El colapso de los candidatos independientes en México

13
candidatos independientes
Los ciudadanos efectivamente desconfían de los partidos y desprecian a la clase política. (Twitter)

Por Gerardo Enrique Garibay Camarena*

Ok, estuvo padre la idea como para fantasear un rato y parecía tener potencial. A muchos nos atraía la perspectiva de un esquema de participación electoral que rompiera el monopolio de los partidos y alentara una mayor diversidad y calidad en las propuestas de los candidatos. Seamos sinceros, a todos nos agradaba de los candidatos independientes. Seamos sinceros, simplemente no cuajó.

La figura de los candidatos independientes fue impulsada desde hace años a través de la la presencia mediática de figuras como Jorge Castañeda, pero solo irrumpieron en el escenario político en 2015, respaldados por el éxito de campañas de gran peso simbólico: la de Kumamoto para diputado local en Jalisco, la de Clouthier para diputado federal por Sinaloa y la del Bronco para gobernador de Nuevo León. Estos personajes nos convencieron de que era posible competir y ganarle a los partidos sin tener el respaldo de una estructura permanente.

Como el 3D en las salas de cine, los independientes prometían una experiencia interactiva y novedosa, pero también como el 3D resultaron más de forma que de fondo y acabaron mareando al auditorio. Para muestra basta un botón: en las elecciones de este año se registraron 270 candidatos independientes en todo el país, solo 6 ganaron, todos a nivel municipal.

¿Por qué? Porque el escenario de los independientes se llenó muy rápido de una mezcla malsana de partidócratas caídos en desgracia y activistas con más vanidad que respaldo. Lo mismo está pasando de cara al 2018, donde los aspirantes al Gobierno de la Ciudad de México nos ofrecen un ejemplo de ambas variantes: Luege, el expanista que hace mucho pasó sus mejores tiempos, y Ana Lucía, la representante del movimiento “Ahora”, cuyo perfil se basa (en serio) en que ha caminado en la ciudad. Tanto ellos como nosotros sabemos que sus candidaturas son un simple ardid publicitario, choteo pues.

El mismo cuento se repite entre los aspirantes a la presidencia de la República.

El INE recibió cerca de 100 solicitudes para convertirse en candidatos independientes, de las cuales 48 cumplieron los requisitos y comenzaron hace unos días a reunir las más de 860.000 firmas que necesita cada uno para aparecer en las boletas del 2018. Hace un par de díasla autoridad electoral dio a conocer los resultados de la primera semana de recolección de firmas, y los números no podrían ser más patéticos.

Juntos sumaron el respaldo de apenas 27.000 personas, y eso que la lógica indica que en esa primera semana fue donde recibieron el apoyo de su “voto duro”. Margarita Zavala, con todo el respaldo que presume en las encuestas, reunió tan solo 13.000 firmas. A este paso le tomaría poco menos de un año y medio llegar a la cifra que pide a la ley, el problema es que solo tiene cuatro meses y necesitaría cuadruplicar el promedio de firmas por día para cumplir antes de la fecha límite del 12 de febrero de 2018.

 

Si lo de Margarita está en chino, las aspiraciones de los demás han colapsado de forma tan dramática que resulta casi increíble: María de Jesús Patricio Martínez, del EZLN, obtuvo tan solo 4.200, a pesar de las décadas de trabajo de los zapatistas para consolidar una estructura de apoyo social tanto en Chiapas como en el resto el país. Ríos Peter, el independiente de la izquierda que tiene a su favor el hecho de ocupar un escaño en el Senado, no llegó ni a las 3.000. El Bronco, actual gobernador de Nuevo León, no convenció de apoyarlo ni a los trabajadores de su administración y sumó apenas 2.600. Más abajo parece Ferríz de Con, sumando poco más de 2.000 firmas, y los demás no llegan ni a las 250.

Una vez más, seamos sinceros, los números son tan indiscutibles que debemos aceptar que el modelo y las esperanzas de los independientes son un fracaso. Los ciudadanos efectivamente desconfían de los partidos y desprecian a la clase política, pero también desconfían de aquellos que siendo parte de esa clase política se quien disfrazar de algo distinto.

Por supuesto, no faltarán los pretextos: que si la aplicación falla, que si la ley les exige demasiadas firmas, que si la mafia del poder y la manga del muerto. Sin embargo, aún aceptando que 860,000 firmas suena un poco exagerado, el hecho es que simplemente no tienen cara para alegar, pues al paso que van no llegarán 800.000, ni a 500.000, ni a 300.000, ni a 100.000, en especial considerando que en esta primera semana seguramente recibieron la mayor parte de su respaldo real.

Quizá alguno de esos 48 auspirantes dé la sorpresa y mágicamente sume los apoyos suficientes, pero lo hará con el respaldo subrepticio de la estructura de algún partido político, de tal forma que, de llegar a la boleta, el independiente no será una amenaza, sino un peón de la partidocracia. Y la gente se va a dar cuenta.

El colapso de los independientes que hemos presenciado en los últimos días nos deja una clara, dolorosa y necesaria elección: el mecanismo de las candidaturas independientes, en las circunstancias actuales, es legal, pero no es viable.

En México las elecciones seguirán siendo un juego de partidos. Lo serán porque así lo quiere la gente con sus actos, aunque lo condene con sus tuits.

Por cierto…

Mea culpa: yo pensaba que Zavala y el Bronco tendrían la fuerza para ser competidores reales. Sus números concretos, los de las firmas, nos han demostrado lo contrario y nos recuerdan que las encuestas son pura fantasía.

*Gerardo Enrique Garibay Camarena es alumno del Doctorado en Derecho de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla.

Comentarios