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Primer genocidio socialista del siglo XX: advertencia para Venezuela

By: Escritor Invitado - Jun 29, 2016, 1:31 pm
(Litci)
Como todos los crímenes del régimen soviético, objetivo y método fueron establecidos y ejecutados primero por Lenin, quien ya en 1918 ordenaba matar. (Litci)

Por Guillermo Rodríguez G.

Descubrir la historia criminal del Socialismo es revelador para quienes no conocen la naturaleza de lo que pretende someterlos. Esta semana lo conversé con algunos jóvenes venezolanos que leen por primera vez a Solzhenitsyn, y a esa luz les sorprende que no esté todavía peor su Venezuela.

Mientras el continente mira esperanzado el acuerdo de paz entre el Gobierno y una parte de las narco financiadas guerrillas colombianas, algunos venezolanos descubren que lo peor no es lo que el secretario Almagro –socialista de vieja data desmarcándose del chavismo cuya debacle continental espera– describió en la OEA sobre la Venezuela cuya canciller presumió del “Estado de Derecho” con un Poder Judicial al servicio del Ejecutivo bloqueando un Legislativo de mayoría opositora.

Pudiera llegar a ser peor la escasez de alimentos y medicinas que sufre nuestra empobrecida población, mucho peor con un aparato productivo destruido y el final del reparto populista resultante de la caída del precio del crudo, e incluso la violencia criminal de récord continental puede empeorar, que todo en el socialismo puede ser peor, mucho peor, es lo que Archipiélago Gulag les reveló a mis jóvenes amigos.

El socialismo agravará lo que ya sufrimos en Venezuela, como explica Solzhenitsyn del que la relativa prosperidad en las ciudades soviéticas de 1936 salió del expolio del trigo que dejaba sin pan a las aldeas, me dice un joven venezolano que comprendió lo superficial de las recientes purgas del propio chavismo al descubrir que Vlasov pagó con su vida el burlar el espíritu, no la letra, de las normas redactadas para que los campesinos no comieran pan, creando hornos comunitarios en casas “abandonadas” de los kulaks.

¿Quiénes fueron los kulaks que menciona ahí Solzhenitsyn? Inquieren quienes soportan horas de espera en la fila del racionamiento y saben que toda la cadena de distribución –gubernamental y privada– de alimentos en Venezuela la controla un Gobierno que, de no ser por el mercado negro, decidiría quién come y quién no.

La historia de los genocidios socialistas del siglo XX comenzó al inicio del poder soviético, con el extermino de pequeños propietarios agrícolas denominados kulaks.

Como todos los crímenes del régimen soviético, objetivo y método fueron establecidos y ejecutados primero por Lenin, quien ya en 1918 ordenaba: “Es preciso dar un escarmiento. 1. Colgar, y digo colgar de manera que la gente lo vea, al menos 100 kulaks, ricos, y chupasangres conocidos. 2. Publicar sus nombres. 3. -Apoderarse de su grano. 4. Identificar a los rehenes como hemos indicado en nuestro telegrama de ayer. Haced esto de manera que en centenares de leguas a la redonda la gente vea, sepa comprenda y tiemble. Decidles que sedientos de sangre matamos y continuaremos matando a los kulaks. Telegrafiad que habéis recibido y ejecutado esas instrucciones. Vuestro, Lenin” (Orden de Lenin, telegrafiada el 10 de agosto de 1918).

Tras la muerte de Lenin, Stalin asciende cuando casi no quedan kulaks sobrevivientes en Rusia, pero llevaría a otra escala el exterminio en Ucrania, dónde en 1929 declaró a los kulaks enemigos del pueblo para requisar todas las tierras y el ganado privados afectando cerca del 80% de la población.

En la campaña de colectivización del campo ucraniano cerca de 10 millones de personas fueron enviadas al gulag siberiano en trenes de mercancías en que un tercio morían sin llegar a los campos de concentración. Los kulaks ucranianos se rebelaron retomando sus propiedades y ajusticiando jefes soviéticos locales, pero el ejército rojo ahogó en sangre la rebelión, mientras la policía política aplicaba un terror como el ordenado por Lenin.

En 1932, con la mayoría de las explotaciones ucranianas forzosamente colectivizadas, Stalin llevo a sus últimas consecuencias una de las ordenes de Lenin contra los kulaks: “Apoderarse de su grano”, con el aumento desmedido de cuotas a entregar por las granjas colectivas de Ucrania.

En medio de la severa escasez de comida en Ucrania, la cosecha de trigo de 1933 se exportó a bajos precios. Eventualmente la policía política inició inspecciones aleatorias de las pertenencias personales, quienes fueran sorprendidos con cualquier cantidad de comida serían declarados ladrones de comida del Estado y sufrirían aleatoriamente de diez años en el gulag al ajusticiamiento inmediato.

