México: ¿peor que nunca?

 Así lo dicen con mal disimulada alegría “expertos”, políticos, quejumbrosos profesionales y amateurs. Pero no es cierto.

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Mexico: ¿peor que nunca? (Twitter)

Por Gerardo Enrique Garibay Camarena

México está peor que nunca, sumido en la crisis más grave de su historia, ahogado en un mar de violencia nunca antes visto, con un porcentaje de pobreza que se eleva incesantemente y sumerge a las ciudades en escenas de marginación que antes hubieran sido impensables. Así lo dicen con mal disimulada alegría “expertos”, políticos, quejumbrosos profesionales y amateurs. Pero no es cierto.

De hecho, la verdad es justo la opuesta. Basta una cucharada de sentido común y una mirada a la historia para comprobar que en todo caso sería más cierto afirmar que, por el contrario, México está mejor que nunca.

Sin embargo, la sociedad mexicana es particularmente pesimista respecto a su situación actual, al grado de que un estudio publicado en diciembre del año pasado por el Pew Research Center arrojó que un 68 % de los mexicanos cree que se vivía mejor en 1967 y sólo un 13 % afirma que la vida es mejor en la actualidad, y esa percepción trágica se refrenda constantemente en redes sociales, debates políticos y diálogos familiares.

La pregunta es ¿por qué?

En parte se debe al funcionamiento de nuestro cerebro: los seres humanos estamos diseñados para enfocarnos en las memorias más felices de nuestro pasado, y además la certeza de saber lo que sucedió ayer es comparativamente más cómoda que el estrés provocado por la incertidumbre actual. Sin embargo, eso solo explica la mitad de la historia.

Detrás de la otra mitad del pesimismo desbordado se encuentra una estrategia de manipulación política, con el objetivo claramente definido de convencer a las personas de que rechacen las transformaciones institucionales impulsadas a lo largo las últimas décadas y respalden nuevamente a los grupos de poder y los paradigmas del viejo PRI, ahora disfrazado de izquierda.

Sólo así se explica la flagrante deshonestidad intelectual, por ejemplo, del estudio publicado hace unas semanas por la UNAM afirmando que en 1987 bastaban menos de cinco horas de trabajo para adquirir la canasta básica, y que en cambio hoy se necesitan más de 24 horas. Cualquier persona que tenga más de 35 años recordará que México en 1987 no era una utopía de desarrollo en la que un trabajador con salario mínimo comiera a llenar y además adquiriera toda la canasta básica trabajando medio tiempo.

El mensaje que transmite (con toda mala fe) ese panfleto del Centro de Análisis Multidisciplinario de la UNAM es que los trabajadores están hoy proporcionalmente seis veces peor de lo que estaban en 1987, justo en el momento culminante de la larga crisis económica la década de los ochentas. Simplemente falso.

Más o menos la misma tonada cantan los coros que denuncian que ha aumentado la pobreza en México, comparando para ello las espurias cifras del gobierno mexicano en la época dictatorial del PRI, con las mediciones actuales del Coneval (producto de un análisis mucho más estricto y que contemplan la pobreza como un fenómeno multidimensional, mucho más allá de la sola falta de alimentos). Para decirlo claro, si hubiéramos analizado la realidad de México en 1967 usando las herramientas actuales, la pobreza hubiera sido mucho mayor a la actual.

Entonces, si no podemos confiar en el perezoso expediente de comparar el puro numerito de los reportes gubernamentales de pobreza, ¿cómo afirmar que de hecho la situación está mejor ahora que nunca en la historia?

Fácil, recurriendo a los datos que se refieren directamente a aquellos elementos que tradicionalmente consideramos como reflejo del progreso económico: por ejemplo: disponer de un vehículo, tener acceso servicios de salud, a servicios públicos como drenaje, agua potable y luz eléctrica, consumir productos considerados para clase media o media alta, y tener acceso al sistema bancario. En todos estos ámbitos es claro el avance.

  • Empezamos con los coches. De acuerdo con datos del Inegi, el parque vehicular pasó de 5.7 millones en 1980 a 42.9 millones en 2016. Es decir, que actualmente hay 800 % más vehículos. Millones de familias que antes dependían sólo de la bicicleta o del camión hoy tienen un coche propio, lo que de hecho ha provocado nuevos desafíos en materia de infraestructura vial.
  • En materia de salud de los avances son incluso mayores. En 1967, cuando según la percepción de las encuestas “vivíamos mejor que ahora” la tasa de mortalidad infantil en bebés era de un 8.4 %, hoy es de apenas el 1.2 %; la esperanza de vida pasó de 60 años en 1967 a más de 76 años en 2016; el porcentaje de niños con bajo peso se redujo de un 13.9 % en 1990 a prácticamente nada en 2016; todo ello de acuerdo al Banco Mundial.

