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Venezuela: Las enfermedades sociales se perpetúan gracias a la estupidez

Por: Carolina Jaimes Branger - Abr 28, 2014, 8:13 am

El gobierno, como si no tuviera suficientes problemas, arremete nuevamente para ver si esta vez logra la tan anhelada ideologización de nuestros escolares, para poder “naricearlos” a su antojo. Pero como dice mi amigo Jorge Sayegh, una cosa es que la aprueben y otra que la pongan en marcha. Se necesita mucha disciplina, mucha eficiencia y mucho tesón para modificar un sistema educativo, y todos sabemos que aquí la poca disciplina y eficiencia que había las mató la revolución roja rojita. Tesón sí han tenido para fregar, pero dudo que solo con tesón lo logren.

Sin embargo, no deja de ser preocupante el que la ya maltrecha educación que se imparte en el país empeore. Aunque la resolución copie –en ocasiones textualmente– la Declaración de los Derechos Humanos de la ONU, cite fundamentos legales rimbombantes o se apoye en soportes jurídicos, el fantasma del Estado Docente vuelve a amenazar a los escolares venezolanos. El Estado que suple el papel de los padres y los docentes en la educación de sus hijos y alumnos.

Un corto pero contundente análisis de la Profesora Olatz Isasi, Coordinadora Académica del Centro de Derechos Humanos de la UCAB, llama la atención sobre el literal “f” del considerando: “la Resolución 058 señala que ‘los ambientes escolares son espacios abiertos los 365 días del año para la enseñanza y el aprendizaje, la práctica democrática y la transformación de la estructura institucional necesaria para el desarrollo del poder popular’. Si tomamos en cuenta que el Poder Popular tiene como uno de sus fines, ‘…construir las bases de la sociedad socialista, democrática, de derecho y de justicia’, además de las repetidas referencias que se hacen a consejos comunales y colectivos sociales, no discriminados, como miembros de los comités del Consejo Educativo con injerencia en planificación, ejecución, seguimiento, control, supervisión y evaluación dentro de las instituciones educativas, se puede inferir la posibilidad de que la escuela se convierta en un espacio de ideologización, atentando contra el necesario pluralismo que garantiza la educación de calidad”.

El Presidente Chávez repitió ad nauseam que las escuelas serán centros de difusión revolucionaria, porque él era “zurdo de brazo y de convicción”. La primera vez que lo escuché pronunciarse marxista fue justamente en el marco de las I Jornadas de Educación Política en Porlamar en 2001. Puede haber “educación política”, pero la educación no debe politizarse.

La historia, desgraciadamente, se repite. Cuando se aprobó la Ley de Educación en primera discusión en 2001, Aristóbulo Istúriz la rechazó por inconveniente para el proyecto de nación que “ellos” tenían. Dijo que la educación tiene que responder a las demandas de los sectores con los que los “revolucionarios” están comprometidos, pero no de todos los sectores. Y para rematar, volvió al tema del Estado Docente y afirmó que la educación no es un derecho individual, sino un derecho social. En otras palabras, la educación es un derecho supeditado a la sociedad, dentro de la concepción de un Estado Docente. El Estado Docente es malo en sí mismo. Pero en las circunstancias actuales de nuestro país, con un gobierno que controla todas las instancias de la sociedad, esta postura es peligrosísima.

¿Se han paseado por la idea de que bajo la concepción general de un Estado Docente, en la que el Estado prevalece sobre la familia, podría obligarse a que los niños fueran educados desde el comienzo mismo de la vida, pero no por sus madres, sino por el Estado?.

En el espíritu de la Resolución 058 está incólume el PEN, el Proyecto Educativo Nacional del Ministerio de Educación, de inspiración claramente comunista. El mismo proyecto que rechazamos en el referendo de la reforma constitucional y con el que Chávez entonces, y ahora Maduro, se burlaron de todos incluyéndolo en el Plan de la Patria.

Las reformas deben llevarnos hacia adelante, no hacia atrás: las “revoluciones” como la nuestra, esas enfermedades sociales, se conservan gracias a la estupidez. ¿Aprenderemos?

Este artículo fue publicado originalmente en El Universal.