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Portugal, de la bancarrota al (frágil) crecimiento

By: Diego Sánchez de la Cruz - Jul 10, 2017, 4:14 pm
(Sevi)
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La entrada de Portugal en la Eurozona favoreció la expansión crediticia en el país luso, generando un fuerte influjo de dinero barato que alimentó un desarrollo insostenible. Para hacernos una idea de la escasa consistencia de aquel patrón de crecimiento, basta con echar un vistazo a la evolución del saldo por cuenta corriente, que llegó a registrar un déficit equivalente al 12,1% del PIB en 2008.

En una economía con una producción anual de 265.000 millones de dólares, Portugal estaba endeudándose con el resto del mundo a un ritmo que llegaba a los 32.000 millones. Semejante tendencia estaba condenada a romperse y el estallido de la Gran Recesión desencadenó una profunda y larga crisis.

El crecimiento económico de Portugal, que llegó al 1,6% en 2006 y alcanzó el 2,5% en 2007, se empezó a frenar en 2008, hasta entrar en terreno negativo en 2009, con una recesión que redujo el PIB un 2,9%. Más hondos aún fueron los números rojos de 2012, cuando la economía lusa se contrajo un 4%. También 2011 y 2013 dejaron tasas negativas, del 1,8% y 1,1%.

Para poner en perspectiva lo que supuso esa crisis, basta con echar un vistazo al PIB per cápita de Portugal. Antes del estallido de la crisis, había llegado a rondar los 25.000 dólares, unos 6.000 dólares más que los 19.000 dólares registrados en 2015. De hecho, aunque las perspectivas económicas han empezado a mejorar, la previsión es que el PIB per cápita alcance en 2018 los 21.000 dólares, unos 4.000 dólares menos que diez años antes.

El desempleo se convirtió en uno de los principales problemas de la economía lusa. Ya antes de la crisis, se movía en niveles superiores al promedio europeo, con una tasa del 7,6% en 2006, 7,9% en 2007 o 7,5% en 2008. La escalada del paro arrancó entonces: 9,4% en 2009, 10,7% en 2010, 12,6% en 2011, 15,5% en 2012 y 16,2% en 2013. Pese al mejor desempeño de los años 2014, 2015 y 2016, los niveles actuales de desempleo siguen en el entorno del 11%, varios puntos porcentuales por encima de los registros pre-crisis.

La indisciplina fiscal de Portugal derivó en una crisis de deuda que terminó requiriendo un “rescate” coordinado por la Unión Europea. Ya en 2006, 2007 y 2008, cuando el viento soplaba a favor, las cuentas públicas se saldaban con niveles de déficit comprendidos entre el 3% y el 4% del PIB. Pero la incapacidad del gobierno socialista de José Sócrates llevó el desaguisado fiscal hasta el 11,2% del PIB, alcanzado en 2010. Semejante situación motivó la intervención de las instituciones comunitarias, como última salida para evitar la quiebra.

En 2017, la situación de la economía lusa es más saludable. La economía crece por encima del 1%, el saldo por cuenta corriente arroja un leve superávit y los indicadores macro anticipan que lo peor ha quedado atrás. Este cambio a mejor ha alimentado un discurso interesado que liga la mejora de la economía de Portugal a las medidas aprobadas por el gobierno socialista de António Costa. Sin embargo, fue su antecesor, el conservador Pedro Passos Coelho, quien invirtió el rumbo del país y consolidó un cambio a mejor.

Con Passos Coelho al frente, el crecimiento pasó de un -4% en 2012 a un 1,5% en 2015, mientras que el paro cayó del 15,5% al 12,4%. El déficit, que había llegado a tasas de doble dígito, se redujo por debajo del 3% en 2015, sentando las bases para que Portugal abandonase el programa de supervisión ligado al “rescate” europeo.

 

Y es que, en los años de gobierno de la derecha, Portugal aprobó una reforma fiscal que redujo la imposición directa y subió la indirecta. Se cambiaron las leyes laborales, para flexibilizar la contratación y el despido. Se aprobó una “ventanilla única” para agilizar el funcionamiento de la burocracia. Se eliminaron los entes públicos innecesarios, se aprobaron distintos programas de privatización, se crearon incentivos tributarios para atraer a ciudadanos de otros países europeos…

Aunque Passos Coelho venció en las últimas elecciones, un pacto entre el Partido Socialista y dos formaciones parlamentarias de izquierda radical sirvió para desalojar a la derecha del poder. Aunque António Costa le dio el relevo prometiendo abandonar la “austeridad” y las políticas “neoliberales”, su Ejecutivo se ha caracterizado por el continuismo. De hecho, algunas de las principales medidas aprobadas por el gobierno de Costa han salido adelante con apoyo de los conservadores y con rechazo de los mismos partidos de izquierda radical que prestaron sus votos para aupar al poder al nuevo mandatario.

