Óscar Pérez sigue combatiendo a los mismos enemigos

Los enemigos de Óscar Pérez siguen allí, impunes por su crimen. Su lucha, no obstante, no parece haber terminado aún

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Óscar Pérez
Óscar Pérez no pertenecía a la familia sino a todos los venezolanos. (Foto: Flickr)

Cuando en junio de 2017 irrumpió en la escena nacional el comando liderizado por Óscar Pérez, muchas cosas cambiaron. Lo primero que cambia es la forma de ver las cosas en cuanto a la lucha de calle que para ese momento se desarrollaba, pues los constantes llamados que se hacían a las fuerzas represivas para que se pusieran del lado de la gente, al parecer habían surtido efecto.

La apoteosis de sus acciones, una más truculenta y espectacular que la otra, registradas por él mismo en redes sociales y medios digitales, tuvieron el abrupto y trágico desenlace que todos vimos en vivo y directo el 15 de enero de 2018, cuando las fuerzas del régimen masacraron a Óscar Pérez y al grupo que lo acompañaba desde que inició su insurrección. Y un año después, su recuerdo quedó relegado solo a perfiles de redes sociales asociados a “la resistencia” o a una que otra mención de algún atrevido, de esos señalados de radicales.

Todo eso cambió en febrero de 2019, cuando el mismísimo Donald Trump lo menciona en un acto con venezolanos en Florida, dándole la categoría de héroe por la libertad. Todo eso en presencia de un público de venezolanos, dirigentes políticos opositores y la propia madre de Óscar, quien fue invitada por el presidente a dar unas palabras a los presentes.

Solo a partir de ese momento, los opositores de la primera línea política empezaron a nombrar a los ejecutados el fatídico 15 de enero de 2018. Tuvo que pasar un año, tuvo que ocurrir todo el proceso del “gobierno interino” y desatarse sus consecuencias, para que esa oposición se diera a la tarea de reivindicar las acciones de Óscar Pérez y pedir justicia ante la masacre.

Notable cambio para una clase política capaz de llamar a la gente a la calle a enfrentar a un régimen asesino con escudos de cartón, para después negociar con los asesinos y mandar a los ciudadanos a llorar sus muertos en casa, olvidar “los radicalismos”, no lanzarse por la vía de “la guarimba” y esperar las próximas elecciones. Notable cambio para una clase política con gente como Carlos Ocariz, quien como alcalde del municipio Sucre de Caracas, entregó al insurrecto Capitán Caguaripano a las fuerzas del régimen.

Y todo el cambio tiene su cénit en marzo de 2019. Ese día, la Fiscal del chavismo originario, hoy desertora, Luisa Ortega Díaz, se hizo acompañar de Delsa Solórzano, una diputada de la misma oposición que ignoró las acciones de Óscar Pérez y Caguaripano. Se fueron a La Haya e introdujeron una acción contra el régimen chavista, acusándolo de crimenes de lesa humanidad por la masacre registrada en el sector El Junquito ese 15 de enero. En esa acción interpuesta, lo llamativo es la entrega de pruebas obtenidas del propio CICPC, que sí investigó, colectó los datos y en efecto oficialmente escondió el resultado de las pesquisas. Y si escondieron esos resultados ¿Cómo los obtuvo la Fiscal?

Todos los caminos conducen a Cúcuta.

“Yo, Wilmer Azuaje Cordero. Diputado de la República. Expreso político no una vez, sino en dos oportunidades, siendo el primer diputado del mundo que dos veces le allanan la inmunidad. Que mataron a mi hermano. Que nos persiguen. Exiliado, le digo al mundo que yo asumo la responsabilidad de sacar, de haber sacado todas las imagénes y todos los videos de Óscar Pérez y su equipo”.

Esa es la respuesta que obtuvimos del diputado de Primero Justicia (el mismo partido de Carlos Ocariz, el mismo que entregó a Caguaripano) al ser consultado por la filtración de las fotos y los reclamos de familiares de los asesinados. Porque he ahí la queja principal: una cosa es la investigación y otra muy distinta exponer las fotos de los cadáveres en la prensa.

