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En Perú ganó el antifujimorismo, no Kuczynski

Por: Escritor Invitado - Jun 9, 2016, 9:37 am
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A pesar de ser la favorita frente a PPK, Fujimori perdió apoyo al último momento por acusaciones de corrupción. (T13)

EnglishPor Manuel Ferreyros

El 3 de octubre de 1938 un niño llamado Pedro Pablo nació en la ciudad amazónica de Iquitos, en Perú, en el seno de una familia de inmigrantes europeos. Su madre, Madeleine, era descendiente de suizos y franceses y trabajaba como profesora de artes y música. Su padre, un inmigrante polaco, era un médico que trataba enfermedades tropicales en las regiones más pobres del país subdesarrollado.

Pedro Pablo luego asistiría a uno de los colegios privados más prestigiosos de Perú antes de ir a Oxford y Princeton a estudiar economía.

Regresemos a 2016. Pedro Pablo Kuczynski es un renombrado economista con una larga trayectoria como político liberal y parece haber ganado las elecciones para presidente de Perú. Kuczynski (o PPK) aparentemente ha derrotado a la candidata favorita de la contienda, Keiko Fujimori, la hija del encarcelado expresidente autoritario y populista Alberto Fujimori.

A diferencia de PPK, Keiko Fujimori carecía de credenciales más allá de dos mandatos como legisladora, y su reputación estaba manchada con escándalos de corrupción, tráfico de drogas y lavado de dinero. No obstante, ella es sumamente popular entre los peruanos. Una semana antes de las elecciones, Fujimori llevaba a PPK una cómoda ventaja de intención de voto que, para gran sorpresa de todos, se evaporó en cuestión de días.

Una forma de ver la victoria de PPK es como un triunfo de los ideales democráticos y liberales sobre el populismo y la política sucia. Sin embargo, esa lectura de las elecciones peruanas estaría incompleta.

Volvamos a 1938. El 28 de julio (casualmente, el aniversario de la independencia de Perú) Alberto Fujimori nace en una familia de inmigrantes japoneses. Cincuenta y dos años después, en 1990, como candidato outsider rector de una universidad derrota al renombrado novelista liberal Mario Vargas Llosa. Fue un gran revés para el establishment político peruano (como el lector puede apreciar, los votantes en este país tienen afición por dar vuelta el marcador a última hora). La hija de Fujimori, Keiko, tenía 15 años en aquel momento.

Alberto Fujimori heredó un país asediado por el terrorismo, donde políticas socialistas habían devastado a la economía por dos décadas. Fujimori ganó las elecciones con la promesa de no aplicar grandes reformas económicas. Sin embargo, durante su primer mandato hizo exactamente lo contrario: revolucionó la economía peruana, derrotó al terrorismo y se ganó un apoyo popular sin precedentes.

Su gobierno autoritario, sin embargo, también destruyó la independencia y la integridad de todas las instituciones gubernamentales. La oposición en el Congreso fue literalmente comprada con dinero público, así como gran parte de los medios de comunicación.

El Gobierno de Fujimori cometió atroces violaciones de los derechos humanos, tales como esterilizaciones forzadas y asesinatos por encargo. También forjó lazos con criminales y corruptos. En 1996, 170 kilogramos de cocaína fueron encontrados en el avión presidencial.

En 2001, 11 años después haber asumido el poder, Fujimori fue derrocado cuando se descubrió la corrupción de su régimen y la indignación pública se volvió incontenible. Fujimori huyó a Japón, donde también es ciudadano, y renunció a la presidencia por fax. Keiko Fujimori tenía 26 años y, debido al divorcio de sus padres, había sido la Primera Dama por seis años.

Alberto Fujimori ha sido juzgado y condenado por delitos de corrupción y violaciones de derechos humanos. La justicia lo declaró culpable de crear escuadrones de la muerte, de sobornar a los medios y congresistas, y de otros delitos graves de corrupción. No obstante, su popularidad sigue siendo enorme.

De hecho, el fujimorismo es un movimiento político tan fuerte que Keiko es una de las personalidades políticas más importantes de Perú. Ella es probablemente la mujer más poderosa del país y su movimiento ha cosechado bastante apoyo en todo Perú. En gran medida, esto se debe al tradicional desencanto de los peruanos con el establishment político y su descontento con el actual Gobierno.