El Gobierno soviético creó así la hambruna que mató millones y en la que los ucranianos debieron comer perros, gatos, ratas, e incluso cadáveres humanos. El extermino por hambre logró hacia 1934 la muerte de unas 25 mil personas diarias en Ucrania, exterminando entre cinco y ocho millones de Ucranianos al tiempo que el socialismo demócrata occidental inició su sistemática negación, ocultamiento y subestimación de los crímenes soviéticos –de los que estuvieron al tanto durante las siete décadas de existencia de la URSS– y la colaboración activa de sus gobiernos con el poder soviético al alcanzar el poder en Washington el socialista moderado Franklin D. Roosevelt, quien reconoció formalmente al Gobierno de Stalin en 1933, asegurando la incorporación de la Unión Soviética en la Sociedad de Naciones en 1934.

Que el socialismo más que un error intelectual, es un dogma maligno capaz de adelantar los peores crímenes declarándose la bondad absoluta por la falacia de la redención colectiva, asombra a quién lo descubre. Cómo lograr que el resto también lo descubra bajo las infinitas capas de propaganda y falsedad es lo que intentará  responder desde ese camino de Damasco hasta el fin de sus días.

Guillermo Rodríguez G. es investigador del Centro de Economía Política Juan de Mariana y profesor de Economía Política del Instituto Universitario de Profesiones Gerenciales IUPG, de Caracas, Venezuela.

Acuerdo Santos-Farc incrementaría el número de congresistas

By: Julián Villabona Galarza - @julianvillabona - Jun 29, 2016, 12:41 pm
Patio interno del Capitolio Nacional, lugar donde se encuentra la Cámara de Representantes (Wikimedia)

A raíz de la polémica generada por la propuesta de la fundación Paz y Reconciliación de entregar 27 curules directas para las Farc en el Congreso, el magistrado Armando Novoa tuvo que explicar en qué consiste el proyecto de las circunscripciones especiales que aparentemente busca esas curules y el aumento del número de congresistas. Leer más: ONG cercana a Farc propone 9 senadores y 17 representantes para guerrilla sin elecciones Leer más: Anuncian inminente acuerdo con FARC para rendición de armas Leer más: Santos le entregaría a las FARC 23 zonas de despeje en Colombia Novoa aseguró que la propuesta de circunscripciones especiales para la paz consiste en que se agreguen 13 nuevas circunscripciones (lugares en los cuales se puedan elegir congresistas) fuera de las que ya están determinadas constitucionalmente, es decir, los departamentos y las regiones del país. En Colombia los congresistas, específicamente los representantes a la cámara, son elegidos en sus regiones y cada región tiene derecho a un número determinado de parlamentarios. Según lo anterior, con la propuesta de circunscripciones para la paz se crearían 13 nuevas regiones, que tienen como común denominador el hecho de ser afectadas por el conflicto armado. Leer más: Gobierno de Colombia anuncia histórico acuerdo de paz con las FARC Lo anterior quiere decir que las regiones creadas con las circunscripciones para la paz también tendrían derecho a tener representantes en el Congreso, lo cual llevaría a que se aumentara el número de parlamentarios en Colombia. "En el texto del proyecto se plantea 13 circunscripciones de paz que estarían ubicadas en carácter regional y no departamental, de tal manera que la Cámara de Representantes aumentaría su número de curules a 179" manifestó Novoa Sin embargo, este número podría ser mayor, ya que se contempla sólo un representante por circunscripción, pero la Constitución colombiana, en su artículo 176 enuncia que cada región tiene derecho a mínimo dos representantes. Suponiendo que la Cámara quedara con 179 representantes, la representación sería de 268.156 personas por congresista, mientras que en un país como Estados Unidos existe una representación de 735.023 por representante, es decir, 466.867 más que en el país sudamericano. Además, el incremento del Congreso llevaría a que se pasara de gastar COP$4.636 millones (USD$1'592.499) mensuales en los salarios de los representantes a gastar COP$4.999 millones (USD$1'717.175), cambio que muy posiblemente se vería reflejado en la carga tributaria que tendrían que afrontar los colombianos. //   Novoa también aclaró que las curules entregadas a estas circunscripciones no necesariamente deberán ser ocupadas por miembros desmovilizados de las Farc, sino por cualquier persona, ya que son para los sectores donde operaba el grupo guerrillero, lo que hace entrar en dos contradicciones. La primera es la contradicción con lo anunciado en el acuerdo del pasado miércoles 22 de junio, en el que se dijo que los civiles no podrían ingresar a las zonas de concentración, entonces ¿cómo representarían a una población a la que no tienen acceso en caso de que la zona de concentración pertenezca a una de estas circunscripciones?. Lo segundo es que si son zonas afectadas, fuera de las zonas de concentración, entonces ya tendrían su representación en el Congreso, ya que cada región tiene el derecho constitucional, como se mencionó anteriormente, de tener su propio representante a la Cámara. Es necesario que haya más claridad sobre la propuesta y que se haga cuidando las instituciones democráticas colombianas. Además, es necesario hacerlo de una forma que no afecte a los colombianos con impuestos o altos costos de vida para subsidiar estas concesiones hechas. Fuente: Blu Radio

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