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Tomás Estrada Palma: auge y caída del primer presidente electo de Cuba

Por: Escritor Invitado - Feb 24, 2016, 8:35 am
Tomás Estrada Palma, presidente de la República de Cuba en Armas durante la Guerra de los Diez Años. (Neoclubpress)
Tomás Estrada Palma, primer presidente de la República de Cuba. (Neoclubpress)

Por Roland Armando Alum

Hoy, 24 de febrero, los cubanos de todo el mundo conmemoran el inicio de la Guerra de Independencia de España de 1895. Los últimos cuatro meses de las hostilidades se transformaron en la Guerra hispano-estadounidense (abril-agosto de 1898), que llevó a la independencia de Cuba en 1902.

La mayoría de los cubanos y expertos en asuntos de Cuba están relativamente familiarizados con el nombre de Tomás Estrada Palma (1835-1908), el primer presidente electo de la isla-nación, cuya memoria ha sido demonizada por el régimen “socialista” de Fidel y Raúl Castro desde 1959. Sin embargo, pocos son los que están bien informados sobre el papel crucial que tuvo Estrada en los esfuerzos en el extranjero por una Cuba libre.

Margarita García, una profesora de Psicología convertida en historiadora en New Jersey, relata detalles de la vida prepresidencial de Estrada en Antes de Cuba Libre: El ascenso de Tomás Estrada Palma.

La investigación de García la llevó a sitios históricos y archivos en España, Francia y Honduras. También llevó a cabo entrevistas con los descendientes de Estrada en los EE.UU. y en otros lugares.

Nacido el 9 de julio de 1835 en la ciudad oriental de Bayamo, de padres ganaderos, Estrada renunció a su vida “burguesa” y se unió a la primera insurgencia anticolonial de Cuba, en lo que se conoció como la “Guerra de los Diez Años“.

Ascendió mediante el liderazgo ciudadano revolucionario, convirtiéndose en el cuarto presidente de la República en Armas (marzo de 1876-octubre de 1877) que controlaba los territorios liberados. Posteriormente, Estrada fue capturado por los españoles, encarcelado en el Castillo de San Fernando de Cataluña (que García visitó y fotografió), y fue puesto en libertad después del armisticio de 1878. Estrada escogió navegar a Nueva York después de parar en París.

El laureado poeta Joaquín Palma era el primo de Estrada. Palma había desarrollado conexiones con el presidente reformista liberal Marco Soto en Honduras, y animó a Estrada para mudarse a ese país centroamericano. Una vez allí, a Estrada se le encargó la organización del servicio de correo de Honduras y de la escuela de formación de profesores. En 1881, Estrada se casó con una mestiza más joven, Genoveva Guardiola, hija de un expresidente de Honduras.

Cuando el Gobierno de Soto colapsó, en 1883, Estrada volvió a Nueva York con Genoveva y su primogénito (los próximos cinco hijos nacieron en Nueva York). Creó el Instituto Estrada Palma en Central Valley, un pequeño pueblo al norte de Manhattan. Era una institución temprana bilingüe y privada. Algunas calles en Central Valley, de hecho, fueron nombradas en honor a Estrada.

Para 1892, los exiliados proindependencia reorganizados bajo el carismático liderazgo de José Martí, quien en abril de 1895 navegó clandestinamente a Cuba para unirse a los guerrilleros —conocidos como “mambises”— que se habían levantado en armas ese febrero. Tras la muerte de Martí en combate en mayo de 1895, Estrada lo sucedió al frente del Partido Revolucionario Cubano, fundado para la liberación de Cuba y Puerto Rico, las dos últimas colonias españolas en América.

Tras la explosión del buque de guerra Maine en La Habana, EE.UU. intervino militarmente en abril de 1898. Las tropas estadounidenses encontraron un país devastado por la guerra, con el hambre y las epidemias rampantes, que se vieron agravadas por la práctica de concentración de campesinos en las ciudades para evitar que el Ejército español ayudara a los mambises. Incidentalmente, los soldados españoles que reprimían los cubanos eran en su mayoría españoles “lumpen-proletarios” —en términos marxistas—, un grupo que incluía al propio padre de los hermanos Castro.