A esto hay que añadir (más allá del debate sobre si la salud debería o no estar en manos del gobierno) la cobertura del Seguro Popular, con más de 53 millones de afiliados, que antes no podían cotizar en el IMSS o en el ISSSTE, y por supuesto el maravilloso sistema de consultorios gratuitos (o casi gratuitos) anexos a miles de farmacias privadas en todo el país, así como el acceso a medicamentos genéricos, que han permitido reducir enormemente el costo del tratamiento privado de enfermedades.

  • Por lo que se refiere a los servicios públicos, la cobertura de energía eléctrica pasó de un 94 % en 1990 a más de un 99 % en 2014, la de agua potable se elevó de un 78 % en 1990 a 94.4 % en 2015 y la de alcantarillado brincó de un 61.5 % en 1990 a un 91.4 % en 2015.
  • En cuando a ingresos, el porcentaje de personas que viven con menos de dos dólares al día se redujo de 9 % a 3 % entre 1990 y 2016; en ese mismo periodo el porcentaje de ingresos obtenido por el 20 % más pobre de la población aumentó en una quinta parte, de 4 % a 5.1 %.

A estas cifras hay que sumarle la evidencia ante nuestros ojos: Los centros comerciales se han multiplicado no sólo en la capital, sino en ciudades grandes y medianas. tan sólo la ANTAD tiene registro de 5,410 tiendas de autoservicio, 2,307 departamentales y 43,992 especializadas, con más de 27 millones de metros cuadrados de piso de venta.

A tiros y jalones, pero la economía ha crecido en forma constante desde 1996 y ciudades que antes tenían sólo un pequeño mercado hoy tienen varios centros comerciales de gran tamaño que ofrecen marcas internacionales y que están repletos incluso cuando no es día de quincena. Evidentemente millones de personas que hace 50 o 30 años no habrían podido comprar ahí, ahora sí están consumiendo.

  • Cerramos con el acceso a los servicios bancarios. Durante muchos años este ha sido uno de los puntos pendientes de la modernización económica de México. Sin embargo, hay elementos para señalar que la situación está mejorando: De acuerdo con la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera 2015, ese año un 68 % de los adultos contaban al menos con un producto financiero, un marcado incremento respecto al 56 % del 2012.

Pero entonces, ¿esto implica decir que la situación es maravillosa?

Quienes manipulan la percepción para hacernos creer que todo está “peor que nunca” tratan también de encerrarnos en un callejón sin salida, alegando que si rechazamos su visión catastrófica negamos que sigan existiendo problemas. Es lo que se conoce como falacia del falso dilema, en la que se plantean sólo dos opciones posibles, sin considerar la alternativa.

La alternativa es entender que, aunque siguen existiendo problemas, la situación ha mejorado en términos generales.

¿Que existe pobreza? Por supuesto que sí, pero era mucho peor en 1980 o 1967, cuando millones de personas no sólo enfrentaban la falta de recursos económicos, sino también de agua potable, de luz eléctrica, de servicios médicos básicos y de acceso a oportunidades elementales de educación y de empleo.

Efectivamente siguen existiendo partes del país, particularmente en zonas serranas, donde los niveles de pobreza son lacerantes, pero no debemos cometer el error de tomar el caso extremo como si fuera la regla, tampoco debemos pecar de ingenuos al comprar el discurso catastrófico sin dedicarle un poco de atención a entender su objetivo.

Además, si en serio queremos facilitar condiciones que permitan seguir avanzando en beneficio de los más pobres, es indispensable hacerlo partiendo de bases firmes, basadas en datos que tengan el respaldo de la experiencia práctica, y de principios políticos claros: libertad de acción y asociación, respaldo voluntario y subsidiario, preferentemente desde la propia sociedad. Especialmente es necesario perseverar en la eliminación de las cadenas caciquiles y corporativistas, que durante décadas han mantenido a millones de familias bajo el oprobio de la marginación.

¿Qué quieren los que nos dicen que todo está peor que nunca?

Quienes nos dicen que todo tiempo pasado fue mejor pretenden justamente convencernos de regresar a ese, su pasado: al México de la economía controlada centralmente por el Estado, es decir por las burocracias y los grupos de poder que hoy se quejan amargamente de haber perdido sus privilegios: sindicatos, mafias del viejo PRI, académicos que anhelan empresas paraestatales donde meter mano, etc.

Ellos sí están “peor que nunca.”

 

 

*Gerardo Garibay es editor de Wellington.mx, autor de los libros Sin Medias Tintas y López, Carter, Reagan, analista y profesor universitario.

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