“Yo asumo esa responsabilidad y le pido disculpas, muchas disculpas de verdad y no tendré palabras que decirles a los familiares que en este momento están enojados conmigo, pero yo quiero decirle a esos familiares que cuando en la Alemania nazi se logró mostrar el Holocausto y el daño que causaba Adolfo Hitler, lo que convenció al mundo fueron las imagénes y yo en memoria del equipo de Óscar Pérez, porque Óscar Pérez no pertenecía a la familia sino a todos los venezolanos, tomé esa decisión”.

El diputado Azuaje acudió a La Haya junto al también diputado Franco Casella, perteneciente a la tolda Voluntad Popular. Allí, ambos se adhirieron a la acción que ya había introducido Luisa Ortega. Y al adherirse, hicieron entrega de un cúmulo de pruebas que Azuaje afirma haber obtenido gracias a funcionarios del CICPC que escaparon de Venezuela y se las ofrecieron, junto a su colaboración para la acción judicial contra el régimen, si fuese el caso.

Relata el diputado, que dicho contacto logró hacerlo en los días de febrero de 2019, en Cúcuta. Allí, en medio de la crisis fronteriza por el paso de la ayuda humanitaria que finalmente no ingresó a Venezuela, él prefirió poner a los funcionarios en contacto con la Fiscal, para poder encargarse de la situación que se presentaba en Cúcuta con el tema humanitario. «A ella se le entregaron unas ciertas fotografías, más no se las entregamos todas», indica el diputado Azuaje en su relato.

 

– ¿Y por qué no se las entregaron todas?

– Le entregamos 400 fotos y vídeos pero ya va, no terminé de entregar todo tampoco.

– ¿Pero por qué no le entregó en principio todo a la fiscal Luisa Ortega Díaz?

– Porque yo tenía que esperar hasta dónde llegaba esa denuncia.

– ¿Usted no confiaba del todo en la Fiscal?

– No, si confiaba. Pero uno cuando va a la guerra, uno no puede gastar todas las balas. Uno va poco a poco. Y yo pudiera decir ahorita, y lo dije a los medios yo no entregué todo en el Tribunal Penal Internacional.

– ¿Y por qué?

– Porque estoy esperando cuál va a ser la decisión de ellos. Y si ellos no toman ninguna decisión, sacaré las fotos, también, escuche bien, de los colectivos. Que nadie tiene esas fotos, las tengo yo; que también fueron asesinados pero por el mismo régimen para justificar la Masacre en El Junquito. Yo las tengo también.

El diputado Wilmer Azuaje logró una importante presencia en la prensa gracias a su acción. Este audaz dirigente, que viene de las filas del chavismo, seguramente tendrá más presencia en los medios en los próximos meses. Obviamente, también con el caso Óscar Pérez, sea cual sea el rumbo del mismo: si el caso prospera, será noticia. Si el caso no prospera, será noticia, junto a las fotos que no entregó y que seguramente mostrará al mundo cuando lo considere mediáticamente pertinente.

Cosas insólitas de la Venezuela que nos queda. Pero volvamos al caso.

La fuerza de las pruebas

Hemos tenido acceso a algunas de las pruebas entregadas a la Fiscalía de la CPI y además, hemos logrado consultar a personas que tuvieron acceso a las mismas. La conclusión de expertos y entendidos es que es imposible que si el juicio prospera con esas pruebas, los autores mediatos e inmediatos de la masacre puedan salvarse de una condena. Los que ejecutaron las órdenes, los que las dieron y, no menos importante, los fiscales y funcionarios del CICPC que ocultaron las pesquisas a pesar de tener el deber de procesar a los participantes.

Las fotos son pruebas importantes. Pero algo que debe tenerse en cuenta, según los consultados, es que se encuentran videos y grabaciones que incriminan al estamento principal de esa organización criminal que es el chavismo.

