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Palabras, palabras, palabras…

Por: Carolina Jaimes Branger - Mar 1, 2015, 7:00 am

“Aunque no es el caso, si al pueblo de Venezuela en esta nueva hora de nueva independencia, le tocara luchar por nuestra dignidad, por nuestra independencia, solos, sin el apoyo del mundo, el pueblo de Venezuela luchará, el pueblo de Venezuela vencerá, si nos tocara luchar en las peores circunstancias”. Nicolás Maduro en Monagas (26/2/2015). “Parole, parole, parole” (palabras, palabras, palabras).

El mandatario venezolano, en sus cada vez más frecuentes alocuciones,
El mandatario venezolano, en sus cada vez más frecuentes alocuciones, llena al país de palabras huecas (Flickr)

Aunque fue una canción originalmente en italiano, este éxito de 1972 aún se escucha en todo el mundo. La canción es un diálogo entre el canto de Mina y la declamación de Alberto Lupo (luego fue reproducida con igual éxito por Dalida y Alian Delon).

El tema de la canción son palabras huecas. Se entrelaza la lamentación de la cantante femenina por el final del amor y las mentiras que siempre tiene que escuchar, mientras que el actor masculino simplemente habla, habla y habla. Ella reacciona y se burla de los elogios que él le proporciona, llamándolos simplemente palabras vacías: parole, parole, parole

Y es que el papel aguanta todo y las palabras se las lleva el viento… No sé de qué “nueva hora” de “nueva independencia” habla Maduro, cuando estamos más dependientes que nunca. Dependemos del precio del petróleo, cada vez más bajo. Dependemos del dólar paralelo, cada vez más alto.

Dependemos de las importaciones, cada vez más escasas. Dependemos de los chinos, cada vez más vivos, para que nos sigan prestando real en condiciones que nos harán dependientes de ellos hasta por lo menos dentro de cincuenta años. Dependemos de los cubanos, cada vez más lejanos, para que organicen la ideologización y la represión. Dependemos de la suerte, cada vez menos frecuente, para regresar vivos a casa todos los días. Dependemos de la justicia, cada vez más injusta, cada vez más ordinaria.

De manera que la “nueva independencia” de la que Maduro alardea es la dependencia más dependiente que hemos tenido desde que éramos colonia. Acaban de llegar 25 mil captahuellas, según informó el portal maduradas.com, “para impulsar la implementación del sistema biométrico de adquisición de alimentos”.

Andrés Eloy Méndez, el Superintendente de Precios Justos, indicó que “esta acción va a permitir la disminución de las colas en los establecimientos comerciales” y destacó que “la mayoría de éstas sólo existen gracias a los bachaqueros y revendedores y que incluso bandas dedicadas al narcotráfico se han dedicado a destinar parte de su capital a esta práctica”.

Veremos si disminuyen las colas con esta moderna versión de la libreta de racionamiento cubana. Otra manera de dependencia. Jamás en la vituperada “IV República” hicimos colas para comprar algún bien de primera necesidad ni hubo la escasez que hay hoy, a pesar de que el precio del petróleo estaba bien por debajo de los valores actuales.

Hasta gracia me causan estos discursos grandilocuentes. “Sin el apoyo del mundo… lucharemos y venceremos”… Solo imagino un escenario de que lleguen los marines gringos –que por fortuna se dejaron de esas prácticas en América Latina ya desde hace un buen rato–, o los cascos azules de la ONU, para ver a la mayoría de los altos funcionarios poner pies en polvorosa, empezando por los militares.

Visualizo a unos cuantos de los que dejaron las rodillas frente a Chávez de tanto arrastrarse (o de tanto pedir perdón después del 11 de abril) no rodilla en tierra como debería hacerse ante una invasión, sino de rodillas, pidiendo permiso o pidiendo perdón. En el mejor de los casos, preguntando en qué pueden ayudar. Otros correrán a esconderse al Museo Histórico Militar.

Sí, desgraciadamente los héroes de las gestas patrióticas se quedaron en el pasado. En el presente lo que hay es un gamelotal de consignas vacías, porque aún cuando saben que la solución no cabe dentro de su ideología, siguen dándose golpes contra la pared en vez de devolverse y rectificar. Dependientes, pobres y hartos de tantas promesas, los venezolanos ya no creemos en revoluciones ni en rojos. ¡Dios proveerá!