La casa de Esthela y la dantesca lógica de la dictadura cubana

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Esthela
«Cuando llueve, toda la casa se moja, la cama, todo se moja, y así tenemos que dormir mi hijo de 12 años que es epiléptico, y yo, o mejor dicho, intentar dormir».

Por Nelson Rodríguez Chartrand

La dictadura cubana ha superado en inteligencia a todos los regímenes tiránicos, totalitarios, fascistas y dictatoriales que han existido a través de toda la historia contemporánea, a tal punto  que hoy muchas personas incluso dentro de la isla siguen creyendo (aunque cada vez en menor grado) en la virtud, justeza y humanidad de los dictadores, albergando la idea  que los cubanos vivimos en una apacible isla, felices y orgullosos de sus gobernantes. Claro está, que para ganarse tal condición, los dictadores se han agenciado de los más crueles medios y métodos que mente humana haya concebido.

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Hoy vengo a mostrarles tan sólo una de las tantas calamidades que los Castro dictadores han traído a su pueblo, a través de una mirada por el interior de Cuba, esa Cuba que sus gobernantes pretenden a toda costa ocultar, apaleando y condenando a largas penas de prisión a los que como yo, desenmascaran con la fuerza de la palabra justa, la realidad dantesca que vive el pueblo cubano, en contraste con la vida opulenta de los dictadores, sus elegidos y familiares. Eso es, les ilustraré a través de un caso del que tuve conocimiento hace apenas unas horas, que muy bien podría servirles de referencia para que tengan una idea auténtica de cuál es la difícil situación habitacional y el desamparo legal que enfrenta hoy, la familia cubana.

«El Estado trabaja por lograr que no haya familia que no tenga una vivienda confortable». Éste es el deshonesto discurso mediático que los dictadores han utilizado desde siempre para presentar al mundo una buena imagen distorsionada de sus gestiones e intenciones para con su pueblo, y de esta manera, tratar de justificar, lo injustificable de su afán de permanencia en el Poder.

¿No cree usted que más de medio siglo con los mismos gobernantes controlándolo absolutamente todo, los bancos, el mercado de trabajo, las fábricas, el comercio, las industrias y hasta la voluntad de los cubanos, no es suficiente como para que las familias cubanas tuvieran hoy, al menos, una vivienda decente y confortable para disfrutar y ofrecerle a sus hijos, como la tienen la muy selecta élite de poder, sus elegidos y familiares? Sin embargo, esto no es así, lo que demuestra la ausencia total de voluntad política de los gobernantes cubanos de garantizar el bienestar del pueblo, así como la incoherencia de sus discursos.

En la tarde de ayer, recibí una llamada telefónica de una desconocida, en la cual me suplicaba desesperadamente denunciara la terrible situación por la que estaba atravesando, y sin pensarlo dos veces me dirigí al reparto Mantilla en el municipio capitalino de Arroyo Naranjo.

Allí me recibió, con una mirada atormentada, pero que a la vez pude percibir una sincera tristeza y agradecimiento infinito por mi presencia.

Ya en el interior de la vivienda supe de inmediato de qué se trataba. Una vez más tendría que denunciar al mundo y dejar constancia en la historia, esa que se esconde en el corazón de los cubanos, la condición infrahumana en que viven gran parte de las familias cubanas.

Una vivienda que a primera vista da la sensación de que con una ligera brisa se vendría abajo, con más del cincuenta de la cubierta en muy malas condiciones.

«Cuando llueve, toda la casa se moja, la cama, todo se moja, y así tenemos que dormir mi hijo de 12 años que es epiléptico, y yo, o mejor dicho, intentar dormir»- me dijo Esthela María Gómez Herrera mientras me dedicaba a tomar las primeras fotos de evidencias.

«Mi hija Gretter, de 7 años de edad, tuve que confiarla con el dolor de mi alma al cuidado de su abuela paterna, pues con su problema de retardo mental que presenta, le ha hecho gran rechazo a la casa, si se le puede llamar casa a esto», me comentó la madre con gran angustia mientras me mostraba una foto de su niña.

