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“¡Patria o plomo!”, la consigna del (des)orden público en Venezuela

Por: Carolina Jaimes Branger - May 12, 2014, 9:00 am

La periodista Thabata Molina, que cubre la sección de sucesos en El Universal, reseñó el jueves pasado que después de que los campamentos de estudiantes desplegados en el municipio Chacao de Caracas fueron desmantelados, varios grupos de manifestantes congregados en la avenida Uslar Pietri y en la Francisco de Miranda, en Altamira, fueron dispersados por funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB).

“¡Los que no quieran patria tendrán plomo!”, gritaba uno de los uniformados de la PNB a un grupo de personas que pasaba por la calle y le reclamaba la acción represiva.

Los funcionarios de la PNB y de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) que reprimen marchas, campamentos y manifestaciones de cualquier índole me dejan atónita por muchas razones. La primera es que los guardias son muy, muy jóvenes. Me sobrecoge el pensar que esos muchachos que quizás deberían ser músicos, deportistas, plomeros o abogados, estén entrenados para matar. Ojalá que aquí venga un gobierno que implemente la abolición de las Fuerzas Armadas. No nos hacen falta.

La segunda razón es que no hacen contacto visual. Uno les habla y permanecen viendo hacia el infinito. ¿Estarán tan bien entrenados en eso de no hacer contacto de ninguna manera con el adversario? ¿Será para que no se les “enfríe el guarapo” a la hora de “actuar”?

La tercera es el nivel de violencia al que son capaces de llegar. Muchos han dicho que no son venezolanos, porque los venezolanos “no somos así”, pero creo que están equivocados. Los venezolanos sí podemos “ser así”. Uno es como lo enseñan a ser. El odio sembrado puede llegar hasta donde no nos lo imaginamos. Y si de algo estoy convencida es de que a estos muchachos se les ha lavado el cerebro.

Pero volvamos al tema de “patria o plomo”… ¡Qué disyuntiva! Pareciera muy obvio escoger la patria… ¿pero de qué “patria” hablamos? ¿De la patria de todos o de la “patria” de Maduro? ¿Patria o “patria”?

Según el Diccionario de la Real Academia Española, además de ser la “tierra a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”, también significa “cielo o gloria”. Pero la Venezuela de hoy dista años luz de ser una gloria. Más aún de ser un cielo.

La “patria” de Maduro es la “patria” de la división, de la intolerancia, la del gas del bueno. Es la “patria” donde los soldados disparan contra su pueblo. La “patria” que ahuyenta a los jóvenes que no ven futuro y mata a quienes habiendo decidido quedarse aquí, pelean por tenerlo.

Es la “patria” de la corrupción desbandada, de los pingües negocios familiares, de las solidaridades automáticas. La “patria” de las instituciones secuestradas, de las manipulaciones de las leyes, de las interpretaciones que desafían la razón, de las historias falseadas y las conspiraciones inventadas.

Es la “patria” de la mediocridad generalizada. Del adoctrinamiento. De la subyugación. Del revisionismo histórico. Es la “patria” donde se perpetúan la pobreza y la ignorancia como instrumentos de dominación.

Es la “patria” de la “ranchización” de todo. Es la “patria” de las expropiaciones que no se pagan, de la arbitrariedad, de las tomas forzadas, de la destrucción sistemática del aparato productivo, donde no se produce nada en las empresas tomadas. Es la “patria” de la inflación y la escasez.

Es la “patria” de la represión brutal y el odio sembrado. Es la “patria” donde los derechos humanos no existen, donde hay ciudadanos que se usan y ciudadanos que se descartan. Es la “patria” del abuso de poder, de las alcabalas, de los “bájate-de-la-mula-si-quieres-obtener-algo”.

Es la “patria” de quien ni siquiera sabemos si nació en Colombia o nació en Venezuela, porque la partida de nacimiento no aparece y hay por lo menos cuatro versiones oficialistas diferentes sobre el lugar donde nació.

Es la patria, sin comillas, de los cubanos que controlan todo, que mandan todo, que influyen sobre todo.

Si esa es la patria de la que habla el Policía Nacional Bolivariano (¡Qué tristeza que lleve el nombre del Libertador!), prefiero su plomo inmisericorde.

Este artículo fue publicado originalmente en El Universal.