Pacto de silencio y los escombros de Oslo

Hoy hay una verdad que ningún Jorge Rodríguez ni ningún Ravell pueden desmentir: se acabó mayo, llegó junio y Maduro sigue en Miraflores

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CARACAS (VENEZUELA), 25/05/2019.- Fotografía de archivo del 24 de mayo de 2019, Juan Guaidó, reconocido por más de 50 países como presidente interino, durante su participación en un foro acerca del Plan País, en Caracas (Venezuela). Guaidó dijo este sábado que acepta la mediación de Noruega para un nuevo diálogo con el Gobierno de Nicolás Maduro. EFE/ Rayner Peña

Norma básica de una negociación en marcha: primero se pacta el silencio. Y si ese silencio es genuino, incluirá mentiras. Y si la negociación continúa, es porque el pacto de silencio se ha cumplido.

Empecemos por allí entonces, según lo que dice el comunicado del gobierno noruego:

Noruega informa que esta semana se ha producido en Oslo un encuentro entre representantes de los principales actores políticos de Venezuela.

Las partes han mostrado su disposición de avanzar en la búsqueda de una solución acordada y constitucional para el país, que incluye los temas políticos, económicos y electorales.

A los fines de preservar el proceso que permita llegar a resultados, se solicita a las partes tomar la máxima precaución respecto a la reserva del mismo, tanto en sus comentarios como en sus declaraciones.

Noruega reitera su reconocimiento a las partes por los esfuerzos realizados, afirma la ministra de asuntos exteriores Ine Eriksen Søreide.

He colocado en negrillas tres oraciones, esclarecedoras:

  • “Representantes de los principales actores políticos de Venezuela.” Evitando mojarse, el gobierno noruego decide, en medio de la inmensa tragedia venezolana, ser neutral. Así, ni asume como presidente a Maduro ni reconoce como presidente, al menos en esta declaración, a Juan Guaidó. Ambos son, asépticamente, “principales actores políticos de Venezuela”. Parece un detalle baladí. No lo es.
  • “Han mostrado su disposición de avanzar en la búsqueda de una solución acordada y constitucional”. Si han mostrado ambas partes esta disposición, quiere decir que sí hay acuerdo. Es decir, hay acuerdo en buscar una solución pactada, cuya base es la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela que Chávez se mandó a hacer en 1999 y se mandó a rehacer, por aburrimiento, en 2009. Así, el chavismo reconoce que hay un problema y prefiere (o simula preferir) resolverlo mediante pactos. A su vez, la dirigencia política encabezada por Juan Guaidó, una vez más, asume la defensa de esa constitución hecha por Chávez a su medida, rehecha ilegalmente en 2009 y además, se entiende, renuncia a soluciones no acordadas ni establecidas en esa constitución. Es decir, renuncia a volverse a ir a un cuartel con unas tanquetas y unos fusiles a pedirle a los militares que saquen por la fuerza a Maduro de Miraflores.
  • ”Se solicita a las partes tomar la máxima precaución respecto a la reserva del mismo, tanto en sus comentarios como en sus declaraciones.”. Es decir: lo que hablamos aquí, nadie lo va a decir. Y si algo se filtrase, lo negaremos todo, tanto en comentarios casuales como en declaraciones, discursos, etc. En pocas palabras, un pacto de silencio.

Pueden especularse mil cosas. Podemos entender que cada quien desde su trinchera de pensamiento, asumirá traiciones, regresos a posiciones fracasadas, eternas discusiones sin sentido y sin final, etc. Pero si vamos a los hechos, hay que decir lo principal y lo necesario, como punto de partida de cualquier análisis: en toda negociación de este tipo, dirigida por un tercero externo, se pactan silencios y se asignan tareas para el siguiente encuentro. Si el siguiente encuentro se da, las partes deben haber cumplido el pacto de silencio y, además, llevar hecho el mandado pactado en el primer encuentro. Y allí, comienza un nuevo camino.

Combatir la propaganda y hallar la verdad

Cuando se trata de un conflicto político de esta magnitud, hediondo a guerra y que cuenta muertos, presos y exiliados por razones políticas y millones de desplazados, la propaganda estará siempre primero que la información. Se arma así una nube de polvo propagandístico que tiene ribetes incluso delictivos por momentos, si se revisan las publicaciones teñidas de ilegalidad por donde se le mire, donde con montajes y falsedades, se ataca a voceros, se descalifica a periodistas y se irrespeta al público vendiéndole mentiras para mantenerlo a favor o en contra de determinado tema.