Por ejemplo, la grabación de las conversaciones que al fragor de las acciones se desarrollaba por frecuencia de radio, da cuenta de que en todo momento Nicolás Maduro estuvo al tanto y al mando de la operación. Puede determinarse esto a pesar de que en las grabaciones no aparece la voz de Maduro, porque uno de los participantes de la conversación es el General Hernández Dala, quien en distintas ocasiones indica que se encuentra “en el palacio” o “en Miraflores” y además, trasmite indicaciones en nombre “del comandante en jefe” o solicita información “para el conocimiento del comandante en jefe”.

Un papel parecido pero de mayor alcance, jugaría Freddy Bernal con Diosdado Cabello, quien tampoco aparece en las grabaciones, según una fuente familiarizada con las mismas. Sin embargo, el tema con Bernal es mucho más grave pues se presentó en el lugar de los hechos y dirigió acciones, sin tener la cualidad legal para estar allí. Su sola presencia, siendo un funcionario bajo el mando directo de Nicolás Maduro, fortalece el caso contra toda la cúpula del chavismo.

“Las fotos no dejan lugar a dudas de que hubo ejecuciones, tiros de gracia en la frente y en la nuca, uso de francotiradores y en resumidas cuentas se asesinó a personas que ya se habían rendido”, indica la fuente, que además precisa que la rendición del grupo está suficientemente acreditada en imágenes y videos.

“En uno de los videos se ve a Óscar Pérez y Abraham Agostini sacando una improvisada bandera blanca por una de las ventanas, se habían rendido”. Continúa el testigo indicando que la rendición se habría hecho gracias al engaño de funcionarios del CICPC conocidos por Oscar Pérez, quienes lo habrían convencido de entregarse.

Y dicha entrega habría sido también negociada por otro de los asesinados ese día, Heiker Vazquez. Este personaje, que poseía otra identidad documentada haciéndose llamar Adrían Ugarte, era el jefe del colectivo Tres Raíces del sector 23 de enero. Y José Pimentel, miembro del equipo de Oscar Pérez, era del 23 de enero y al parecer, compadre de Vazquez. Este se apareció en el lugar al llamado de su compadre para mediar en la entrega. Porque los insurrectos se habían rendido, una y otra vez, atendiendo al llamado que les habían hecho.

Esta versión es contada a su manera, por Diosdado Cabello en su tribunal televisivo “Con el mazo dando” dos días después de la masacre, de la siguiente manera:

“Heyker fue a hablar dos veces con ellos para que se entregaran. Le pidieron cigarros, y Heyker les llevó cigarros, y le dijeron ‘dile a tu jefe que nos vamos a rendir’ (…) Iban entrando en dos vehículos hasta el sitio. Sorpresa. Cuando Heyker se bajó del carro, su mismo amigo Díaz Pimentel, lo mató (…) Y le lanzaron granadas a los vehículos en donde iba la gente que iba a detenerlos”.

¿Podría ser cierta la versión de Cabello sobre los hechos? Uno de los consultados lo niega por completo a la luz de lo arrojado por las pruebas.

Los funcionarios del CICPC hicieron la revisión de las armas del grupo de Óscar y se evidencia que nunca dispararon. Las municiones estaban completas. Además, para el momento en que llegan los miembros del colectivo, ya la casa habia sido atacada con tiros de RPG (especie de cohetes de mediano alcance). A Heyker no lo mataron Óscar y su grupo, porque nunca dispararon”.

¿Quien mató a los coletivos y otros funcionarios? Puede especularse: fuego cruzado, confusión del momento o ajuste de cuentas in situ. Porque si algo puede indicarse en todo esto, es que a Óscar Pérez y a su grupo se les convirtió en víctimas de una red de delación, traición y confesiones obtenidas bajo tortura.

