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Venezuela: Carta a la esposa de Iván Simonovis, preso político del Chavismo desde hace 10 años

Por: Carolina Jaimes Branger - Jun 9, 2014, 10:49 am

Querida Bony,

Te debo esta carta desde hace tiempo, pero cuando te vi en la misma situación de la esposa de Franklin Brito, no quise posponerla más. No sabes el alivio que siento de que hayas podido convencer a Iván de que dejara la huelga de hambre. Cada vez que te veo crece mi admiración por ti. Me imagino cuán difícil es la situación por la que pasas desde hace nueve años y medio, desde que Iván fue capturado, sin orden de detención. La misma por la que han pasado Yajaira Forero, Dayana Vivas y las familias de los policías detenidos. Ahí empezó el calvario.

El juicio ha sido el más largo de la historia de Venezuela. Trasladado a Maracay, para hacer más difícil la cosa. 231 audiencias, 265 experticias, 72 pruebas documentales, 196 testigos, 45 expertos, 173 piezas de expediente y más de 5.700 fotos y vídeos. Reportó Marta Colmenares que “el encargado de la investigación declaró que no se encontraron pruebas que demostraran que los comisarios hubieran dado a su subalternos órdenes de disparar para matar ni tampoco de suministrarles armas. Ninguno de los 196 testigos pudieron atribuir responsabilidades individuales a los acusados”. A pesar de eso, Iván lleva 10 años preso, y tú presa en su presidio, con tanta gallardía, con tanto valor, con tanta entereza que haces que cualquier queja que uno tenga se vuelva chiquitica al lado de lo que tú has pasado.

Te aseguro que pasé varias noches despertándome con palpitaciones luego de ver el vídeo de Aponte Aponte en el que aseguró que la orden que expresamente le había dado Chávez era “salir de eso de inmediato sin más tardanza y que los condenara de una vez”. Y con esa sola orden, sin preguntas, sin investigación, sin dudas, así lo hizo. Y lo
espetó como si nada. La sentencia 173 salió con su aprobación, la de Deyanira Nieves, Miriam Morando y Héctor Coronado Flores, quienes al saber que la orden era de Chávez, según Aponte Aponte, se apresuraron a firmar. Son nombres que nunca debemos olvidar, como tampoco el de la juez Maryori Calderón. En la sentencia del TSJ salvó el voto Blanca Rosa Mármol, otra mujer a quien respeto y admiro.

Te has convertido en médico, enfermera y terapista de Iván. Has soportado con él que solo haya llevado ocho días de sol en siete años de presidio, lo que le ha producido una osteoporosis galopante. Lo has visto consumirse por más de quince dolencias ante la indiferencia de un Estado que lo acusa de asesinato —sin pruebas— pero que con él actúa como asesino. Y tú has estado como una columna para que todos los tuyos se apoyen en ti. ¿Y tú, amiga, en quién te apoyas, si encima de todo se te fue tu mamá?…

Gracias a tu empeño se pudo publicar “El prisionero rojo”, escrito hasta en servilletas por falta de papel. ¡Ni papel para escribir le han concedido a tu marido! Bony, querida Bony, ¡Has sido un ejemplo de amor, de lucha y de tenacidad para tantas mujeres en Venezuela y el mundo! Tu constancia, el haber sacado la palabra “rendición” de tu vocabulario, el haber sido mamá y papá de tus hijos es encomiable, es admirable, es una demostración de heroísmo sin límites. ¡Cuántas no hay que se han rendido por muchísimo menos y han dejado a sus esposos en la estacada! Te pienso guapeando para que tus hijos no se quiebren. Me imagino cuántas lágrimas te habrás tragado para que no te vean llorando.

Iván tiene que sentirse orgulloso de ti y te aseguro que la fortaleza para seguir luchando la ha obtenido de tu amor. Y es que como dijo San Pablo en esa maravillosa Carta a los Corintios, “el amor no alardea, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta…”

No sé cuánto tiempo más durará esto, pero ten la seguridad de que hay millones de personas que como yo, aunque no te lo digamos todos los días, estamos de tu lado, del de Iván y de tus hijos. Ten la seguridad de que el Bien terminará triunfando sobre el Mal.

Este artículo fue publicado originalmente en El Universal.