Aumenta el riesgo para periodistas que cubren la crisis de Venezuela

El Comité de Protección de Periodistas, que se encarga de brindar apoyo a comunicadores en zonas de guerra, está muy preocupado por el deterioro de la situación en Venezuela, y considera que la detención del equipo de Univisión fue "un mensaje escalofriante"

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policías mexicanos
Aumenta el riesgo para periodistas que cubren la crisis de Venezuela (Archivo)

Una misión de emergencia del Comité de Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés)  visita la frontera colombo-venezolana para conocer de cerca la situación de los comunicadores en Venezuela, donde la prensa es considerada “enemiga” del régimen de Nicolás Maduro  y se ha convertido en blanco de grupos armados irregulares que le respaldan.

La delegación, integrada por María Salazar y John Otis, y acompañada por Luisa Isaza, de la Fundación Para la Libertad de Prensa (Flip), se reunió con periodistas venezolanos que aún quedan en Cúcuta tras el cierre de la frontera y las jornadas de represión que se registraron a raíz del bloqueo del acceso de la ayuda humanitaria enviada por la comunidad internacional para Venezuela.

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El organismo, que atiende la situación de periodistas en zonas de conflictos bélicos, prendió sus alarmas por Venezuela cuando el equipo de Univisión que entrevistaba a Maduro fue detenido en el propio Palacio presidencial de Miraflores y luego deportados sólo porque a éste no le agradaron las preguntas del periodista Jorge Ramos.

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“La detención del equipo de Univisión fue un mensaje escalofriante (…) Estamos muy preocupados sobre cuál va a ser la situación en la que van a trabajar los periodistas venezolanos. En los últimos dos meses hemos visto un deterioro en las condiciones en las que laboran”, explicó  Sálazar a Panampost.

Una de las grandes angustias del CPJ, especialmente tras al detención del equipo de Univisión, son los problemas que puede enfrentar la  prensa extranjera que acudirá a cubrir la crisis más importante que hay actualmente en la región. El agravamiento del conflicto en la nación suramericana, donde Nicolás Maduro se ha atrincherado en el poder respaldado por las Fuerzas Armadas y grupos paramilitares, es cada vez mayor.

“Hay muchos periodistas internacionales que están tratando de entrar, que están teniendo problemas con visados, están siendo expulsados o detenidos”, precisó.

El pasado mes de febrero arribaron a Colombia unos 500 periodistas de todo el mundo para cubrir en la ciudad fronteriza de Cúcuta el concierto internacional Venezuela Aid Live, la reunión de los presidentes de Chile, Colombia, Paraguay y Venezuela, así como el intento del ingreso de la ayuda humanitaria al territorio venezolano.

La cobertura llegó a convertirse en días de terror para centenares de periodistas cuando la violencia contra la prensa fue desatada en el lado venezolano no sólo por los efectivos policiales y militares leales a Maduro, sino también por grupos armados y presos comunes que fueron sacados de la cárcel para que defendieran la revolución.

En medio del conflicto hubo periodistas heridos, perseguidos, robados, amenazados, secuestrados, extorsionados, detenidos y atrapados sin poder salir de una zona controlada de lado y lado por diversos grupos irregulares.

Organizaciones gremiales que monitorearon la situación, reportan al menos una treintena de casos en los que los periodistas estuvieron expuestos a situaciones de peligro de muerte.

“Me tiraron en el piso y me apuntaban con armas”, relató el comunicador Gregory Jaimes, de VPI Televisión, la las periodistas Lorena Rad y Judith Valderrama, del Colegio Nacional de Periodistas (CNP) y del Sindicato de Trabajadores de la Prensa (SNTP), respectivamente, que se encargaron de documentar los hechos.

Pero la violencia no se detuvo ahí, en la zona de frontera hubo enfrentamientos entre quienes deseaban pasar a su país a llevar las medicinas y alimentos y las fuerzas oficiales y paraoficiales del régimen. En esas acciones resultaron afectadas por perdigonazos varias personas de la prensa. Hubo casos de perdigones que, aunque no causaron daños mayores, cayeron en cabeza y en rostro, cerca del ojo.

Los disparos hacia la zona de la cabeza y rostro fue un patrón de actuación desde el lado venezolano, según se puede concluir de las cifras de heridos y afectados atendidos por Médicos voluntarios de Venezuela en territorio colombiano. El reporte de los galenos da cuenta de 14 jóvenes que sufrieron impacto de perdigones en ojos (4 perdieron un ojo) y más de 40 en cara, de 230 personas atendidas en los puentes Simón Bolívar y Santander (ambos en lado colombiano, a los que llegaban los perdigones, balas y bombas lacrimógenas lanzadas del otro lado de la frontera).

La enviada especial de Panampost Carola Briceño recibió un perdigonazo en la nariz, cerca del ojo, sin que tuviera consecuencias mayores. El perdigón fue de metal. En ese mismo momento, perdigones de goma también alcanzaron la zona en la que se encontraban otros comunicadores cubriendo los hechos, además de funcionarios de la policía y de Migración Colombia.

Con el cierre de la frontera también los periodistas enfrentaron otras situaciones de riesgo al quedar atrapados en una zona completamente dominada por diversos grupos irregulares: guerrilla, paramilitares, hombres de carteles de drogas, grupos de civiles armados del chavismo.

Muchos periodistas venezolanos, al no tener pasaporte y no poder salir de la zona por vía aérea, debieron atravesar las llamadas trochas, vías ilegales dominadas por grupos irregulares que permiten el paso a cambio de dinero. Los trabajadores de la prensa estuvieron expuestos a distintos grupos y en algunos casos hubo robos. “Nos buscaron al hotel y no podíamos alzar la mirada”, relató una reportera las horas de terror que debió vivir mientras intentaba regresar a su país.

Algunos comunicadores dejaron sus identificaciones y sus equipos de trabajo en Cúcuta, bajo el cuidado de terceros, por temor a ser despojados de ellos en las trochas o de que al ser identificados pudieran correr peligro de muerte. Otros tuvieron que prolongar su estancia en  la ciudad en espera de que abrieran la frontera.

De los que pasaron por trocha el caso más dramático fue el del periodista Mario Peláez, director del Diario El Caribazo, en Nueva Esparta, a quien el régimen de Maduro detuvo ya cuando lograban ingresar al territorio venezolano.

Peláez y otras tres personas con las que se encontraba, fue trasladado desde Táchira a Caracas, detenido en la sede de la policía política del régimen y presentado en tribunales acusado de supuestamente instigación al orden público.

Paralelamente a lo que ocurría en la zona limítrofe colombo-venezolana, en Caracas y en otras regiones del país también se registraron hechos de violencia y ataque a la prensa.

Para las próximas semanas se teme que recrudezcan las arremetidas contra la prensa y que los periodistas puedan ser las principales víctimas del conflicto generado por la negativa de Maduro a entregar el poder al presidente constitucional, Juan Guaidó.

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