Pero la historia de Portugal sigue incompleta. Aunque la situación ha mejorado, quedan reformas pendientes. El crecimiento, demasiado bajo, contrasta con las fuertes expansiones que se están viviendo en España e Irlanda, otras dos economías de la Eurozona que se vieron golpeadas por la crisis pero que han salido adelante con más fuerza que el país luso. Son los espejos en los que deberá mirarse Portugal si quiere asegurar y fortalecer su recuperación.

Diego Sánchez de la Cruz Diego Sánchez de la Cruz

Diego Sánchez de la Cruz es analista político y económico en medios de comunicación españoles y profesor en IE University. Síguelo en Twitter: @DiegoDeLaCruz.

Hiperinflación en Venezuela: aumentos salariales bimestrales en camino a ser bimensuales

By: Aurelio Concheso - Jul 10, 2017, 4:07 pm
aumentos salariales

Con el aumento salarial anunciado el 30 de junio, son tres los decretados durante el primer semestre de este año, es decir, en promedio uno cada dos meses, o bimestralmente. Al ritmo que se acelera la inflación, pronto se estarán haciendo estos aumentos cada quince días o bimensualmente, en la medida que la descomunal impresión de dinero sin respaldo siga su al parecer indetenible ascenso. Lea más: Aumento de salario en Venezuela “trata de engañar nuevamente a los trabajadores” Lea más: En Venezuela la inflación aniquilará los salarios como en ningún otro país Lo increíble es lo totalmente ajenos que parecen estar los burócratas responsables del desastre que están provocando. Resulta sorprendente ver y oír a un funcionario identificado, nada menos que como vicepresidente de Planificación, asumir como un logro de la revolución haber decretado desde su inicio 39 aumentos de salario mínimo. Remata el dilecto funcionario aseverando que: “en toda la cuarta tan solo se hicieron nueve incrementos del salario mínimo”. Tal vez no solo el funcionario sino todo el gabinete económico se sorprendería al saber que en lo últimos 70 años ha habido tan solo diez aumentos de ese tipo en EE. UU., y que en Alemania ni siquiera existía la figura de salario mínimo hasta 2015. Ya los trabajadores venezolanos saben que cualquier aumento de esta naturaleza no los va a ayudar a recuperarse de los estragos de la inflación, sino más bien los van a distanciar aún más de ese objetivo. El año pasado los aumentos eran trimestrales y los asalariados terminaron en peor situación que en la que lo empezaron. Pero a los jubilados y pensionados les fue aún peor, pues la forma que encontró el gobierno para ahorrarse una parte de lo que le tienen que abonar mensualmente a estos sufridos venezolanos, a quienes se les paga el salario mas no el bono de alimentación, el salario ya tan solo representa el 30 % del ingreso mínimo, y con este aumento queda en la mísera suma de USD $12.80 si lo calculamos a dólar libre, USD $36,23 a la tasa oficial DICOM. googletag.cmd.push(function() { googletag.display('div-gpt-ad-1459522593195-0'); });   Para las empresas, que batallan por mantenerse solventes el problema no es muy distinto. Muchas de las industriales en particular están o paradas por falta de insumos, o trabajando a un 15 a 20 % de su capacidad. Como ellas no tienen la misma potestad que tiene el gobierno de imprimir más dinero, y ante la imposibilidad de recuperarse con mayores ventas, tienen que acudir a sus reservas de capital y fondos de depreciación para hacer los pagos, acelerando así su descapitalización. Las pequeñas y medianas empresas del sector comercio y servicios que tienen más facilidad para hacerlo, prescindirán de los servicios de algunos de sus trabajadores, alimentando así las filas del desempleo que según el FMI ya va por 25 %, al margen de las edulcoradas cifras que sobre esa estadística reporte el gobierno. Para todo el mundo, menos para el gobierno, está claro que nos encontramos en un círculo vicioso de aumentos de salario, impresión de más bolívares. Aumentos de precio que llevan a nuevos aumentos de salario y así sucesivamente. De lo que todavía no se ha percatado mucha gente es que la velocidad con la que gira ese círculo vicioso no es constante, sino que se va acelerando de manera exponencial. No podría ser de otra manera porque el actual diseño macroeconómico perverso contiene en sí mismo la semilla de su propia destrucción, y no hay cómo detenerlo si se sigue haciendo exactamente lo mismo. Los aumentos de salario mínimo son un buen barómetro de ese fenómeno exponencial. Primero eran anuales, luego semestrales, después trimestrales, ahora bimestrales y pronto serán mensuales o quincenales. La pregunta es ¿cómo se detiene ese camino a un colapso seguro? Una buena forma de comenzar es cesanteando a todos los burócratas que puedan pensar que 39 aumentos salariales en 15 años son un logro y no el anuncio de una catástrofe económica en puertas, sustituyéndolos por personas que sepan lo que se traen entre manos.

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