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Venezolano que se oponga a Nicolás Maduro, corre el riesgo de no comer

Por: Escritor Invitado - Jun 8, 2016, 4:27 pm
(Diario El Tiempo) socialismo
El socialismo gobernante seguirá avanzando hacia el totalitarismo, instrumentalizando al propio socialismo opositor y a la población que los rechaza masivamente. (Diario El Tiempo)

EnglishPor Guillermo Rodríguez G.

Las acciones de los políticos se explican identificando sus fines evidentes y los medios a su alcance, para considerar las opiniones subjetivas de sus posibilidades y las de sus contrarios, y determinar lo que ellos identificarían como más eficiente para alcanzar sus fines. Sistematizando así el análisis económico de la política, James M. Buchanan obtuvo el Premio Nobel de Economía en 1986.

Considerando fines, medios y sesgos ideológicos de los actores, analicemos la política en el autoritarismo competitivo venezolano. Con bajos precios petroleros, la situación económica del Socialismo en el poder en Venezuela es la de un petroestado que financió la radicalización socialista con altos precios petroleros.

La fiesta se terminó y queda la resaca, tanto para el Socialismo en el poder agrupado en un mal llamado polo patriótico, dominado por el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV); como para el Socialismo opositor, alianza de partidos de diverso tamaño e historia, integrados en la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

El Socialismo en el poder

El PSUV surgió de la reestructuración y radicalización del movimiento Quinta República o MVR, nombre que sirvió al propósito de asociar su primer esfuerzo electoral con los intentos de golpe de Estado del chavismo militar identificado como MBR, contra el Gobierno electo de Carlos Andrés Pérez.

El Socialismo totalitario está en el ADN del chavismo desde los cuarteles. Su objetivo nunca ha cambiado, las circunstancias cambiaron los medios.

Del fallido golpe militar, pasaron de una efímera prisión a favorables circunstancias políticas: pusilanimidad en la cúpula política e institucional a derrotar, y una crisis económica que a la ineficiencia socialista sumó los bajos precios petroleros que sacaban del juego los medios populistas para los gobernantes, y migraron al populismo militarista y caudillista para perseguir aquéllos objetivos con otros medios.

Integrados al Foro de Sao Paulo, implementaron la estrategia socialista del siglo XXI repetida por sus aliados hasta la fecha. Y, petróleo mediante, fueron los financistas, no los jefes, pues cedieron eso al veterano dictador de Cuba. Adoración aparte, porque pese a los fantasiosos objetivos del castrismo con el Foro y el petróleo venezolano –nada menos que rehacer la URSS  en Sudamérica bajo su mando– el chavismo no tenía otra dictadura socialista sobreviviente que le apoyara en la instauración y sostenimiento del totalitarismo socialista.

El socialismo opositor

La MUD tiene dos tipos de partidos. Primero, los viejos socialistas moderados que desmilitarizaron la política venezolana en cuatro décadas de hegemonía. Logro empañado al transformar, Socialismo mediante, un país petrolero con niveles de prosperidad del primer mundo en un empobrecido y violento rincón del tercer mundo, listo a votar mayoritariamente al chavismo en 1998. Y segundo, los nuevos partidos socialdemócratas que durante el ascenso chavista se abrieron paso entre aquél y el desprestigiando Socialismo democrático precedente. Viejos y nuevos, son todos socialistas moderados, partidarios de algún consenso socialdemócrata escorado a la izquierda y financiado por petróleo.

La estrategia opositora

Junto con su control partidista de la autoridad electoral –en Venezuela un poder del Estado– la clave del Socialismo en el poder es su control político de un disciplinado Tribunal Supremo.

Sin abundancia de petrodólares, no pueden ganar una elección creíble. La derrota masiva del Gobierno en la reciente elección de la Asamblea Nacional se repetiría fácilmente en cualquier elección futura y por ello la estrategia opositora es esperar que el poder caiga en sus manos por el altísimo rechazo al Socialismo en el poder en la población.

