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Spotlight retrata el verdadero periodismo pero no inspira

Por: Daniel Duarte - @dduart3 - Ene 27, 2016, 11:23 am
Carente de un toque estético, la mayor parte de Spotlight tiene como escenario oficinas y montañas de papeles.
Carente de un toque estético, la mayor parte de Spotlight tiene como escenario oficinas y montañas de papeles. (Take Part)

EnglishEn 2003, el Boston Globe obtuvo un premio Pulitzer por una serie de reportajes acerca de cómo la Iglesia Católica había ocultado casos de pederastia por décadas en el área de Boston, Massachusetts.

La unidad investigativa del periódico, Spotlight, descubrió que la Arquidiócesis de Boston, liderada por el cardenal Bernard Law, protegía a sacerdotes con antecedentes de abusos a menores. Sistemáticamente los transfería a otras parroquias, a sabiendas de que podían acosar a niños nuevamente (que fue exactamente lo que pasó).

El escándalo sobrepasó las fronteras de Estados Unidos. Sacudió a la Iglesia hasta la médula, dando inicio a investigaciones internas, sanciones, y la renuncia del cardenal Law. El catolicismo, a pesar de un profundo examen de conciencia y de sus promesas de indemnizar a las víctimas, nunca se ha podido recuperar del todo.

Spotligtht, la película, es la historia de cómo los valientes reporteros del Globe — muchos de ellos católicos practicantes — armaron el sórdido rompecabezas a la antigua, sin internet, y enfrentaron a una institución milenaria con extensas redes de poder.

Tal vez el hecho más interesante de la investigación periodística es que fue necesaria la presencia de alguien foráneo a Boston para iniciarla.

Esa chispa fue el galardonado editor Marty Baron, quien ahora dirige el Washington Post. Un judío recién llegado de Miami, Baron pidió, en el primer día de trabajo como editor en jefe del Globe, que se siguiera buscando pistas en un sonado caso de abuso sexual por parte de un sacerdote. Baron tuvo la famosa corazonada periodística de que había algo más.

Con el paso de los meses, el equipo revisó viejos recortes de periódicos, registros eclesiásticos y testimonios de víctimas, los cuales el propio Globe había pasado por alto. Más de 100 sacerdotes habrían acosado sexualmente a menores solo en Boston. Incrédulos y horrorizados, los reporteros se preguntaban por qué nadie había dicho nada.

Las víctimas sí habían denunciado los abusos, pero en una ciudad donde la Iglesia “lo controla todo,” como lo sentenció un personaje, el tráfico de influencias logra ocultar mucho. Como si fuera poco, abogados inescrupulosos crearon toda una industria para silenciar a las familias y proteger al clero.

La película ya no aborda las repercusiones, pero los grupos de víctimas afirman que el problema está lejos de desaparecer y que la estrategia de la Iglesia ahora es ocultar a sacerdotes acosadores en varios países de América Latina, donde su influencia es aún mayor.

Spotlight es una película importante que toda persona comprometida con la búsqueda de la verdad debería ver, pero que lamentablemente solo los periodistas podrán disfrutar.

A pesar de las irreprochables actuaciones, Spotlight no logra inspirar. No tiene un desarrollo llamativo, ni discursos memorables, ni momentos de suspenso, ni escenas estéticamente seductivas. Solo la secuencia “sobria” y tediosa del trabajo periodístico de rebuscar material en distintos archivos y asistir a reuniones.

El hecho de que casi nadie excepto periodistas y críticos prestaron atención a la película hasta que fue nominada a los premios Óscar es prueba de su pobre recepción entre el público en general.

De hecho, la razón más citada por la prensa para alabar a Spotlight es que “no convierte a los reporteros en héroes” mientras “resiste la tentación de fabricar un falso drama”.

Pero presentar una historia con todos los matices del duro realismo es el trabajo de un periodista. La cinematografía es literatura, y como tal se supone que debe capturar la imaginación del público.

Tienen razón en que Spotlight muestra cómo es el verdadero periodismo, pero no es la forma como se debe vender.

Los productores hicieron bien en evitar los clichés de Hollywood, persecuciones alocadas, escenas de sexo y armas. Tampoco era cuestión de exagerar eventos y personalidades. Sin embargo, si el director decidió no usar las poderosas herramientas que brinda la ficción, uno se pregunta por qué no producir en su lugar un documental.

Actualmente, se están reduciendo los equipos de las salas de redacción y los medios periodísticos cuentan con ingresos cada vez menores, lo cual no les permite a muchos contar con equipos de investigación. Por eso es una pena que una película como esta, que muestra que un grupo de reporteros dedicados puede enfrentarse a los poderosos, no logre llegar a los lectores que, en últimas, hacen que el periodismo sea posible.

No tengo dudas de que Spotlight es una obra maestra que merece convertirse en una largometraje de culto por su fiel descripción del viejo trabajo periodístico riguroso. Es tan solo una lástima que, en el mundo sensacionalista de hoy, no logre también convencer de que vale la pena volver a esa época dorada.

Daniel Duarte Daniel Duarte

Daniel Duarte edita en inglés y español para el PanAm Post. Luego de vivir en Francia, regresó al Paraguay, donde estudió Filosofía en la Universidad Nacional de Asunción. Síguelo en @dduart3.