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China, Vietnam y Laos: capitalismos de partido único que aprendieron del fracaso socialista

By: Escritor Invitado - Mar 27, 2017, 3:56 pm
(Fotonet) China - apertura
En China el Partido ha provisto fuertes liderazgos personales y sucesivos, que dieron continuidad al proceso de transición y apertura: Deng Xiao Ping desde 1978 a 1989; después Jiang Zemin hasta 2003 (Fotonet)

Por Alberto Mansueti

En sentido muy amplio, la expresión “economía de mercado” es redundante, porque toda economía lo es, las de mercado libre, de mayor apertura, y las de mercado limitado o restringido.

Y también la expresión “economía capitalista”, porque toda economía funciona con capital, las que practican el capitalismo para todos, y las que le ponen límites, sea en provecho de las oligarquías mercantilistas, o de las Nomenklaturas socialistas. En este sentido, el de los países comunistas es “capitalismo de Estado”, porque el capital existe, sólo que el Estado es su único propietario, y es controlado por las extensas burocracias dominantes en las oficinas del Gobierno y del Partido.

Sin embargo, en China, Vietnam y Laos, desde los ’80 hacen una “apertura” desestatizante. Pero las reformas económicas para democratizar el capital no se han acompañado de reformas políticas para democratizar el poder. La pregunta es: ¿habría podido hacerse esta apertura de otro modo?

Muchos analistas tienen una respuesta penosa: el dominio del Partido Comunista ofrece una base política estable, sin la cual las reformas económicas y la apertura comercial no se habrían concretado, o se habrían revertido al poco tiempo. ¿Y qué hay con los “derechos humanos”? Tal como se ven hoy en Occidente, van contra dos principios claves de la ética confuciana: trabajo duro y valores familiares.

(1) En China el Partido ha provisto fuertes liderazgos personales y sucesivos, que dieron continuidad al proceso de transición y apertura: Deng Xiao Ping desde 1978 a 1989; después Jiang Zemin hasta 2003; luego Hu Jintao hasta 2013; y ahora Xi Jingpin. Todos muy comprometidos con las reformas, y los mismos lineamientos. No fue así por ejemplo en Rusia, donde Gorbachov en los ‘80, Yeltsin en los ‘90, y luego Putin, no han tenido exactamente la misma agenda, y las reformas han sido mucho menores que en China.

En Vietnam y en Laos, dos países de la ex Indochina francesa, también el Partido comunista ha dado continuidad a las reformas, pero no con liderazgos personales sino colegiados. Y al igual que en China, no se pronuncia la palabra “capitalismo”, ni se habla de libre mercado. Para disfrazar las cosas, usan expresiones que nos suenan extrañas, pero la vieja jerga comunista típica ya es cosa pasada, y no fue sustituida por la neo-jerga “políticamente correcta” del marxismo cultural, como en América latina.

(2) En Vietnam se dice “Doi moi”, que se traduce por “renovación”. En 1976, tras la guerra de Vietnam y la reunificación del país, el Comité Central del Partido Comunista se expandió de 77 a 133 miembros, y el Politburó de 11 a 17, porque la membresía se duplicó de 760 mil personas en 1966 a 1.5 millón en 1976: el 3.1% de la población. En 1986 subió a los 2 millones; y las reformas se iniciaron ese mismo año 1986, dando paso al eufemismo de la “economía de mercado orientada al socialismo”.

En todos los países los partidos son vehículos de ascenso social, además de cumplir su papel natural como intermediadores y de ajuste continuo entre la oferta política, por un lado, es decir, las medidas y decisiones relacionadas con las funciones estatales, y por otro lado la demanda política, esto es, las necesidades de la convivencia social: orden, seguridad y justicia, infraestructura física. Esto es algo que los tercos seguidores de la fantasía “anarco-capitalista” rothbardiana se empeñan en ignorar y negar; pero no son vanas teorizaciones en el papel, son hechos duros, y realidades obstinadas.

En Vietnam es igual el proceso de apertura, sólo que no hay varios partidos, sólo uno. Sin embargo, ese Partido único legalizó primero y después incentivó la creación y desarrollo de empresas privadas, en base a mercados cada vez menos regulados. En los ‘90 muchas empresas estatales fueron privatizadas; y luego no volvieron a re-estatizarse, como fue en América latina al compás del “péndulo” político, que oscila entre los polos Neo-liberal y neo-comunista

(3) En Laos, tras una terrible guerra civil de 12 años, desde 1963 hasta 1975, los guerrilleros del Pathet Lao entronizaron un comunismo salvaje que tuvo la virtud de “vacunar” a la gente contra el socialismo. En 1989 comenzaron las reformas, dos años atrás de Vietnam, bajo la égida del PPR o Partido Popular Revolucionario, que introdujo lo que llamó “nuevo mecanismo económico”, NME.

 

Fue una agenda para atraer la inversión extranjera, reducir los servicios y los espacios estatales, privatizando varias empresas del Estado, e ir poco a poco legalizando las iniciativas comerciales de la gente. Y promulgando reglas de juego claras, estables y previsibles para los negocios privados.

Así Laos lleva una década, después de la apertura comercial, creciendo a 7 % anual, y ha cuadruplicado su ingreso anual per cápita en esos años. El Banco Mundial dice que será la economía de la región que más crecerá próximamente.

