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Colombia, las FARC y la ideología de la paz

Por: Escritor Invitado - Oct 7, 2016, 8:00 pm
(Flickr) Colombia
Este concepto de ideología fue elaborado por el filósofo político austriaco Eric Voegelin, luego de haber vivido la debacle intelectual y espiritual en que consistió el nazismo. (Flickr)

Por Jaime Luis Zapata

La ideología es una visión del mundo expresada en un constructo discursivo que tiene como objeto sustituir la realidad por una segunda realidad. Este lenguaje no busca estudiar la sociedad, sino enmarcarla dentro de un proyecto de sustitución al verla como enteramente deficiente. Según la ideología, la realidad en que vivimos es totalmente defectuosa, y para corregirla se requiere de una acción general y abarcante que la transforme. Este concepto de ideología fue elaborado por el filósofo político austriaco Eric Voegelin, luego de haber vivido la debacle intelectual y espiritual en que consistió el nazismo.

Dentro de ese discurso se plantean proposiciones que buscan justificar ese cambio. Esto implica, entre otras cosas, desvincular los efectos de las causas que los ocasionaron, o vulgarizar un fenómeno determinado hasta desdibujarlo y asignarle causas incompletas o directamente falsas.

Para esto la ideología no hace uso del lenguaje verificable, no atrevido y cuidadoso de la ciencia, sino que emplea eslogans, lemas, que vulgarizan el fenómeno, impidiendo un debate correcto sobre la situación en búsqueda de la verdad. En suma: la ideología pervierte el lenguaje para llegar a una segunda realidad. Éste fue el caso del nazismo o del comunismo, ideologías que buscaban culpar a un agente colectivo de una mala situación generalizada. En el primer caso los judíos, en el segundo los burgueses.

En Colombia estamos viendo desde hace unos años, pero con más fuerza poco antes del plebiscito, el desarrollo e implementación de la ideología de la paz. Según esta ideología, lo que se iba a votar este domingo 2 de octubre no eran los acuerdos entre el Gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC, sino que se iba a votar por la paz.

La consecuencia perversa de esto es que los que no votaron a favor entonces votaron por la guerra, prefirieron la guerra en vez de la paz. Aquí vemos ya un comienzo de la vulgarización del lenguaje. No se votó por el instrumento concreto de los acuerdos, sino por una situación como la paz.

Creo que el peor sofisma de los del sí es cuando dicen que si no votábamos a favor el conflicto perduraría y habría muchas más víctimas. Es decir que si no apoyábamos el proceso, la guerra iba a continuar produciendo males y generando sufrimiento. Esto es un sofisma porque de alguna manera suena a que se les estará echando la culpa de la guerra a los que se oponen. Es decir, como si los que no están de acuerdo con el proceso estuvieran de acuerdo con la guerra, o hasta fueran responsables de ella. Y efectivamente esto es lo que ha pasado después de los resultados del domingo. Ahora sucede que los responsables y culpables directos de la guerra somos los 6 millones y medio de colombianos que dijimos no.

¿Pero cuál es la realidad acerca de la responsabilidad directa de la situación que estamos sufriendo? Lo cierto es que el responsable primario de esta agresión comunista y por tanto de los males derivados de este enfrentamiento en el país ha sido uno solo: las FARC, brazo armado del Partido Comunista Colombiano.

Y aquí llego a otro lema ideológico. Y es que se dice por parte de los que han investigado el “conflicto” en Colombia que las FARC surgieron por unas causas o factores estructurales entre los cuales estaban la clausura política, la desigualdad, la pobreza y otros. Pero lo que nunca se dice es que las FARC son el resultado deliberado de la URSS en su estrategia durante la Guerra Fría para llegar al continente americano.

Esto se había planteado desde antes del nacimiento de las FARC en 1964, con la constitución en los años 1930 del Partido Comunista Colombiano, siempre con el objetivo de la toma del poder. Como muestra Álvaro Delgado, ex-dirigente del Comité Central del Partido Comunista Colombiano, luego del período de La Violencia, lo que hicieron las FARC y el PCC fue cooptar los movimientos de autodefensa campesinos, matando a sus dirigentes, y reclutándolos para su proyecto político-militar.