Se oculta información y se miente. Y eso es política de Estado, “de bando y bando”. Por eso, el encargado de las comunicaciones del régimen de Maduro es un psiquiatra manipulador y criminal, de sonrisa cínica y manos manchadas de fraude en la construcción del desastre chavista, al menos desde 2004. Y en el bando de Guaidó y la dirigencia que encabeza, se ha sumado como encargado de comunicaciones, nada más y nada menos que a Alberto Federico Ravell, experimentado periodista y bueno en lo que hace, sin duda.

La mejor faceta de Ravell es manejar el discurso de un grupo político, siempre a favor, así se tengan que torcer verdades. Sea manipular la foto de Carlos Andrés Pérez en la campaña de 1973 para que la sonrisa del candidato luciera más uniforme, sea para ocultar la influencia de Blanca Ibáñez en el gobierno de Jaime Lusinchi. Sea para vender un acuerdo como una pataleta triunfante, al difundir en su cuenta personal de Twitter el comunicado del gobierno noruego con esta coletilla: “Guaidó No-ruega: No hubo acuerdo”. Brillante encabezado para una media verdad. Debe reconocerse la idoneidad de Ravell para el cargo que se le asignó.

Yendo más allá, se revisa el comunicado que emite el “Despacho de la presidencia”, donde hay mayor abundamiento en la posición del gobierno interino de Guaidó:

Este encuentro finalizó sin acuerdo. Hemos insistido que la mediación será útil para Venezuela siempre que existan elementos que permitan avanzar en pro de una verdadera solución. Por lo tanto, nos mantenemos en la lucha hasta resolver la crisis que padecemos los venezolanos.

El proceso por tanto no detiene los esfuerzos en todos los ámbitos constitucionales.

En negrillas acotadas por mí, lo resaltante de todo el texto:

1.-”Este encuentro finalizó sin acuerdo”. Después de semanas negándolo, finalmente el gobierno interino reconoce que sí, que estaban en Oslo negociando con el régimen al que el 30 de abril llamaron a deponer por las armas, de forma fallida.

2.- “La mediación será útil (…) siempre que existan elementos que permitan avanzar en pro de una verdadera solución”. Esto ratifica que están dispuestos a pactar, negociar, conversar, dialogar o como quieran llamarlo, con el régimen al cual han llamado (y con razón) dictadura, tiranía, régimen criminal, narcorégimen. ¿De cuáles elementos hablan cuando hablan de avanzar a una verdadera solución? ¿Qué es para ellos una “verdadera solución”? No sabemos. Pero lo sabremos, sin duda.

3.-El proceso” y “constitucionales” Esas palabras, están también en el comunicado del gobierno noruego, ese mismo comunicado que indica que habrá un pacto de silencio de las partes involucradas. Se ratifica entonces, en un comunicado del gobierno interino muy seguramente discutido en la propia mesa de negociación y de difusión seguramente también pactada, que lo que hubo en Oslo fue el inicio de un “proceso” que estará dentro del marco “constitucional”. Dentro de la constitución chavista todo, fuera de ella nada.

Para todos. De lado y lado. Venga de donde venga. 

Pacto de silencio en marcha, “por ahora”

Obviamente, todo cuanto se diga es suposición, instinto o, si así quiere verse, especulación. Pero no es culpa de quienes intentamos analizar el asunto que así sea. Es que no hay información y la que hay es propaganda. Por tanto, lo único que puede hacerse es identificar señales y metamensajes.

Hasta el momento en que se escriben estas letras, el pacto de silencio se ha cumplido. Nadie se sale del libreto en el gobierno interino. Está un comunicado y dirán que “no hubo acuerdo”, a través de distintas vocerías, entrevistas, y tuits. Sus periodistas de confianza repetirán hasta el hartazgo la necesidad de amarrarse a la versión oficial, en uno de los ya acostumbrados arranques contranatura de ciertos profesionales de la fuente política, reos de la candidez de quien confía en palabra de político.

Pero esa posición, parece ser parte del pacto de silencio. Decir que no hubo acuerdo es una forma de hacer silencio, pues no nos dicen alrededor de qué era el acuerdo al cual querían llegar y qué pasó en el transcurso. No nos dan ni nos darán detalles. Probablemente, los negociadores no darán entrevistas, y si las dan, no explicarán nada fuera del libreto.