La transición ha gozado de relativa normalidad, explicaba el antropólogo e historiador australiano Grant Evans (1948-2014) en A Short History of Laos (“Breve historia de Laos”, 2003), porque “la mentalidad socialista no tuvo una penetración tan honda como en China y Vietnam” (o en América latina, yo agregaría …)

(4) La historia de Camboya es la más atroz del área; lo cual es decir mucho, en una región muy azotada por horrorosas calamidades políticas y militares. La guerra de Vietnam se libró en buena parte en territorio de Camboya. En 1975 comenzó el “genocidio camboyano”, con el Jhmer Rojo y su sádico jefe Pol Pot. Acabó en 1979 gracias a una invasión de Vietnam, pero hizo a Camboya un país satélite, bajo un comunismo algo menos sanguinario.

En los ’80 los choques facciosos llegaron a ser insoportables, y la ONU restauró la monarquía en 1991, pero con un modelo de múltiples partidos, el cual no funcionó, por lo que muchas reformas económicas se quedaron en meras intenciones.

(5) ¿Y qué pasa en Birmania, Malasia, Filipinas e Indonesia? Lo mismo que en América latina: no hay partidos fuertes pro desarrollo; luego, no hay desarrollo.

Lo expuesto, sobre todo a propósito de Camboya, no pretende justificar el “capitalismo de partido único”; sólo describirlo y explicarlo. He escrito otros artículos, referidos a otros países, sobre el mismo tema: contexto político de las reformas pro mercado, la vía al capitalismo liberal. Y los hechos demuestran, que para hacerse con éxito, y ser duraderas, las reformas requieren partidos políticos, y en lo posible “completos”, o sea, de cuatro dimensiones: ideológicos, representativos, programáticos y electorales; bien estructurados e implantados, y muy comprometidos con la transición. De otro modo, las reformas no se hacen, o son más tarde revertidas, como en nuestra América.

(1) En países con sistemas multipartidistas, al menos un partido ha liderado la transición, por lo general a la cabeza de una alianza de varios partidos, expresiva de una coalición de opiniones e intereses en favor de las reformas y de la apertura. (2) En países con sistemas bipartidistas, la transición ha sido encabezada por el partido de la derecha; pero sin miedos, confusiones ni contramarchas. (3) En países con monopartidismo, nos guste o no, la transición no es democrática; la conduce el partido único, por la simple razón de no haber otro u otros. (4) Y en países con partidos débiles o todos socialistas, como en África y América latina, donde casi no hay partidos de derecha, hay que crearlos.

 

Alberto Mansueti es abogado, licenciado en Ciencias Políticas y maestro bíblico cristiano. Nació y creció en Argentina y ha sido profesor en universidades de Perú, Guatemala y Venezuela. Autor de varios libros, es presidente del Centro de Liberalismo Clásico para América Latina y secretario ejecutivo del Foro de Cochabamba. Lo pueden seguir en Twitter bajo @MansuetiAlberto.

Diputado venezolano con pasaporte anulado se “escapa” de Maduro para asistir a reunión de OEA

By: Sabrina Martín - @SabrinaMartinR - Mar 27, 2017, 3:36 pm
luis florido

Luis Florido, el diputado venezolano al que le fue anulado su pasaporte, logró salir del país "por los caminos verdes" para poder presenciar en Estados Unidos la sesión en la OEA donde se discutirá la crisis en Venezuela y la aplicación de la Carta Democrática. A través de su usuario en la red social Twitter, Florido señaló que “su pasaporte está imposibilitado solo en Venezuela y que cuenta con el documento para viajar, aunque en el país le dicen que está anulado”. https://twitter.com/LuisFlorido/status/846335838325805058 El diputado informó que salió del país rumbo al Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos. Florido tiene desde el 27 de enero de 2017 su pasaporte anulado sin explicaciones por parte del gobierno y manifestó a través de un video que salió por la frontera con Colombia. Lea Más: Régimen venezolano anuló el pasaporte de otro parlamentario opositor Lea Más: Comienza una semana crucial para la aplicación de la Carta Democrática a Venezuela “Iremos a la OEA para reforzar la aplicación de la Carta Democrática al régimen de Nicolás Maduro, pedir elecciones en Venezuela en igualdad de condiciones y solicitar la liberación de los presos políticos, así como también que se concrete la apertura del canal humanitario para el ingreso de alimentos y medicinas para nuestro pueblo”, declaró. El parlamentario asistirá este martes 28 de marzo a la reunión del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington, Estados Unidos para considerar la situación de Venezuela. googletag.cmd.push(function() { googletag.display('div-gpt-ad-1459522593195-0'); }); La reunión fue convocada por petición de las delegaciones de Argentina, Bahamas, Barbados, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Costa Rica, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, Jamaica, México, Panamá, Paraguay, Perú, Santa Lucía y Uruguay. En el debate se abordarán las posibles medidas de presión para que Maduro fije un calendario electoral en Venezuela, y libere a más de 110 políticos presos. En un comunicado divulgado este lunes por su Cancillería, el gobierno de Nicolás Maduro denunció “un plan intervencionista” conducido por un grupo de países de la organización, en especial por la nación norteamericana, y por el “desmedido e ilícito comportamiento del Sr. Luis Almagro”, secretario general de la OEA. Fuente: El Estímulo 

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