La clave está en que los que cortan el bacalao en la MUD concuerdan en dos cosas, un consenso socialdemócrata que implica impedir el paso a cualquier fuerza política ajena al mismo; y en que la impopularidad del Socialismo en el poder –y multimillonarios corruptelas con presuntos vínculos de dirigentes del Socialismo en el poder y  opositor mediante socios comunes– obligarían al Socialismo gobernante a negociar la entrega del poder, acordando la secreta protección mutua del botín, pasado, presente y futuro.

Nada menos que integrar al Socialismo radical totalitario en su consenso socialdemócrata. Ingenua propuesta para un proyecto totalitario inmisericorde de origen cuartelero que ha rehecho el mundo militar local a su imagen tras su efímero derrocamiento en 2002.

La estrategia del hambre

El Socialismo gobernante seguirá avanzando hacia el totalitarismo, instrumentalizando al propio Socialismo opositor y a la población que los rechaza de modo masivo. La herramienta será la escasez, inherente al Socialismo y por lo que sufrirían una avalancha de votos en contra en cualquier  elección que permitan. Y aunque cuenten con quien cuenta los votos para solucionarlo, también cuentan con seguirse declarando demócratas revolucionarios y mantener el apoyo de mayoritario de la intelectualidad y la casi totalidad de políticos y periodistas de izquierda en Occidente.

Para crear otro escenario sin petrodólares del reparto populista, deben administrar el racionamiento con criterios de lealtad política, ni más ni menos. Por eso crearon comités del partido con el poder del Estado para incautar y extorsionar. Los CLAP, comités locales de abastecimiento y producción –formados por los más leales entre las bases del PSUV– aplicaran otra forma de racionamiento.

En racionamiento abierto, los productos alimentarios con precios regulados escasean –la oferta cae y la demanda crece por precio menores al del mercado, y se raciona por instrucciones del Gobierno en las redes de distribución de alimentos, privadas o gubernamentales– forzando a los venezolanos a comprarlos tras largas esperas en fila, un único día a la semana por el número final del DNI, marcando huella digital en una cartilla de racionamiento virtual. Con corrupción y mercado negro, como todo racionamiento.

Con estos CLAP monopolizando esos alimentos por listas manejadas con criterios de lealtad al Gobierno, quienes no estén en la lista del CLAP, o estando sean excluidos como castigo político, pierden el acceso a los alimentos escasos.

Quienes gobiernan Venezuela ya aplicaron un apartheid político contra millones de firmantes por el referéndum revocatorio de su difunto caudillo. Ahora, mientras se recogen firmas para un dudoso revocatorio contra Maduro, se organizan CLAP que podrán usar listas para decidir quién come y quién no. Y no es que el PSUV sea capaz de hacerlo hasta el último rincón del país, una parte de la red privada de distribución de alimentos mantendrá algo del viejo sistema de racionamiento abierto, vendiendo lo que no manden a los CLAP.

El Gobierno venezolano controla con permisos cada paquete en cada fase de toda la cadena de distribución gubernamental y privada –aunque lo autorizado al racionamiento abierto, cualquier CLAP lo pudiera incautar a voluntad– y a lo que deje fuera de los CLAP afluirán en masa los excluidos. No es necesario controlar con CLAP todos los alimentos racionados, basta que la bolsa del CLAP sea la única alternativa a horas de incertidumbre en filas de desesperanza para los excluidos del apartheid político.

Instrumentalizando incluso la previsible corrupción y el mercado negro de sus propios CLAP, el Socialismo en el poder gobernaría sobre una población tan empobrecida y aterrorizada que le votaría por temor.

No es fácil, pero sus posibilidades superan las de un Socialismo opositor empeñado en no analizar los terribles medios al alcance de la fría crueldad del Socialismo revolucionario en el poder.

 

Guillermo Rodríguez G. es investigador del Centro de Economía Política Juan de Mariana y profesor de Economía Política del Instituto Universitario de Profesiones Gerenciales IUPG, de Caracas, Venezuela.