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El Gobierno de Maduro, como los boxeadores

Por: Carolina Jaimes Branger - Nov 10, 2014, 6:00 am

Leyendo el estupendo reportaje de Ariana Guevara Gómez en El Estímulo, “El Gobierno de los mil nombres”, sobre el gasto inconmensurable que han representado los cambios de nombres y símbolos que ha realizado el Gobierno desde 1999, me puse a pensar que este Gobierno actúa como los boxeadores.

Generalmente muchachos humildes que pasan años entrenando para obtener una corona, la ganan, se hacen ricos en una noche, pero igualmente rápido despilfarran todo lo que se ganaron. El síndrome de los nuevos ricos, que vuelven a ser viejos pobres.

Y es que ser rico no es malo. Ese es un argumento falaz de los populistas. Ahí tenemos el ejemplo de los Castro, Fidel y Raúl, que con un pueblo pasando hambre se dan la gran vidorria. Medios colombianos reseñaron hace apenas unos días que Maduro habría ordenado a PDVSA enviar la friolera de US$1,8 millones ¡en cerámicas! para remodelar la casa en la que nacieron.

Como los boxeadores, el Gobierno venezolano gasta como loco. Reseña Guevara que “durante 15 años, se han cambiado más de 52 veces las denominaciones de los organismos públicos. En algunos casos, los títulos hacen referencia a nuevas responsabilidades; en otros, se trata de caprichos políticos. De todos modos, los costos de revolver continuamente estas estructuras son elevados…”

Porque no son solo los cambios de nombres de las instituciones y los símbolos patrios… Es el derroche en vallas de publicidad que anuncian lo que no han hecho. Recuerdo una enorme valla en La Guaira que decía “otra obra del Gobernador Rodríguez San Juan para beneficio de la comunidad” que era un soberano peladero de chivo. También están los gastos en franelas, gorras y todo el material pop que reparten ilimitadamente en marchas y concentraciones.

Dice Ariana Guevara al respecto que “Mercedes De Freitas, directora ejecutiva de la ONG Transparencia Venezuela —dedicada a la lucha contra la corrupción—, señala que es muy difícil saber a ciencia cierta la inversión y el proceso de selección de empresas, pero enumera los posibles gastos: estudios de comunicaciones —si aplica—, cambios en los logos, papelería, imagen en profundidad para la página web, sellos, rótulos de vehículos y edificios, carnets y cintas para los trabajadores, franelas y gorras”.

Viajes, viáticos, cenas, tragos, comitivas… el descaro abierto. Se compran votos y voluntades, dentro y fuera de Venezuela. La lista es interminable. ¿No era más económico hacer un buen Gobierno, como hubiera correspondido a quienes se proclaman socialistas convencidos? Haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago. Maduro ha incrementado sus gastos en 40% en lo que va del año, pero el sueldo mínimo aumentó solo un 15%…

El diputado Carlos Berrizbeitia, quien con precisión milimétrica lleva las cuentas de los gastos, primero de Chávez y ahora de Maduro, señaló que en el presupuesto “los gastos directos de Maduro en Miraflores suman Bs. 77.313.637  (9,158 millones de euros), sin incluir los 698 millones de euros de su despacho de Presidencia. Las partidas para viajes, Bs. 33,2 millones para el exterior y Bs. 16,8 millones para viajes nacionales.

Maduro tiene también una cartera de Bs. 12,4 millones llamada «relaciones sociales» para invitar a sus amigos a comer y hacer regalos. Para los gastos telefónicos asigna Bs. 9,164 millones y Bs. 898.000 para los de electricidad. En lavandería y tintorería gasta Bs. 969.680. En libros, revistas y periódicos destina Bs. 1,453 millones. En prendas de vestir, Bs. 1,4 millón. En calzados Bs. 170.000 y en crema de afeitar y lociones, Bs. 753.050.

¡Qué rico es ser rico!

¿A cuántos estudiantes les han negado Cadivi? ¿Cuántos enfermos crónicos no tienen remedios? ¿Cuántos hospitales funcionan a un décimo de máquina? ¿Cuántos alimentos podían haberse traído antes de llegar a esta escasez grosera en un país petrolero? ¿A cuántas aerolíneas pudieran haberles pagado las deudas en divisas?

Y esto no incluye la corrupción. La corrupción es tema aparte.

Sí, el Gobierno está como los boxeadores. Y terminará como ellos: pobre y boqueando, noqueado sobre el ring.