La ocupación estadounidense limpió la isla, construyó hospitales, construyó carreteras y acueductos, creó un sistema de educación pública, y convocó a elecciones nacionales para el 31 de diciembre de 1901. Estrada accedió de mala gana a participar por la presidencia luego de ser presionado por el jefe del Ejército de Liberación, el general dominicano Máximo Gómez. El oponente de Estrada fue el veterano general Bartolomé Masó, que a la hora 11 se retiró alegando conspiración electoral, mientras que Gómez dirigió la victoriosa campaña política de Estrada.

Estrada fue elegido mientras todavía vivía en Central Valley, y tomó un tortuoso viaje de regreso a su tierra natal que no había visitado durante un cuarto de siglo. Multitudes vitorearon a Estrada (en ese entonces de 67 años) durante su marcha triunfal desde Oriente a La Habana para su trascendental investidura el 20 de mayo de 1902.

Como señala García, en un gesto de caballeros opuesto a la división y siembra de odio que forma parte del modus operandi que los Castro adoptarían décadas después, Masó recibió al presidente electo cuando Estrada pasó por Manzanillo. Dada la historia del militarismo evidente en las repúblicas de América Latina ya independientes de la época, el abrazo Estrada-Masó simbolizó el inicio de un Gobierno civil esperanzador y exitoso.

Sin embargo, durante la era republicana de Cuba (1902-1958), el ejército intervino en varias ocasiones en la política. De hecho, un objetivo clave de la rebelión política anti-Batista inspirada por los liberales en la década de 1950 fue regresar finalmente las tropas a los cuarteles. Irónicamente, bajo los hermanos Castro, Cuba está gobernada por un auto nombrado (y ya casi nonagenarios) “generales” que todavía cantan eslóganes marxistas-leninistas.

Del mismo modo, durante los últimos 57 años, la familia Castro —una dinastía de facto— ha acusado persistentemente a Estrada de convertir a Cuba en un “Estado vasallo yanqui”. Incluso poco después de 1959, turbas fascistas patrocinadas por el Gobierno vandalizaron un monumento en La Habana erigido en honor a Estrada después de su muerte en el año 1908. Como José Azel ha escrito aquí en PanAm Post, los Castro paradójicamente convirtieron de hecho a Cuba en un Estado vasallo subordinado a la distancia del fallido bloque soviético.

Entre los logros de Estrada se encuentran limitar el número de bases navales de Estados Unidos, de las siete solicitadas en la naciente república, a una: Guantánamo. También logró que los EE.UU. reconocieran la soberanía de Cuba sobre la isla adyacente de Pinos, que muchos en los EE.UU. codiciaban.

Los Castro también han tratado de presentar a Estrada como un cuáquero converso, alguien que era incluso religiosamente ajeno a las tradiciones cubanas. Pero García no encontró ninguna evidencia, incluyendo su investigación en los archivos Quaker, que Estrada alguna vez se haya convertido a esta religión protestante anglo-estadounidense. Estrada, de hecho, era masón, como Martí y otros patriotas.

El libro de García es una reseña biográfica imparcial que cierre cronológicamente con la primera toma de posesión de Estrada. Ella añade, sin embargo, que más tarde Estrada violó su propia promesa de no buscar un segundo mandato. Esta fue su caída política final, y precipitó la segunda intervención de Estados Unidos (1906-1909) bajo la invocación de la polémica Enmienda Platt.

Teniendo en cuenta los hechos históricos de la vida temprana de Tomás Estrada Palma y el menosprecio de su memoria en la propaganda de los Castro, que sus fervientes defensores cómodamente residentes en el extranjero replican, uno se acuerda de la frase de Orwell: “quien controla el presente … controla el pasado”.

El texto de García, escrito en español con sabor netamente cubano (aunque pronto estará disponible en inglés también), es un nuevo y bien documentado reto a la distorsión obsesiva de la historia por parte de la dictadura para su propia agenda.

Alum, actualmente un investigador asociado sobre Etnología en América Latina de la Universidad de Pittsburgh, recibió un certificado post-doctoral en la Universidad de Virginia, y recientemente se convirtió en miembro de la Sociedad de Antropología Aplicada. El autor dedica esta columna a la memoria de sus tíos abuelos patrilaterales mambises, Federico Alum y Capt. Emilio García.

Traducido por Rebeca Morla.