Y el momento en que entran los comandos armados del régimen a la ya casi derruida vivienda, también está grabado. Y se ve a la mayoría de los miembros del grupo con vida y desarmados. Siendo así ¿por qué aparecen luego muertos? ¿Por qué se afirma luego que “cayeron en combate luego de negarse a rendirse”?

Es evidente que fueron asesinados, a pesar de la resistencia de algunos de quienes dirigían el operativo. Por eso, siempre según nuestro testigo, se escucha a Bernal airado por la frecuencia de radio decir “los queremos muertos, ¿qué fue lo que no entendiste? ¿quieres que vaya yo mismo para allá?”. Y en efecto, allá se presenta Bernal. Y allá, quedan muertos los sentenciados insurrectos al mando de Oscar Pérez.

Cualquier desprevenido, asumiría este solo hecho como contundente. Y lo es. Pero…

Consultado al respecto, un experto en temas del Derecho Penal Internacional, muestra sus reservas.

“Yo sí creo que está bien llevar el caso ante la Fiscalía, obviamente guardando las seguridades tanto de las víctimas sobrevivientes, como de la cadena de custodia de las presuntas pruebas que se han consignado allí. Estamos hablando de unas 400 fotos, eso es muy importante porque de no ser incólume el alijo de pruebas que se están entregando, eso puede ser causa de nulidad y no serían atendidas ni revisadas en el foro, es decir en el tribunal.”

Llegamos allí, entonces, al cuestionamiento básico. ¿Tiene sentido tener tantas pruebas y entregarlas de esa manera, por partes, privilegiando el hecho mediático antes que el propio juicio?

“Lo peor que puede ocurrir y por ese tipo de cosas, es que se desestimen las pruebas. Porque aunque es un excelente trabajo periodístico, del punto de vista forense hay muchas preguntas que hacerse sobre la posible incolumidad o no de las pruebas. Si no son incólumes y si no se ha preservado la cadena de custodia, eso las invalidaría”.

Queda en manos de esa “justicia internacional” siempre con lentitud paquidérmica, determinar qué hacer con el caso y con las pruebas que le han presentado. Obviamente, los criterios “legalistas” terminarán siendo bien utilizados por quienes tengan interés en el caso.

Una infausta despedida

Óscar Pérez enviaba notas de voz, grababa mucho de lo que hacía, como si supiera que esos videos y notas serían usadas contra sus enemigos, a pesar de su muerte. Se despide de sus hijos, de su familia. Pide que lo recuerden y que lo perdonen.

Todas esas cosas deberán ser revisadas por la Fiscal de la Corte Penal Internacional y eventualmente la propia Corte. Otra vez, la tan mentada “comunidad internacional”, supuestamente preocupada por los males del mundo, tendrá la oportunidad de juzgar al chavismo por sus crímenes y no por su propaganda. Tendrá que revisar cadáveres y no eslóganes del trasnocho comunista. Al final, estos regímenes siempre terminan en la camilla del forense y no es esta la excepción.

El pasado 15 de enero de 2020, al cumplirse 2 años de la ejecución, los tres hijos de Óscar Pérez entraron junto a familiares a una iglesia de los Estados Unidos a rezar por su papá. Se sentaron en silencio, conscientes de lo que allí hacían. Y en un momento, el mayor de los niños preguntó “¿ya metieron preso al que mató a mi papá?”.

No hay nada que responderle al niño y sus otros dos hermanos. Nada hasta el momento.

Pero cada vez que se hable de Óscar Pérez, de su asesinato, del asesinato de sus acompañantes, de toda la desgracia ocurrida, nunca olvidemos que los hijos de los martirizados seguirán por años haciéndose la pregunta. Y alguien deberá responderles.

¿Nos atreveremos a decirles, eternamente, que los asesinos siguen libres?

Quien sabe. Lo que sí está claro, es que los enemigos de Óscar Pérez siguen allí, unos impunes por el crimen, otros en su vileza, cubriéndose con su nombre. Pero el combate de Óscar, desde el más allá, no parece haber terminado aún.

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