La campaña de Keiko también ha sido muy extensa. Durante la primera vuelta de las elecciones presidenciales, ella obtuvo alrededor del 40% de los votos y su partido, Fuerza Popular, se apropió de más de la mitad de los escaños en la legislatura unicameral. Solo necesitaba crecer 10% en la segunda vuelta para ganar la presidencia. Huelga decir que ella era considerada por muchos como la probable vencedora.

Pero igual de fuerte en Perú es el antifujimorismo. Básicamente, la población de Perú está divida entre aquellos que simpatizan con el régimen autoritario y populista de Fujimori, y aquellos que condenan su legado de violaciones de derechos humanos y corrupción. El antifujimorismo atraviesa todo el espectro político, la mayoría de los medios, y gran parte de la población de Perú.

Para ser más precisos, el país parece estar dividido en 49,5% a favor y 50,5% en contra del fujimorismo. Según las bocas de urna y los primeros escrutinios, PPK ha logrado una muy estrecha victoria en la segunda segunda vuelta.

Al lector podría parecerle extraño que la mayor parte de un artículo de opinión sobre el nuevo líder de Perú no sea sobre él, sino más bien sobre quien parece haber perdido. Es que la posible victoria de PPK no se debe a ninguna candidatura exitosa. Por el contrario, en Perú parece haber triunfado el antifujimorismo.

La campaña de PPK ha sido ampliamente considerada como torpe e inepta. Además, es un candidato terrible. Es viejo, no tiene carisma, es propenso a las metidas de pata y a cambiar de postura sobre cuestiones importantes.

PPK habla mejor inglés que español. De hecho, era un ciudadano estadounidense hasta que se vio obligado a renunciar a su ciudadanía para apaciguar los sentimientos anti-EE.UU. de los votantes. Casi nadie en Perú puede deletrear su apellido. Una victoria de PPK era, en teoría, sumamente improbable.

No obstante, PPK atravesó la primera ronda de votos casi por casualidad, quedando en segundo lugar porque muchos votantes lo apoyaron sólo para excluir a una candidata de izquierdas, Verónika Mendoza.

Ahora, PPK parece haber haber ganado la presidencia con una mediocre campaña apoyada por un movimiento antifujimorista de último momento que organizó masivas protestas contra Keiko con la participación abierta de figuras tanto de izquierdas como de derechas.

Gran parte de los votantes de PPK no tienen simpatía por él o por su programa político, pero odian aún más el legado de Fujimori. Básicamente, PPK estaba en el lugar correcto en el momento correcto, y ahora está a un paso de ser el nuevo presidente de Perú.

Las fuerzas de Fujimori, sin embargo, controlan más de la mitad del Congreso, mientras que el partido de PPK, recién formado con distintas facciones, posee menos del 20% de los escaños.

El panorama no es nada claro. Por un lado, la política económica peruana de responsabilidad fiscal parece estar a salvo y el populismo de los años 90 ha sido contenido. Por el otro, a PPK le espera un difícil gobierno con un apoyo incierto del Congreso y una sociedad polarizada.

Esto deja a Perú en una encrucijada. El fujimorismo sigue tan fuerte como siempre y nada apunta a que vaya a desaparecer. Si gana PPK, Perú habrá elegido a un presidente con credenciales que son difíciles de igualar, pero cuya capacidad de liderazgo está en duda. La verdad es que PPK tendrá que aliarse con el partido derrotado o no podrá gobernar.

Un gobierno exitoso durante los próximos 5 años podría ser crucial para consolidar el modelo económico peruano y mantener al país en la vía del desarrollo. Sin embargo, si PPK no logra una presidencia sólida, el sentimiento antisistema de los peruanos podría crecer, socavando su capacidad para gobernar. Esto favorecería tanto a la izquierda como a los populistas.

Todo esto está en manos de un experimentado hombre de negocios, quien es no obstante un político inestable. Por ahora, solo queda esperar que sus años como ministro, sus títulos universitarios y su algo exagerada capacidad individual lo ayude a salir adelante.

Manuel Ferreyros es un abogado peruano graduado de la Universidad Católica del Perú y es socio de la firma Rebaza, Alcázar & De Las Casas.