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¿Por qué me tengo que sentar al lado de los asesinos de mi hermano en el Congreso? Senadora Sofía Gaviria

Por: Daniel Raisbeck - @DanielRaisbeck - Dic 26, 2017, 4:20 pm

Tal como en el caso del exalcalde de Bogotá y exministro Jaime Castro, miembro ilustre del Partido Liberal que apoyó el No en el plebiscito del 2016, las críticas de la senadora liberal Sofía Gaviria al acuerdo Santos-FARC le han causado problemas constantes al gobierno colombiano a la hora de persuadir a la opinión pública de las supuestas virtudes de su arreglo con la guerrilla.

Ya que el Partido Liberal ha sido un aliado indispensable del Presidente Santos en el Congreso, cualquier escrutinio del acuerdo con las FARC que provenga de las “toldas rojas” es incómodo para el gobierno. Y las críticas de la Senadora Gaviria son particularmente amargas para el establecimiento liberal dado su estatus como una de las más prominentes defensoras de las víctimas de la violencia en Colombia.

La Senadora Gaviria no sólo se ha dedicado a la defensa de los derechos humanos desde sus días universitarios, sino que también vivió en carne propia los devastadores efectos del terrorismo en el país con el secuestro y posterior asesinato de su hermano, el gobernador de Antioquia Guillermo Gaviria (1962-2003), por parte de las FARC.

Aunque la senadora aclara que el voto es secreto y que, por respeto a las víctimas que representa, no reveló ni revelará su decisión en las urnas en el plebiscito del 2 de octubre del 2016, ella denuncia sin titubeos la manera cómo el Gobierno Santos les exigió a los funcionarios que votaran por el Sí y promovieran el punto de vista del oficialismo.

Gaviria también cuestiona la “desinformación absoluta acerca de lo que se estaba votando”, pues Santos presentó ante los electores la decisión de rechazar o aceptar un acuerdo de 297 páginas en un período de tiempo insuficiente para un análisis a fondo de sus contenidos. Y agrega que el gobierno perpetró un chantaje al amenazar a la ciudadanía con la inminencia de la guerra urbana si ganaba el No, al igual que al ejercer presión sobre numerosos alcaldes para que aseguraran la victoria del Sí en sus municipios a cambio de recursos para el “posconflicto.” Por último, la senadora cuestiona la libertad y transparencia de la votación en varias zonas del país donde aún estaban armadas las FARC cuando los ciudadanos acudieron a las urnas.

Decirles tales verdades a los poderosos no viene sin consecuencias. Para la Senadora Gaviria, el precio de cuestionar los turbios métodos del gobierno fue ser excluida de la consulta del Partido Liberal, en la cual se escogió un candidato único a la presidencia. Para prevenir la participación de disidentes como la Senadora Gaviria, los jerarcas del partido obligaron a los precandidatos a firmar un “manifiesto liberal”, lo cual implicaba aceptar sin reservas los dictámenes del acuerdo Santos-FARC y todo el dogma del “posconflicto”. Al no someterse a tal exigencia liberticida, la Senadora Gaviria no pudo participar en la consulta que ganó Humberto De la Calle, jefe negociador con las FARC en La Habana, con unos escasos 365.658 votos (para llegar a la segunda vuelta presidencial es necesario obtener al menos tres millones de votos).

Gaviria afirma que ni De la Calle ni su contendor, el exministro liberal Juan Fernando Cristo, tomaron en cuenta “las solicitudes básicas de tipo humanitario y de derechos de las víctimas que se estaban vulnerando en el acuerdo”, entre ellas la liberación de los secuestrados y de los niños reclutados a la fuerza por la guerrilla.

Según la senadora, el Partido Liberal, dividido por las luchas de poder entre los expresidentes César Gaviria y Ernesto Samper, “se dejó desplazar por sus apetitos burocráticos” y, en más de siete años del gobierno Santos, “renunció completamente a su ideario”. Por lo tanto, el liberalismo requiere “una revolución” para que empiece a actuar de acuerdo a sus principios e ideología- “de centro-izquierda o centro-derecha según el matiz” en la interpretación de la senadora,- y para recuperar la confianza ciudadana.

En cuanto al próximo presidente de Colombia, la persona electa tendrá “toda la legitimidad” para hacerle cambios fundamentales al acuerdo Santos-FARC, y no sólo será por causa del resultado del plebiscito. La Senadora Gaviria argumenta que la reelección del presidente en el 2014 se basó en su compromiso de encarcelar “a los máximos responsables de delitos de lesa humanidad”, quienes supuestamente “no iban a ir al Congreso” mientras que sí repararían a las víctimas “con unos mínimos de justicia”.

“Todo eso es mentira”, afirma Gaviria, quien pone la capitulación del gobierno colombiano ante las FARC en un contexto global: otorgar privilegios políticos a los máximos responsables de delitos de lesa humanidad “es impensable en Europa”. Y agrega:

“Yo le reclamo mucho a la comunidad internacional y a los europeos que haya coherencia. Aquí vienen a decir: ‘o, qué bien, ¿por qué no perdonas?’ (Pero) jamás se le pediría a una víctima del terrorismo europea que se acerque, que siquiera considere hablar con su victimario, porque eso es una ofensa a la víctima”.

