La ayuda humanitaria, sin custodia, no es ayuda

La experiencia internacional indica que no es posible llevar un cargamento humanitario a ningún lado sin custodia militar.

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El mundo ya vio qué sucedió cuando se intentó ingresar ayuda humanitaria sin custodia militar.
(Foto: EFE)

Por Luis Manuel Aguana*

“Por Dios amigos del Grupo de Lima una verdadera intervención humanitaria involucra el acompañamiento de fuerza militar si realmente se quiere lograrla. Así hicimos en Bosnia durante nuestra presencia en Consejo Seguridad ONU”, dice en Twitter el ex embajador ante la ONU, Diego Arria, al Grupo de Lima. Entonces yo me pregunto, ¿qué pretendía entonces la dirigencia política al enviar personas desarmadas a recibir y distribuir esa ayuda? ¿Estaban llevando irresponsablemente al matadero a civiles creyendo que unos asesinos dejarían pasar la ayuda mansamente? ¿O ese mensaje “la ayuda humanitaria entra sí o sí” era un bluff  irresponsable de Guaidó?

En cualquier caso, suponiendo que la parada ya era pública y no se podía echar para atrás, todos los venezolanos creímos que se tenía claro de que si la cosa era “sí o sí”, se tendría el respaldo necesario para que la ayuda llegara a su destino, independientemente de cualquier cosa que pasara. Pues pasó lo que pasó: asesinaron pemones y a la gente que pasó con los camiones, aterrorizaron y aún aterrorizan a las poblaciones fronterizas con Colombia y Brasil, y quemaron los camiones con medicinas y alimentos.

Entonces, tengo que llegar a la conclusión de que la vaina era improvisada e irresponsable al dejar a su suerte y bajo la amenaza de unos asesinos, la entrega de esa carga tan importante y valiosa, que debía pasar por innumerables alcabalas y caminos inseguros para llegar a su destino. ¿Era que pensaban que caería el régimen al pasar los camiones y que los asesinos se quedarían en sus casas cuando fue el mismo Maduro el que anunció que enviaría a sus matones? De allí la afirmación de Arria: «una verdadera intervención humanitaria involucra el acompañamiento de fuerza militar si realmente se quiere lograrla».

En otras palabras, la experiencia internacional indica que no es posible llevar cargamento humanitario a ningún lado sin custodia militar. No se trata de que esos militares vengan a tumbar a Maduro ni a nadie. Vienen a custodiar un cargamento de alimentos y medicinas para que no ocurra lo que ocurrió en el Puente Santander o lo que le ocurrió a los Pemones en Santa Elena de Uairén: vienen a proteger la carga y a quienes la reciban.

Y, en consecuencia, para que esa carga venga adecuadamente custodiada, debe permitirse la entrada de misiones internacionales armadas de ejércitos amigos, que, repito, no vendrían a tumbar a nadie sino a custodiar el embarque precisamente de esas hordas asesinas que causaron toda la tragedia del 23 de febrero.

Ahora bien, independientemente de la torpeza, planeada o no, de la dirigencia política opositora venezolana, si después de haber visto todo lo que sucedió en vivo y en directo desde Cúcuta, los cancilleres en representación del Grupo de Lima o de cualquier otro país de la comunidad internacional, insisten en que el régimen pacíficamente permitirá otro intento de introducir ayuda a un pueblo que se muere en los hospitales y de hambre en las calles, entonces es perfectamente exigible a ellos la responsabilidad de proteger (R2P) porque ellos saben de cierto que el gobierno del país no esta protegiendo a su población, tenemos entonces el derecho a solicitarla en virtud que todos ellos firmaron en 2005 estar “dispuestos a adoptar medidas colectivas de manera oportuna y decisiva (…) si los medios pacíficos resultan inadecuados y es evidente que las autoridades nacionales no protegen a su población del genocidio, los crímenes de guerra, la depuración étnica y los crímenes de lesa humanidad”.

Si tienen dudas de ello, que le pregunten a los pemones del estado Bolívar o a las poblaciones fronterizas de Ureña y San Antonio del Táchira. Es por esto que la ayuda humanitaria que necesitamos desesperadamente debe venir custodiada por un contingente armado de aquellos países que nos quieran ayudar. ¡Punto!

Tan conscientes estábamos de esta situación, que para que esa ayuda humanitaria pudiera darse era necesario que la Asamblea Nacional autorizara “el empleo de misiones militares extranjeras en el país” tal y como reza el Artículo 187, numeral 11 de la Constitución vigente. Un grupo de venezolanos pertenecientes a la Alianza Nacional Constituyente Originaria (ANCO), asistidos por el Dr. José Vicente Haro, propuso y envió directamente a la Fracción 16J de la Asamblea Nacional, antes de su sesión del 19 de febrero, un borrador de acuerdo para que fuera considerado en el seno del parlamento para autorizar esa misión extranjera en el país antes del 23 de febrero de 2019.

Lamentablemente, esta propuesta fue desestimada por el mencionado organismo el mismo día de su presentación, aprobando en su lugar un “acuerdo para la autorización de ingreso al país de la ayuda aumanitaria”, sin tomar en cuenta este aspecto fundamental para asegurar que esa ayuda pudiera efectivamente entrar de manera segura al país. Esta propuesta fue realizada sin otro interés que el de colaborar con el país y para que los diputados tomaran la decisión correcta, cosa que lamentablemente no ocurrió, y por eso lo doy a conocer públicamente.

No entro a calificar si fue irresponsable o no la decisión de los diputados de aprobar un acuerdo que no considerara la autorización de una misión militar extranjera para la custodia de la ayuda humanitaria –ellos sabrán porqué lo hicieron-, pero lo que sí creo es que no se le pueden crear falsas expectativas a un pueblo hambriento y muriéndose en los hospitales para luego darle una excusa que ya conocemos perfectamente desde los sucesos de Puente Llaguno en el año 2002: que este es un régimen asesino capaz de cualquier barbaridad para mantenerse en el poder, como soltar a los presos de los penales y armarlos para agredir a ciudadanos inocentes. Eso ya en sí mismo es un crimen de lesa humanidad aplicable a todos aquellos funcionarios del régimen que participaron en eso.

Vistos los sucesos del 23F, la oposición oficial no puede seguir ofreciendo la entrada de ayuda humanitaria sin autorizar una misión militar extranjera que la custodie. Si la comunidad internacional no desea acompañar esa ayuda, será preferible que se quede afuera porque se perderá, así como las vidas de quienes se atrevan a introducirla a este país controlado por asesinos. Pero es indispensable que la Asamblea Nacional la autorice apegada a la Constitución. Si el régimen teme que esa misión militar extranjera venga al país para desalojarlos del poder, ese es su problema. Viene para asistir a los venezolanos que mueren a diario; y si se atreven a impedirlo habrá violencia armada pero de verdad,  ya no entre asesinos y gente desarmada como ocurrió el 23F, sino con militares profesionales internacionales altamente entrenados. Si vamos de nuevo y de verdad con la ayuda humanitaria, entonces la Asamblea Nacional tiene la palabra.

*Luis Manuel Aguana es analista político e investigador en Derechos Humanos

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