y es que el régimen de Maduro, copiando a la perfección al sistema cubano, ha llegado a perseguir, criminalizar y encarcelar a los familiares de militares que han sido detenidos por no apoyar al chavismo. Incluso han ido aún más lejos: cuando un militar es descubierto y logra huir, la tiranía detiene a sus familiares y los usa como chantaje para que el efectivo regrese y se entregue a cambio de la libertad de los inocentes.

 

Así pasó con la familia del sargento Harry Solano, de la Guardia Nacional, quien se alzó el 21 de enero con el grupo que tomó el comando de la GN en Cotiza, Caracas.

 

Como Solano consiguió evadirse y llegar a Colombia para pedir refugio en la Acnur, el régimen detuvo a su suegra de 73 años, a su madre de 64, a su sobrina de 19 y al novio de su sobrina. Además destruyó las casas de todos al momento de buscarlos.

 

El hecho fue documentado por el Foro Penal, ONG que incluyó a esas cuatro personas en el informe sobre presos políticos que constantemente envían a la Organización de Estados Americanos y a otras instancias internacionales.

 

Indiferentes, actitud vergonzosa

 

Los oficiales que prefieren abstenerse de hacer algo por la libertad del país, dudan de cada palabra que dirán y hasta de sus gestos, porque la tensión es tan alta que cualquiera puede malinterpretarles y señalarles de estar en un plan conspirativo.

 

“Es un papel muy triste y vergonzoso el de ellos. Están expectantes, miran todo lo que está pasando y no reaccionan. Piensan que si se mantienen al margen esto pasará y no tendrán de qué preocuparse. Lamento decir que esta situación los puede arropar a ellos en cualquier momento”, comenta un oficial retirado consultado por PanAm Post, quien prefirió mantener en reserva su identidad.

 

Esos militares sólo esperan el desenlace sin evaluar con más precisión los escenarios, sin comprender el ultimátum dado por Estados Unidos y la clara y firme posición que hoy mantiene la comunidad internacional sobre la situación de Venezuela.

Cada vez más erráticos

 

La mayor parte de los militares de alto rango, ese grupo que a cambio de poder e impunidad sostienen al régimen de Maduro, son los que experimentan la mayor angustia con el tic tac del reloj. Saben que el desenlace final está cerca, que no habrá cómo escapar a su destino.

 

Entre ellos está clavada la duda de quiénes serán sus compañeros que han estado sosteniendo reuniones con representantes de EEUU y con miembros del gobierno legítimo de Juan Guaidó, quienes son los que ya decidieron que les dejarán solos en el momento de la verdad.

 

Algunos tienen días sin prácticamente dormir, saben que se encuentran atrapados entre la espada y la pared y que para ellos probablemente no habrá un buen futuro, que se acabaron sus años dorados de usar un cargo en la administración pública o posiciones para enriquecerse a costa de la miseria de todo un país. Saben que ya no habrá más tratos especiales y que quizás ni ellos ni sus hijos tengan acceso a sus fortunas.

 

Aunque se esfuerzan por mantenerse firmes, erguidos y mostrar que tienen el poder alzando sus armas, la realidad es que sus acciones cada vez más erráticas les delatan: algunos se aislan a ratos, otros tardan en dar respuestas, giran instrucciones y luego son suspendidas, y hasta tienen arrebatos de rabia por las filtraciones de audios e imágenes de asuntos que para ellos deberían ser considerados de seguridad de Estado.

 

Tienen claro que si una sola bala se dispara en el binacional Puente Tienditas cuando se intente introducir a Venezuela la ayuda humanitaria, simplemente todo el peso internacional caerá sobre ellos y  no habrá oportunidad para salvarse del naufragio.

 

También tienen muy claro que permitir el ingreso de la ayuda humanitaria y no actuar contra los civiles que la traen, desatará los demonios de su grupo y que, como la mafia, habrá reacciones que realmente nadie puede predecir.

 

Sin duda hoy los militares venezolanos viven sus horas más oscuras.

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