Por su parte, el bando criminal ha sido convertido un mes después de que se pidiera derrocarlos por la fuerza, en actores de perfil negociador y amante de la paz. Y en ese rol, han hecho silencio. El normalmente locuaz y socarrón Jorge Rodríguez repitió en su Twitter una o dos frases de almanaque, limitándose a publicar el enlace al comunicado emitido por el gobierno noruego, lo cual también hacen Héctor Rodríguez y el inefable Jorge Arreaza, quien además se atreve a llamar a los representantes de Guaidó como “representantes de la oposición”. Extrañamente, no usa los remoquetes de “derecha golpista”, “escuálidos” o “apátridas” que suelen acompañar sus declaraciones. Es una forma de hacer silencio, de reconocer al otro pero como quiere: como oposición, sin adjetivos, y no como gobierno interino, que ya sería demasiado hasta para él.

Y he aquí el enigma del día miércoles, pues los miércoles se realiza el juicio revolucionario televisivo de Diosdado Cabello. En el programa Con el mazo dando del jefe de los sicarios mediáticos del chavismo, se esperaba una posición con respecto a Oslo. En mi opinión, lo que allí se dijera, ratificaría si el pacto de silencio estaba o no en marcha o, quizás, si la negociación incluye a Diosdado en esta ocasión. Para sorpresa, Diosdado está cumpliendo el pacto. Nada sobre el asunto dijo en tono descalificador. No echó a nadie para la calle ni llamó a desconocer lo allí pactado. Sus usuales burlas, el uso ilegal y difamatorio de la imagen de políticos, ciudadanos y comunicadores (entre ellos yo, a quien se atreve a llamarme “su asalariado”) sumado a sus segmentos musicales aplaudidos por el diverso público que componen militares y militantes, fueron eso y nada más. Diosdado, el excluido de la negociación de abril con EEUU, se acopla al pacto de silencio forjado en Oslo.

Por ahora. No sabemos si para siempre.

Los escombros

Quedan escombros porque se derribaron varios muros. Obviamente, se movieron posiciones y parece haberse avanzado en algo: reconocimiento mutuo.

  • Se reconoce que el grupo político encabezado en este momento por Juan Guaidó tiene poder para negociar, pues si no lo tuviera no se sientan con ellos, ni pactan silencio con ellos ni se atreven, así sea tímidamente, a llamarlo “oposición” sin adjetivarlos.
  • Guaidó y su dirigencia renunció aparentemente a la salida de fuerza, luego de la chapuza olímpica del “Leopoldazo” el 30 de abril.
  • Otra vez, tienen los políticos de la MUD que excusarse de sus mentiras sobre la negociación. Con esto, terminan dándole la razón al profesor Erik del Búfalo cuando dice que “En Venezuela todo es mentira hasta que se comprueba que es cierto”. La credibilidad de estos dirigentes sigue a la baja.
  • El chavismo no tiene cómo explicar por qué llama “golpistas criminales de derecha” a una dirigencia y a la vez se sienta a “dialogar por la paz” con ellos. Si su posición es tan fuerte, ¿de qué quieren hablar? ¿Por qué no terminan de imponerse por la fuerza? ¿Será que no la tienen? ¿O será que el tiempo es el mejor aliado, otra vez?
  • La relación del Gobierno interino con Estados Unidos no parece haber salido ilesa de este trance. Hay que revisar declaraciones y posturas. Pero es imposible olvidar que el gigante del norte hace un mes también fracasó en unas negociaciones para sacar a Maduro por medio de un pacto con dos altos delincuentes del régimen.
  • Otra vez, la dirigencia encabezada por Guaidó está abiertamente dividida, de forma pública, entre los del diálogo y los de “las otras vías” que tampoco se materializan. Hasta ahora, solo reproches y maledicencias. Y laboratorios de difamación. Y mentiras mutuas, sea para hablar de la bondad del diálogo, sea para hablar de la “inminencia” de una intervención de EEUU, que al igual que el acuerdo negociado, nunca llega.
  • Maduro sigue en Miraflores. Los niños siguen muriendo en los hospitales. La gasolina se sigue acabando. Los presos políticos siguen en sus calabozos. Y entramos de nuevo en una calma chicha de la política, quien sabe por cuánto tiempo.

Solo queda esperar más señales. Ojos avizores serán capaces de verlas. Aparatos de propaganda serán capaces de difuminarlas o hacerlas pasar por otra cosa. Pero hoy, hay una verdad que ningún Jorge Rodríguez ni ningún Ravell pueden desmentir: se acabó mayo, llegó junio y Maduro sigue en Miraflores y Guaidó sigue reivindicándose presidente interino.

Mientras tanto, seguirán como la canción: silencio, que están durmiendo los nardos y las azucenas.

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