En Colombia, por otro lado, se “ha llegado al punto donde la presión es sobre la víctima para que perdone sin que el victimario se haya arrepentido, sin que haya pagado cárcel, sin que haya dicho la verdad, sin que considere que lo que hizo fue atroz y sin pedirle perdón a las víctimas y arrepentirse”.

“Los propios guerrilleros todo el tiempo están diciendo que su lucha es legítima. ¿Cómo va a ser legítimo reclutar niños, violar mujeres, hacerlas abortar, hacer masacres, poner bombas en pleno siglo XXI?… Aquí estamos pasando por encima de toda la evolución universal sobre los derechos humanos”.

¿Por qué entonces le entregó la comunidad internacional- la administración de Barack Obama, Naciones Unidas, la Unión Europea, el FMI, entre otras instituciones- un cheque en blanco a Santos en su proyecto para apaciguar a las FARC y a sus aliados?

Para Gaviria, Santos “engañó a la comunidad internacional” tal como engañó a los colombianos con la tesis de que “había que defender [el acuerdo] irrestrictamente, y que para defenderlo había que acabar con la institucionalidad, y que cualquier persona que estuviera en contra de lo que [Santos] decía estaba atacando la paz”.

 

No obstante, tanto a Naciones Unidas como al comité del Premio Nobel de la Paz y a otros miembros destacados de la comunidad internacional les faltó “profundidad (y rigor) en el análisis” de la situación real en Colombia.

En el milieu de las instituciones internacionales, donde reina una superficialidad que se hace pasar por sofisticiación, examinar detenidamente los argumentos a favor y en contra del acuerdo Santos-FARC resultaba problemático.

“Entonces es mejor [desde su punto de vista] estar abrazado con el señor que está haciendo la paz y no saber cómo la está haciendo. Es mejor decir que se está ayudando a Colombia sin saber qué es lo que está haciendo el presidente, y más si el presidente los compra como se ha ido demostrando… [con] contratos por detrás [y] negociaciones petroleras [y] otras concesiones”.

En un momento político en el cual el presidente de turno, respaldado por el Partido Liberal, actúa de manera tiránica para imponer su acuerdo con las FARC sobre los colombianos, ¿cuál es el futuro de la Senadora Gaviria tanto en el Congreso como dentro de su propio partido?

Aunque pensó en “tirar la toalla” dada la lamentable postura de su partido ante las víctimas de las FARC (entre muchas políticas que considera erradas), Gaviria afirma que no abandonará “a todas las personas que se ilusionaron, que se reconectaron con la representación de alguien en el Congreso porque vieron una voz independiente, libre, que sí estaba hablando a nombre de cientos de miles de colombianos”, especialmente a “los más necesitados [y] a las víctimas de las FARC” que el gobierno pretendía mantener calladas.

Aunque se siente “presa en el Partido Liberal porque no se dio la reforma electoral” que hubiera permitido su participación política a nombre de otro movimiento o partido, decidió postularse de nuevo al Senado para representar a las víctimas que le han dicho: “usted no nos puede abandonar”.

No obstante, de ser reelecta al Senado y encontrarse con los cabecillas de las FARC en el Congreso, donde el nuevo partido de la guerrilla tiene diez curules garantizadas, Gaviria encontrará grandes dificultades, inclusive a nivel personal.

“Es muy duro para mí encontrarme con estos criminales en un espacio democrático. Ellos tendrían que estar en la cárcel. ¿Yo por qué me tengo que sentar al lado de los asesinos de mi hermano sin que hayan pagado un día de cárcel?”

Como alternativa, la senadora propone “que paguen los días de cárcel, que paguen lo mismo que pagaron los paramilitares porque sus crímenes son exactamente iguales, y las víctimas tenemos los mismos derechos”.

Una reforma al acuerdo Santos-FARC que haga justicia real requerirá liderazgo no sólo desde la presidencia; Gaviria busca convertirse en la senadora con más votos del Partido Liberal para tomarse la institución y cambiar por completo su rumbo: “todo el mundo tiene que abrir espacio si yo soy la senadora más votada en el partido”.

Aunque Gaviria estará en campaña durante los próximos meses con la intención de regresar al Senado, afirma que no apoyará la candidatura presidencial de Humberto De la Calle “en lo más mínimo”. Y dice de manera contundente: “no apoyaré ni a De la Calle ni a ningún candidato que esté con las FARC”. Si por cuestiones de política partidista los jerarcas liberales intentaran obligarla a apoyar algún candidato pro-FARC, Gaviria recurrirá inclusive a las instancias internacionales relevantes.

Sin duda alguna, Sofía Gaviria tiene excelentes posibilidades de obtener una amplia votación para regresar al Senado y, si lo desea después de la primera vuelta presidencial, de asumir un papel determinante dentro de la coalición opositora al acuerdo entre Santos y las FARC.

Senadora liberal Sofía Gaviria (PanAm Post)
Senadora liberal Sofía Gaviria (PanAm Post)
Daniel Raisbeck Daniel Raisbeck

Daniel Raisbeck es el editor del PanAm Post. Fue candidato independiente a la Alcaldía de Bogotá en el 2015. Síguelo en Twitter: @DanielRaisbeck.