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Profecías y guarimbas: El error de la oposición en Venezuela

Por: Carolina Jaimes Branger - Mar 17, 2014, 8:00 am

Es la pregunta del segundo, del minuto, de la hora, del día, del mes y el año. Si tuviera la respuesta tal vez viviría la mitad del año en Verona, dedicándome a escribir sin que nada me perturbe.

Pero la gente tiene la necesidad de creer en algo y sobre todo, en alguien, y por eso sucede algo tan demencial como que uno de los oráculos de la oposición venezolana sea un “profeta” brasileño. El día que ese señor me diga los números que van a ganar en el Lotto de Nueva York o en el Power Ball de Florida, le pediré disculpas por haber pensado que era un charlatán y me convertiré en su mejor propagandista. Mientras, me limitaré a pensar que hay alguien que lo patrocina, que le manda a decir cosas y que hay una agenda turbia detrás de todo lo que dice. ¿Cómo manda — desde fuera de Venezuela, vía Twitter y canales de Internet — a que otros se pongan de carne de cañón? Y sobre todo, ¿cómo puede la gente hacerle caso?.

“Cinco días más y cae”, señala el profeta. Desde el 12 de febrero estamos en esta historia de dolor y desgracia que vive Venezuela. Con nuestra juventud dando todo, porque esos muchachos están en la edad en la que por los ideales se está dispuesto a dar hasta la vida, sin detenerse a pensar que pudieran estar siendo utilizados por personas que ya están de vuelta de todo y carecen de cualquier tipo de escrúpulo. Yo sé que ellos no obedecen al “profeta”, pero sí están aupados por miles de personas que creen que “ya” vamos salir de esto.

Por eso cada vez que alguien pregunta qué va a pasar aquí está esperando escuchar la respuesta que quiere oír, y no la que uno da. “¿Crees qué Maduro se va a ir?” No, no creo que “se vaya a ir”. Por lo menos no en el corto plazo. Creo que tendrían que pasar cosas horribles e inimaginables para que Maduro “se vaya”. Tener la mitad del país, además de armas, dinero y la mayoría de los medios de comunicación masivos no es poca cosa. También tiene control sobre los cuerpos de seguridad del Estado y las instituciones. Para muestra, ahí está la “defensora” del pueblo.

“¿Estás de acuerdo con las guarimbas?” es otra de las preguntas que suelen hacerme. Rotundamente NO. Las guarimbas me parecen mecanismos de autosaboteo. Pero cada vez que digo esto, el 90% de mis interlocutores me cae encima y me repregunta “¿entonces si no hacemos guarimbas, qué hacemos?”. El desespero — que entiendo y comparto — nos hace querer soluciones inmediatas. ¿Nunca han pensado que el inventor de las guarimbas no vive en Venezuela? Si fuera tan eficiente la receta, debería estar aquí peleando por lo que está tan convencido de que funciona; no montando vídeos en YouTube.

Las soluciones en las que creo y veo factibles, son más de una lucha pacífica y de largo aliento. Nadie dijo que salir de esta situación que tanto nos agobia sería fácil, aún más después de 2002 cuando se cometieron todos los errores que podían cometerse y más. Desde ese momento, Hugo Chávez se preparó para que aquello que le pasó en esa oportunidad no le volviera a suceder más nunca. Los errores se pagan… y se pagan caro.

El fervor y la pasión de los estudiantes luchando por un futuro que hoy no tienen es esperanzador; pero obnubilarnos a la realidad no nos ayuda.

Por último, no veo salida si no hay apoyo militar. Y los verdeoliva parecen estar o demasiado cómodos o demasiado enredados. Tampoco creo en el cuento de que “están esperando para reaccionar”. ¿Qué es lo que están esperando? Ya la sola incapacidad del gobierno de no poder ponerle coto a la inseguridad debía haber sido suficiente razón — no para un golpe de estado — pero sí de tomar cartas en el asunto. Y el año pasado vimos cómo “tomaron las calles” y no sirvieron para más nada, sino para aumentar la “matraca” (*). La lucha que se libra hoy en nuestras calles es una lucha totalmente asimétrica. Piedras y bombas molotov caseras no pueden contra armamento de guerra. Y sabemos que el gobierno aún no ha demostrado lo que es capaz de hacer. Sólo hemos visto la punta del iceberg. Sé de un militar que se jactó de que si ellos reprimieran “de verdad” en Venezuela faltarían cajones para meter a los muertos.

De repente, por todas estas razones es que prefieren creerle al profeta carioca…

(*) La expresión “matraca” se conoce en Venezuela como aquella acción en las que funcionarios públicos, en abuso de su cargo, exigen a los ciudadanos dinero a cambio de ser laxos con respecto a infracciones cometidas por éstos.

Este artículo originalmente se encuentra en la página de El Universal.