Este elemento del accionar deliberado, de la acción humana buscando un fin determinado, es lo que ha faltado en estos análisis. Por ello, son discursos ideológicos e incompletos que buscan igualmente por lo general una agenda política de cambio estructural de la realidad social.

Si comparamos estos dos lemas ideológicos llegamos a esta conclusión: las FARC llegaron a la guerra a causa de factores sociales y económicos, no la buscaron intencionalmente. Es como si no tuvieran voluntad de nada, sino que estuvieran determinados por las circunstancias. En cambio los que votamos en contra del proceso sí actuamos con voluntad propia, y como votamos por la guerra entonces somos malos de verdad, nosotros sí somos criminales y responsables de la guerra. No las FARC.

 

Por esto también es incompleto el discurso libertario de que el determinante del conflicto en Colombia es el narcotráfico. Para esto el Movimiento Libertario trae el dato acertado de que en la década de 1980 las FARC estaban debilitadas y se fortalecieron al haber incurrido en el narcotráfico. En este sentido lo que habría que resolver es la prohibición de las drogas, para que cese la fuente del conflicto.

Esto es parcialmente cierto. El dato es verdadero, pero la interpretación es incorrecta. Porque el narcotráfico no es un fin para las FARC, es sólo un medio que les ha reportado grandes beneficios. Como tampoco un arma de fuego o un cuchillo son el fin para un asesino, su fin es matar. Los medios y los fines son cosas distintas. En este caso el fin de las FARC, al que no han renunciado todavía, es la realización del socialismo en Colombia, lo que implica la destrucción de la democracia liberal en que vivimos. Hasta que las FARC no renuncien a este fin el conflicto con esta fuerza seguirá.

Otro lema que ha estado en mucha circulación, no solo en la prensa nacional, sino en la internacional, es que los pobres y los afectados por el conflicto votaron sí, y los ricos y los que no han sufrido el conflicto votaron no. No soy yo el primero en mostrar la falsedad de esta proposición. No hay una tendencia generalizada que lleve a esta interpretación. Hubo zonas -en las que para hablar con claridad, no el conflicto, sino los actores del conflicto, y principalmente las FARC como causantes del mismo- que han sufrido este accionar que votaron por el no. Así como zonas que no lo han sufrido y votaron por el sí. Esto lo dice hasta un artículo de La Silla Vacía. Pero hay otras fuentes que lo han analizado, como un artículo de El Tiempo que muestra que las zonas más pobres y a las que han llegado más los desplazados en Bogotá manifestaron una clara mayoría por el no.

El sociólogo alemán Niklas Luhmann hacía una distinción entre estados integrados ideológicamente y estados constitucionales. En los estados ideologizados existe una ideología de la cual se derivan todas las políticas públicas, siendo el factor jurídico sólo una herramienta administrativa para su realización. No existen límites procedimentales que impidan la implementación de una ideología pura. La ideología puede ser aplicada sin pasar por el filtro del derecho con la deliberación democrática. A la vez, esto lleva a que se modifique el orden jurídico sin respetar los procedimientos establecidos.

En Colombia estábamos a punto de que nuestra Constitución se viera destruida por la incorporación de unos acuerdos a nivel del bloque de constitucionalidad, sin pasar por el procedimiento preestablecido en ella. Iba a ser sustituida. Éste es otro elemento que demuestra el alcance de esta ideología de la paz que están usando el Gobierno Santos, las FARC, los medios de comunicación, profesores y estudiantes. De ahí que haya habido una marcha el 5 de octubre en la que participó una gran cantidad de personas. Pero no marcharon por la paz, sino por la ideología de la paz. Son presa de este reemplazo cognitivo.

En la medida en que este lenguaje ideológico se mantenga, un lenguaje que busca cambiar la percepción de la realidad para alterarla totalmente, no va a haber salida a este problema en que nos metieron el Gobierno de Santos y las FARC. Debe recuperarse un lenguaje crítico, honesto, analítico, que discuta claramente sin ideología esta situación de crisis política que estamos viviendo.

 

Jaime Luis Zapata es internacionalista de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Tiene orientación hacia la investigación, especialmente en análisis de estrategias militares y guerrilleras, así como en filosofía política. Actualmente desarrolla una investigación sobre la legitimidad de las Fuerzas Militares de Colombia.