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Venezuela debe regresar a la constitución de 1811 para vencer a la constituyente castro-comunista

Por: Escritor Invitado - Jul 30, 2017, 11:44 pm
Venezuela
A Venezuela solo le queda una esperanza: una nueva clase política emergente tanto en valores y principios como en ideología. (Twitter)

Por Enio Daza

Amanecimos hoy domingo 30 de julio de 2017 y la asamblea constituyente castro-comunista, como nos lo habían prometido los pseudolíderes de la oposición, no la pararon.

Hoy #30J marca la victoria de un proyecto político perverso de dominio social, saqueo sistemático y destrucción nacional que se puso en marcha hace 18 años: el plan nacional Simón Bolívar. También marca el rotundo fracaso, y espero que el final definitivo, de una oposición política rentista, reumática, populista y demagoga que no supo o no quiso enfrentarlo.

18 años intentado maromas y acrobacias institucionalistas ante una tiranía que nunca ha creído en las instituciones republicanas (recordemos que nació de un golpe de Estado) y una genuflexión y sumisión vergonzosa ante el caudillo castrista. No solo nunca creyeron estos “líderes” de oposición en los principios básicos del derecho natural a la rebelión y la legitima defensa, sino que fueron activos, sofocando las grandes protestas civiles, moralmente justificadas de 2002, 2004 y 2014 que bien pudieron parar en seco este proyecto liberticida.

La Venezuela que todos conocimos se perdió. Cocinado a fuego lento a partir de 1957 en los ideales del colectivismo, el misticismo y el altruismo, el principio de Estado docente y del Estado como fuente “moral” de beneficencia y rector de la economía, finalmente colapsó secuestrado por un proyecto narcoterrorista de izquierda y de proyección regional.

Se perdió desde el momento en que el primer político de la cuarta república comenzó a ofrecer láminas de zinc a los pobres para techar sus ranchos y gasolina subsidiada a la clase media para operar sus recién adquiridos vehículos y estos, dejando a un lado todo vestigio de moral y decencia, aceptaron gustosamente. Murió también cuando los políticos de la recién recuperada democracia comenzaron a tener apetencias y simpatías casi orgásmicas por la revolución cubana.

A Venezuela solo le queda una esperanza: una nueva clase política emergente tanto en valores y principios como en ideología. Que haga del individuo/ciudadano su punto de origen político y comience a gestar en Venezuela un renacimiento de ideas y convicciones.

Ya existe insumo humano para ello. Se viene acumulando desde los primeros libros de ese ilustre gran intelectual liberal que fue Carlos Rangel; el liderazgo político de Renny Ottolina y la creación del think tank criollo CEDICE; desde la experiencia autonomista de Rumbo Propio en el estado de Zulia de la mano de Alberto Mansueti y Néstor Suárez; desde la creación del Movimiento Demócrata Liberal y la propuesta Autonomista/Secesionista de Marcos Polesel y Ebber Flores; desde el trabajo académico de los profesores Hugo Farías, Alexander Guerrero y Guillermo González y desde el nacimiento de innumerables movimientos liberales/libertarios que nacieron y murieron, tratando de hacer frente a la tiranía de Chávez/Maduro y su oposición colaboracionista de izquierda, a pesar del bloqueo mediático de la prensa concesinoista, tanto de la cuarta como de la quinta. Solo se necesita que finalmente nos unamos y participemos.

 

Comencemos desde ya a redactar una nueva constitución libertaria

A este bodrio castrista/comunista que se comienza a redactar hoy solo podemos hacerle frente redactando su antítesis: una constitución libertaria/capitalista y uniéndonos en torno a ella como palabra suprema y guía espiritual, política y estratégica. Démosle simbología y ritualismo, tal como lo hacen los creyentes con sus doctrinas. Cultivémosla y practiquémosla al margen de lo que nos quiera imponer la tiranía, aprendamos del pueblo de Israel que se mantuvo unido a pesar de la persecución y no contar con territorio propio, gracias a su Torá. Incorporemos en esta gesta al ciudadano cubano, oprimido ya desde hace 60 años por los mismos criminales que nos quieren oprimir hoy a nosotros. Son los ciudadanos cubanos nuestros hermanos y aliados naturales en esta lucha y cuentan con un gran conocimiento acumulado del enemigo. Incorporemos a todo latinoamericano que se quiera sumar a este proyecto y quiera hacer su aporte. Hagamos de Venezuela el origen de este movimiento renacentista y al igual que la gesta de independencia de Bolívar y Miranda, asegurémonos que haga eco en el resto de latinoamérica.

Regresemos a la Constitución Federal de los Estados Unidos de Venezuela de 1811. Abracemos nuevamente su constitución y con la mística y convicción de Juan Germán Roscio y Cristóbal Mendoza, inspirados a su vez en Juan Bautista Picornell, Gual y España, Francisco de Miranda, Simón Bolívar, en la Revolución Francesa y en los padres fundadores de los Estados Unidos de América. La única constitución en Venezuela redactada por ciudadanos para ciudadanos y no por el caudillo de turno y para su estabilidad y permanencia en el poder.

Tomemos toda la experiencia política acumulada desde entonces, adaptémosla a nuestro contexto histórico y sobre ella unámonos y demos nacimiento a la nueva y verdadera ¡República ciudadana de Venezuela!

Organicemos para refundar la nueva república, reformando la constitución ciudadana de 1811, sobre el pensamiento de Carlos Rangel, Huerta de Soto, Ayn Rand, von Mises y Hayek, y por qué no, de Rothbard y Hans Herman Hope. Y de una vez hago mi aporte sugiriendo un primer artículo que rece: “La soberanía reside en el individuo. Este será tanto beneficiario como responsable absoluto de sus actos ante sí mismo y ante los demás”.

Honremos a los jóvenes caídos y todos los secuestrados en las protestas desde el 2002 con esta nueva constitución, ofrezcámosla a los guerreros de franela como plataforma y piso para que sientan y visualicen la razón de la lucha. Acudamos sin complejos a los mismos aliados que acudió bolívar por ayuda para vencer al enemigo: Inglaterra y los Estados Unidos de América…

hasta que logremos todos, nuestra amada ¡libertad!

Este artículo se publicó originalmente en Liberales Por Venezuela.