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Pero lo peor del caso es, que Esthela nada puede hacer al respecto. Hace ya algunos años solicitó ayuda al delegado del Poder Popular de su barrio, y ahí fue cuando comenzó la odisea.

El representante del pueblo la envió a la Dirección Municipal de la Vivienda para que le iniciaran los trámites para la reparación de su vivienda y asombrada se quedó con la respuesta que le dieron los funcionarios de esta institución del Estado: » A usted no se le puede iniciar un expediente para la reparación de su vivienda, por no ostentar la titularidad de la misma».

Así mismo señores, en Cuba, por ejemplo, hay miles de familias que viven en barrios residenciales, como Miramar, partes del Vedado, reparto Flores, Atabey y muchos otros, clasificados como Zonas Especiales o Congeladas. Estas familias por lo general eran sirvientas de los dueños originales que al triunfo de la revolución satánica de 1959, abandonaron el país.

Hoy todas esas viviendas pertenecen al Consejo de Estado, es decir, propiedad de los dictadores, por lo que a dichas familias, a pesar de tener viviendo en ellas más años de los que tienen éstos en el poder, no se les ha permitido adquirir en propiedad y por lo tanto, como en el caso de Esthela, no han podido repararlas, venderlas ni permutarlas. Muchas de estas viviendas ya son pocilgas devastadas por el transcurso del tiempo.

Pero bien, continuemos con el caso de Esthela.

Ante esta disyuntiva, Esthela presentó de inmediato la solicitud para iniciar los trámites de legalización de la vivienda que por derecho propio le pertenece, por haber sido ésta propiedad de su padre ya fallecido.

“Se me vino el mundo encima cuando la funcionaria me comunicó que no podía obtener la propiedad de mi vivienda por no reunir los requisitos de habitabilidad establecidos en las leyes», me comenta Esthela insultada.

Así es señores, las leyes en Cuba, diseñadas e impuestas por los dictadores, tienen como finalidad última hacer de la vida de los cubanos el infierno que es.

Así las cosas, por una parte Esthela no ha podido reparar su vivienda por no tener la propiedad de la misma, y por la otra, no puede adjudicarse la propiedad que por derecho propio le pertenece, por encontrarse la vivienda en mal estado técnico y no reunir, por tanto, el requisito de habitabilidad requerido en las leyes.

Ya no sabe a cuántas instituciones del Estado se ha dirigido solicitando ayuda, obteniendo siempre como respuesta, el silencio y la indiferencia.

«No puedo obtener el título de propiedad de mi vivienda, no puedo repararla, venderla, permutarla ni regalarla que es mucho decir», me dice la mujer.

Repararla por su cuenta pudiera ser una solución en cualquier parte del mundo, pero en Cuba, quien lo haga, sin la autorización del Estado, está propenso a ser multado con sumas que pudieran llegar hasta 1500 pesos (USD $1.500,00), dinero que Esthela no posee, por lo que correría el riesgo además, de ir a la cárcel por concepto de impago de multas.

Así las cosas señores, Esthela se encuentra en un estado de indefensión total.

«¿Usted cree que pueda hacer algo por mí?», me preguntó Esthela cuando propuse la despedida, suplicando en su mirada una respuesta esperanzadora. Me detuve, le miré a los ojos, le di un beso en su mejilla y ya en la calle le dije: «Quien sabe Esthela, quien sabe».

Me marché sin mirar atrás a pesar de sentir el peso de su mirada. Sólo un pensamiento me acompañó durante todo el trayecto a casa: “El Estado trabaja por lograr que no haya familia que no tenga una vivienda confortable».

Nelson Rodríguez Chartrand es conferencista, cofundador de la Biblioteca Libertaria Benjamín Franklin, y abogado graduado pero impedido de ejercer por el régimen en Cuba.

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